A Camilo Cienfuegos, jefe del cuartel de Columbia en La Habana —el más importante de Cuba—, no podía intentar hacerle lo que les hizo a otros, y, por tanto, decidió “inventarle” un accidente aéreo, y luego montar un “show” en la televisión cubana pasando horas “informándole al pueblo sobre la búsqueda sin tregua de la avioneta perdida”. ¡El “Elfo del Mal” no tenía límites en su cinismo! Después, por supuesto, le convirtió en “héroe y mártir de la revolución”. (Algo así como las “Exequias de Estado” que Hitler le ofreció a Rommel, tras ordenar asesinarle con veneno).
Otros civiles que fueron amigos y compañeros suyos desde años anteriores, pero que no eran comunistas, sufrieron las mismas consecuencias de persecución y amenazas sin piedad alguna, como el Dr. Luis Conte Agüero, fallecido recientemente, quien, confiado en la larga amistad que les unió, trató de confrontarlo cívicamente, teniendo que correr a una embajada para salvar su vida tras denunciar en un programa de televisión el rumbo comunista que tomaba Fidel Castro, y sugerirle que rectificara el camino. Al salir de allí, ya le estaban esperando las numerosas turbas de choque fidelistas rápidamente movilizadas, con ofensas y gritos de “¡Paredón!”, o sea, ¡fusilamiento!. Más tarde, el mismo Fidel Castro le llenó de calumnias e improperios, como era usual en él, y le acusó de traición, como hacía invariablemente. (Similar a las acciones de Mao en China Roja diez años antes, en 1949, contra antiguos camaradas suyos). La delirante pesadilla comenzó en sí muy pronto, marchando a la destrucción de Cuba desde enero primero de 1959.
Al mismo tiempo que comenzaba a despertar el pueblo de Cuba a la realidad agobiante de una tétrica y desquiciada satrapía comunista, las incitadas hordas fidelistas arremetían con mayor fuerza, acosando, persiguiendo, humillando, encarcelando, fusilando…
“Si Fidel es comunista, que me pongan en la lista” —clamaban irresponsablemente, rebosantes de odio rencor y fanatismo, sin medir las consecuencias. Fidel Castro Ruz fue, sin duda, el primer traidor a la Revolución Cubana, el primer Contrarrevolucionario. Asesinó a la misma desde las primeras horas de 1959, porque en realidad la revolución cubana no existía para él. Había sido sólo un antifaz muy bien utilizado para alcanzar el poder absoluto y robárselo todo a todos, suplantando a la débil y antigua dictadura de Fulgencio Batista con una naciente tiranía mil veces peor, totalitaria y cruel como ninguna, bajo un nuevo, bestial y despiadado dictador: Fidel Castro Ruz.
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl.







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