Sus arengas, al apasionado estilo de Adolfo Hitler, enardecían a las multitudes en los primeros meses, lo cual le servía de escudo protector para justificar todos sus crímenes e injusticias sin mayores consecuencias.
Como gobernante, era el más incapaz e ignorante que podría existir en nación alguna.
Como demagogo, manipulador, asesino, traidor, opresor y ladrón era, en cambio, un ser hábil y demoníaco, con depurada maldad, inescrupuloso, deshumanizado, vengativo y demencial…
La implacable maquinaria de la “chusma comunista” y las turbas de choque, aceleraron su ritmo tras la perfidia sufrida en Playa Girón por los valientes miembros de la “Brigada 2506” que desembarcaron para liberar a la patria de las garras de la incipiente tiranía y su voraz aplanadora, el 17 de abril de 1961. El inepto y cobarde Presidente Kennedy traicionó a los brigadistas al renegar de los planes originales, y les abandonó en las playas de invasión, regalándole así al sátrapa cubano una inmerecida y fácil victoria, y estimulando todavía más a la trulla comunista.
A partir de ese trágico evento, Cuba se despeñaría a ritmo acelerado, y el sufrimiento de su pueblo no tendría límites. Ahí comenzó también el éxodo masivo, tras las esperanzas perdidas.
El “Elfo del Mal” prosiguió “moliendo” a la nación. Suspendió, eventualmente, la celebración de las Navidades, alterando o eliminando otras costumbres cubanas muy arraigadas; tergiversó la Historia de Cuba y el Mundo a través de las nuevas instrucciones y libros de texto de la fingida “Revolución”; convirtió en “no-personas” a intelectuales, artistas y figuras públicas que no se plegaran a sus directrices, desapareciéndoles del estrado público y borrando sus trayectorias, ultimándolos en vida, otra de las inhumanas bajezas tan típicas de los repugnantes comunistas, odiadores de sus propios pueblos, y racistas fanatizados. La más ilustre de esas víctimas, la inolvidable luminaria internacional Celia Cruz, — que, al igual que otras, fue vetada en la nación cubana— declaró en Palmas de Mallorca, en uno de sus últimos conciertos allí, en el verano del año 2002, que los cubanos que más habían sufrido el comunismo eran los negros cubanos. “Fidel Castro es el mayor racista del mundo”—concluyó ella.
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl.







0 comentarios