Los Reyes Magos

Written by Luis De La Paz

6 de enero de 2026

Por Luis de la Paz  

Le pregunté a mi hermana mayor (a pesar de vivir en la misma ciudad y tener un teléfono a mano, por vía mensaje de texto), qué le dejábamos a los Reyes Magos en el patio de la casa la víspera del 6 de enero. Ella recordaba lo mismo que yo: hierba y agua para los camellos, además, desde luego, la cartica con la lista de regalos deseados dentro de los zapatos. Yo insistía en su memoria, pues me he estado preguntando si alguna vez le habíamos dejado algo a Melchor, Gaspar y Baltazar para mitigar el apetito y la sed durante su larga y agotadora noche visitando casa tras casa. “Nada”, me decía, “sólo tomábamos en cuenta a los animales”. Al final concluyó: “parece que los Reyes venían comido”. Como nos comunicamos por textos desde el teléfono, le puse varias  caritas que quieren decir que me reía de su ocurrencia (nada, cosas de la te(x)cnología moderna).

Pienso en aquellos años, desafortunadamente ya bastante lejanos, en el alboroto de los días previos y en particular la ansiosa noche de Reyes, cuando, quizás por única vez en el año nos íbamos a la cama bien temprano, esperando las regalos. Al amanecer, la mesa y las sillas estaban cubiertas de regalos: los patines, la muñeca, el acordeón, la marimba, las pistolas con sus cartucheras, los soldaditos, y en particular un convertible negro, con sus puertas que se abrían y los faroles delanteros que parpadeaban. Ese regalo ha perdurado en mi memoria como una alegría permanente. Pienso que mis hermanas y yo nunca miramos si los camellos se tomaron el agua y comieron la hierba, y mucho menos si los Reyes abrieron las cartas que le dejábamos: “Queridos Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltazar. Espero que sean buenos conmigo, que me he portado bien, y me traigan”…”. 

Con la llegada del castrismo al poder se fue implantando la política de borrar todo vestigio del pasado, sobre todo los relacionados con prácticas religiosas. La persecución fue total (y brutal en algunos casos, como la expulsión de los sacerdotes en el barco Covadonga). El acoso contra quienes ponían arbolitos navideños en sus casas, bautizaban a sus hijos, los preparaban para la primera comunión o asistían a misa, fue consistente. Hasta quienes llevaban a sus muertos a enterrar, eran vistos mal si pasaban por la capilla del cementerio para ofrecer a su ser querido el responso final.  Eso también afectó la festividad de la Epifanía, a la celebración de los Reyes Magos se le comenzó a llamar “el día de los niños”. 

Cuando mis hermanas y yo dejamos de ser niños, y los niños eran ya otros, la ilusión seguía siendo la misma en los nuevos pequeños, recibir regalos, pero bajos nuevas reglas oficiales. El 6 de enero dejó de ser Día de Reyes y los juguetes se entregaban en el mes de julio. Los niños entonces, dejaron de escribir cartas, de cortar hierba y llenar cubetas de agua. Nadie les traía juguetes; se compraban. Pero aún así, en medio de la confusión, eran momentos maravillosos, donde se podía tener juguetes nuevos. Los niños cubanos bajo el castrismo, tenían que acompañar a sus padres a las tiendas donde se vendían los juguetes, después de largas, belicosas y multitudinarias colas. El resultado, a través de unos cupones y una estricta clasificación de “básico, no básico y dirigido”, metalenguaje que indicaba lo que se podía comprar, llegaba el momento de tener un juguete nuevo. Hasta esta práctica veraniega fue desapareciendo, los juguetes desaparecieron de las tiendas. Las tradiciones se transmiten de generación en generación. Me pregunto cómo los padres cubanos de hoy van a pasar a sus hijos unas costumbres que ellos mismos no siguieron, no pudieron continuar, en muchos casi ni conocieron.

En Miami, donde los cubanos exiliados han intentado mantener las costumbres, la desaparecida estación radial WQBA, en época en que se llamaba La Cubanísima, creó la Parada de los Reyes Magos, un desfile que desde los años 70, cada enero busca recordar que entre los hispanos el 6 de enero tiene una significación espacial. En la actualidad la festividad ha perdurado gracias al apoyo de políticos y patrocinadores.

El público podrá disfrutar en familia de desfile de carrozas y vehículos descapotables; invitados especiales; bandas musicales; presencia de personalidades de la radio, televisión y de la vida pública, y el espíritu de la tradición, incluyendo comidas y regalos para los niños.  

Hace un par de noches, a muchos lugares del mundo llegaron los camellos, con los Tres Reyes Magos, ataviados en sus orientales ropajes, dejando en muchas casas su carga, sin duda alguna de alegría y satisfacción. Ajustándome a los tiempos, pienso que muchos niños en vez de escribir sus cartas a mano, las mandaron por mensajes de texto con anticipación. Por lo pronto, este domingo 11 de enero, en Miami,  desde el mediodía, los Tres Reyes Mayos y sus camellos, andarán por la Calle 8, entre las avenidas 27 y la 17.

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