La destrucción total del país fue muy rápida, gracias a los miles de miserables como él, que le apoyaron desahogando sus propios complejos, odios y fracasos personales; y, también, debido a la traición de gobiernos y pueblos que prefirieron obviar la realidad y simplemente dieron la espalda.
A medida que controlaba el poder absoluto paso a paso, el vil ateo Fidel Castro Ruz identificó —al usual estilo comunista— los inminentes peligros, y procedió a su aniquilación de inmediato, infiltrándolos todos. El más poderoso de ellos, la Iglesia Católica, sufrió pronto los rigores de la ofensiva Castro-comunista, desacreditando a los colegios católicos, insultando a sus estudiantes como “niños bitongos” y, finalmente, interviniendo los mismos, robándoselos con el usual descaro, y expulsando a los sacerdotes y las monjas de la isla en 1961, hasta que —lustros más tarde—, logró someterla a medias, poco a poco, y manipularla, trabajando socarronamente con los nuevos sacerdotes y fingiendo un acercamiento con el Vaticano.
Todas las demás organizaciones fueron infiltradas y fragmentadas por los comunistas cubanos a partir de enero primero de 1959, desde los Masones, los Rosacruces, Leones, Rotarios y las fraternidades privadas, hasta los sindicatos como la poderosa CTC (Central de Trabajadores Cubanos), forzando por elecciones fraudulentas la designación de sus líderes bajo la égida de su perversa ideología.
A medida que más y más antiguos colaboradores suyos y miembros del “Movimiento 26 de julio” se oponían al curso funesto y trastocado que había tomado la revolución tras su triunfo, más y más eran fusilados, encarcelados o forzados a marchar al exilio. Presidente, ministros y miembros del “gobierno revolucionario” —formado por él mismo—, fueron destituidos y perseguidos después, ofendidos y desprestigiados. Comandantes y capitanes fueron encarcelados, fusilados o desaparecidos, acusándoles de traidores, contrarrevolucionarios y apátridas, hostigando luego a sus familias.
Las primeras figuras relevantes que se opusieron fueron: El Comandante Huber Matos, jefe del Ejército Rebelde en la provincia de Camagüey (encarcelado por muchos años); el Comandante Pedro Luis Díaz Lanz, primer jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria (escapó con su familia antes de ser arrestado); y el Comandante Camilo Cienfuegos, figura más popular que Fidel Castro, quien se reportó como “desaparecido en el mar”, porque Castro decidió no enfrentarle, por temor, ya que gozaba de enorme apoyo popular y militar.
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl.







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