Por José “Chamby” Campos
Cuando el Barón Pierre de Coubertin reanudó el concepto de Los Juegos Olímpicos, lo hizo con el propósito de unificar el mundo a través de una competencia deportiva. Después de varios años de planeamiento, las Olimpiadas renacieron el 6 de abril de 1896 en el mismo país donde se iniciaron por primera vez, Grecia. Las primeras se llevaron a cabo en Olympia y esta nueva versión lo hizo en Atenas.
Con la paz como tema de esta edición participaron 14 naciones y alrededor de 241 atletas que compitieron en 43 eventos pertenecientes a nueve deportes.
Uno de los puntos más importantes en los nuevos reglamentos era de que diferentes países tuvieran la oportunidad de ser anfitriones y después de Grecia las próximas cuatro sedes fueron Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Suecia sucesivamente cada cuatro años. Hasta ese momento el planeta se detenía por dos semanas para disfrutar y vitorear a los grandes gladiadores después de sus hazañas.
Como todos los eventos hasta 1924 se habían efectuado durante el verano, inclusive ya se le habían apodados “Juegos de Verano”, surgió la iniciativa de crear los “Juegos de Invierno” y en enero 25 de 1924 nacieron las Olimpiadas de Invierno en Chamonix, Francia.
Nunca existió ningún tipo de protesta ni escándalos hasta las Olimpiadas de Berlín en el preámbulo a la Segunda Guerra Mundial.
Las olimpiadas de verano de 1968 fueron testigos de un acto de protesta por parte de John Carlos y Tommie Smith quienes eran miembros del grupo de Las Panteras Negras. Luego cuatro años más tarde vimos la “Masacre de Múnich” donde 11 atletas israelitas fueron asesinados por el grupo terrorista palestino “Septiembre Negro”.
Al tiempo que estos escándalos ocurrían en los juegos de verano, las olimpiadas de invierno siendo más pequeñas se habían llevado a cabo libre de todas esas acciones malignas.
Solo en 1980 a raíz de la “Guerra Fría” entre EE.UU. y la otrora Rusia es que existía una férrea rivalidad. Fue en esa olimpiada donde el equipo de Hockey sobre hielo estadounidense llenó de orgullo patrio a la nación entera.
Los jóvenes universitarios derrotaron a la invencible escuadra rusa en lo que quedó grabado para la historia como “El Milagro sobre el hielo”. En esos momentos el país necesitaba una razón que levantara el espíritu patrio ya que bajo la presidencia de Jimmy Carter se había destruido el liderazgo nacional llegando a su nivel más bajo cuando 52 ciudadanos norteamericanos fueron secuestrados durante 444 días en Irán.
Por años los Juegos de Invierno han sido motivo de alegría y nos hemos regocijados en los triunfos de Eric Heiden, Bonnie Blair y una de las nuestras, la patinadora cubanoamericana de Miami, Jennifer Rodriguez.
Llegamos al 2026 y nos vamos a Milán, Italia donde el team USA contó con la delegación más talentosa de toda su historia según los expertos. Sin embargo, en vez de disfrutar las actuaciones de estos atletas y unirnos en sus esfuerzos, hemos presenciado un odio y un divisionismo hacia el nativo de esta tierra como jamás habíamos visto anteriormente.
Si es cierto que estuvieron a solo una medalla de igualar el total de las obtenidas en Salt Lake City, 34, obtuvieron la cantidad más alta de medallas de oro.
Para llegar al colmo del antiamericanismo nos encontramos con libeles noticiosos, si eso es lo que se le puede llamar, teniendo la osadía de criticar las celebraciones diciendo que “hasta cuándo vamos a seguir con la bobería de celebrar y continuar ondeando la bandera”.
Amigos, si esto no es un acto de traición a la patria entonces ninguna otra cosa lo será.
Desafortunadamente estas mentes enfermas ahogadas en un odio a todo lo que es normal solo lo pueden hacer porque son pagadas por los enemigos que quieren la destrucción de Estados Unidos.
Por eso cuando vimos al equipo de Hockey sobre hielo festejar el gran triunfo y conquistar la medalla de oro nos dimos cuenta de que el odio jamás podrá vencer al bien. Que por muchas ventanas oscuras siempre existirán más puertas radiantes dándole la bienvenida a la luz del triunfo.
USA..USA..USA







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