Misionero y fundador (Final)

Written by Libre Online

31 de marzo de 2026

(Saludo hispano al 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y al Jubileo Franciscano por los 800 años de la muerte del humilde Santo de Asís)

Por Rafael Jesús de la Morena Santana

Las hermosas misiones del Padre Serra, con gratos jardines y amplias bibliotecas, a la vez que centros de difusión del catolicismo, devenían escuelas donde los indios aprendían oficios y practicaban finas artes, cuyas peculiares creaciones observan los visitantes. Se autoabastecían, producían tejidos, cueros, cerámicas, jabones, velas, carnes, leche, quesos, vinos, legumbres, trigo, cebada, maíz y avena. Hacían crecer bosques de frutales que les proporcionaban cítricos, aceite de olivos, manzanas y maderas. Los sistemas hidráulicos franciscanos, de regadío, represas, acueductos, fuentes y molinos, todavía son útiles.

Seguro de la vigencia misional, el Padre Serra, de 70 años, realiza el viaje postrero a las casas franciscanas por él fundadas, se despide de los frailes y fieles doloridos y muere el 28 de agosto de 1784 en la Misión del Carmelo. Al tañido de las campanas que doblaban a duelo, los nativos cubrieron con flores silvestres el ataúd de pino del Apóstol de California, Protector de los indígenas, que, como herencia, les había dejado su “Representación de 1773”, verdadera Carta de Derechos Humanos para los habitantes originarios de la América del Norte.

Los franciscanos se esforzaron en sostener el cayado del Padre Serra, miles de conversos y feligreses participaban en la obra de las misiones. Pero la desgracia se abatió sobre ellas: además del desgaste por el paso del tiempo, fueron afectadas por fenómenos naturales como terremotos, incendios forestales, tormentas, lluvias intensas, inundaciones y sequías, así como por la perfidia y la envidia de los hombres: las guerras, saqueos, piratería, rivalidades políticas, ambiciones personales, leyes injustas, la expulsión de los frailes por la secularización de 1833-34 y la fiebre del oro. Por estas causas estuvieron cerca de desaparecer. Empero, por la perseverancia de la Orden de San Francisco de Asís y de la Iglesia, unidas a la magnanimidad del Gobierno norteamericano y al apoyo de mecenas y organizaciones conservacionistas, las misiones renacieron para orgullo y crecimiento espiritual de los habitantes de California.

Estos santuarios cumplieron también el cometido de convertirse en refugio de los desesperados del mundo que, huyendo del hambre, la miseria, persecuciones religiosas o políticas y buscando un lugar donde poder trabajar y vivir tranquilos con sus esposas e hijos, llegaron desde la segunda mitad del siglo XIX a esa Tierra Prometida que el Padre Serra les legó.

Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de jóvenes acudían a las misiones en busca de alientos de esperanza, allí, donde sentían estar cerca del Cielo, se derramaban sobre sus almas los dones del Salvador. Ellos recibían bendiciones antes de partir al frente a combatir por las causas sagradas de la Libertad y la Democracia. La mayoría volvió a dar gracias al Señor de los Ejércitos que con su infinita misericordia les había conservado la vida y concedido un justo y merecido triunfo a su Patria y a los hombres de buena voluntad del planeta Tierra. 

Invitamos a los lectores a visitar estos destinos de fantasía. Las Misiones franciscanas del “Rosario del Padre Serra”, Patrimonio del pueblo norteamericano, están protegidas por el Registro Nacional de Lugares Históricos, y son consideradas cada una de ellas como Hito Histórico Nacional de Estados Unidos por su inmenso valor espiritual y material. Es un derecho y un deber de cada estadounidense acudir una vez en la vida a las Misiones de California, en ellas se respira santidad, tranquilidad, amistad, hermandad y se siente que pisamos tierra sagrada, donde es posible la Fraternidad predicada por Nuestro Señor, aún aspiración universal.

Ahora, en pleno siglo XXI, el Padre Junípero Serra nos sirve de inspiración. Este indomable soldado de Jesucristo se sacrificó por la mayor Gloria de Dios. Por eso las naciones que benefició nunca lo olvidarán. En México ha sido honrado con estatuas en la Plaza de los Fundadores de Querétaro y en la Basílica de Guadalupe capitalina. Posee efigies en El Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio de Washington y en sus Misiones californianas. En España, su casa natal en la ciudad de Petra es un Museo. En la Madre Patria se creó la Asociación de Amigos de Fray Junípero Serra en 1955 y la Fundación Fray Junípero Serra en el 2002.

Estados Unidos y España le han dedicado sellos de correos. En el 300 aniversario de su natalicio ambos países conmemoraron el acontecimiento con celebraciones en Basílicas, Misiones y Museos. En ese año 2013 el entonces Príncipe de Asturias Felipe, y su esposa Letizia, colocaron una ofrenda floral en su tumba de la Misión del Carmelo.

El Vaticano ha sido fiel a la memoria de Fray Junípero Serra, la Santa Sede lo aprobó como Siervo de Dios y luego Venerable. El Papa San Juan Pablo II, quien estuvo de visita en la Misión de San Carlos Borromeo, lo beatificó en 1988. La apoteosis llegaría en septiembre de 2015 cuando el Papa Francisco, pertinaz seguidor del Fraile de Asís, le canonizó.

Convertido en Santo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, Fray Junípero Serra Ferrer nos señala hacia el sendero de los misioneros: llevar el Evangelio a las comunidades y personas heridas, perdidas sin la Luz del Redentor, y probarles el incontrastable poder de la oración. En el mensaje de eternidad que emana del “Rosario del Padre Serra”, él parece pedir, desde las rocas de sus templos, que en el corazón de cada ser humano prevalezca el sentir de las palabras iniciales de la hermosísima Oración de San Francisco de Asís: ¡Oh, Señor, haz de mí un instrumento de Tu Paz!

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