Por José “Chamby” Campos
Cuando uno viaja fuera de Miami en avión, tanto cuando despega como cuando regresa pasamos por encima de la Arena que se encuentra en Biscayne Boulevard y que alberga la franquicia de los Miami Heat.
Bajo el ojo del gerente general Pat Riley han ganado tres campeonatos mundiales, pero más importante, el nombre, la silueta y los colores del equipo se han convertido en uno de los más reconocidos en el mundo del baloncesto y cuando digo “mundo” me refiero al planeta entero.
Los partidos están vendidos en casi su totalidad y el asistir es como demostrar que uno es parte del jet set miamense. No se trata de presenciar un juego de baloncesto sino participar en un acontecimiento social.
Sin embargo, antes de que nacieran los Miami Heat, existió un equipo llamado “Los Miami Floridians” o en español “Los Floridanos de Miami”.
Esta empresa a pesar de que no tuvo una larga vida ni fue exitosa, sí podemos decir que su estadía fue muy entretenida y que a su vez sirvió como una base para que 15 años más tarde la liga de baloncesto profesional, NBA, considerara a esta ciudad como una plaza de expansión.
Todo comenzó cuando la American Basketball Association, ABA, liga rival de la NBA le otorgó un club a la ciudad de Bloomington, Minnesota. Los ciudadanos lo bautizaron con el sobrenombre de “Muskies” y participaron en la primera temporada de 1967-1968.
En esa temporada inicial concluyeron con una marca de 50 victorias y 28 derrotas terminando en segundo lugar de su división y calificando a la postemporada. Una vez allí cayeron frente al quinteto de Pittsburgh que eventualmente se coronó campeón.
A pesar de la buena actuación en la cancha, la asistencia promedio fue de 2,400 personas por partido, lo cual fue clave para que la administración decidiera abandonar el frío norteño y buscara nuevos horizontes en el cálido clima de nuestra ciudad y lo renombraron los Miami Floridians.
Inmediatamente la realidad fue muy diferente ya que su estadía aquí no fue la de un equipo tradicional. A pesar de que su patio era Miami y su cancha el Miami Beach Convention Center, los propietarios optaron por que también se jugaran encuentros en ciudades como Tampa, San Petersburg, Jacksonville con la esperanza de convertirse en un equipo que el estado completo apoyara.
Esa decisión no les funcionó porque no crearon una base sólida ya que eran básicamente gitanos. También el hecho que no existía un gimnasio de baloncesto profesional, el team tenía que competir en diferentes arenas. Como ejemplo vemos que en adición al centro de convenciones tuvieron que llevar juegos en el desaparecido Auditorio en el Dinner Key, el gimnasio colegial del recinto norte de Miami Dade College y los coliseos de las anteriormente mencionadas ciudades.
Cuando concluyó esa primera campaña en la capital del sol, (segunda desde sus inicios), terminaron de nuevo en segundo lugar de su división. En los playoffs vencieron a la franquicia que los reemplazó en Minnesota en la primera ronda, pero fueron eliminados en la segunda fase.
De nuevo el gran enemigo fue la pobre asistencia y para su tercera campaña se quedaron con el nombre “Floridians” y eliminaron “Miami” reforzando su afiliación al estado y menospreciando a la ciudad.
Por su parte la liga para competir con la ya establecida NBA se aventuró añadiendo reglas y cambios que se enfocaban más en el espectáculo que en la competencia. Ahí nace el tiro de tres puntos que finalmente la NBA adoptó, la promoción de un balón de tres colores y las firmas de jugadores colegiales sin ni siquiera haberse graduados.
A nivel de franquicias, por primera vez aparecieron bailarinas con vestimentas provocativas en las canchas y los equipos dejaron detrás los uniformes tradicionales para usar unos con colores chocantes.
Eventualmente la falta de público fue la causa que cerraran sus puertas para siempre. La operación se hizo insostenible por faltas de fondos financieros causando que la liga no permitiera que se trasladaran a otra ciudad.
Con todas sus dificultades, la escuadra contó con figuras de renombre. Como coaches tuvieron la dicha de haber sido dirigidos por Bob Bass y Jim Pollard, dos excelentes entrenadores que triunfaron años más tarde en la NBA.
El mejor jugador de su corta historia lo fue el tirador Donnie Freeman quien había jugado en la prestigiosa universidad de Kentucky y traía un gran resumé. Durante los cuatro años de existencia fue su líder anotador.
Los jugadores ofensivos Mack Calvin y Larry Jones números dos y tres en la lista de anotadores fueron favoritos del público.
En el lado defensivo, el centro Skip Thoren fue seleccionado All-Star en dos ocasiones mientras que Les Hunter proveía una figura fuerte todas las noches.
Sin duda alguna el jugador más popular del conjunto dentro de la afición de habla hispana, la cual en esa época era en su inmensa mayoría cubana lo fue Alfonso Cueto. Incluso el equipo como ficha de promoción lo llamó “El cubano más alto del mundo”.
El oriundo de La Habana, hijo del respetado dibujante del mismo nombre fue una estrella de baloncesto desde sus años de secundaria en el Coral Gables High School.
Con 6 pies y 7 pulgadas de estatura se ganó una beca para la Universidad de Saint Gregory en la ciudad de Shawnee, estado de Oklahoma y después de dos años transfirió a la Universidad de Tulsa en el mismo estado donde continuó sus estudios y se graduó con galardones por su labor dentro del tabloncillo.
Fue seleccionado por los Supersónicos de Seattle de la NBA y por los Nuggets de Denver de la nueva liga donde decidió firmar finalmente. Allí se encontró con la buena dicha de que fue canjeado al equipo de los Floridanos de Miami y pudo jugar frente a sus familiares, amigos y compatriotas.
Alfonso Cueto lleva la distinción de ser el primer jugador cubano de baloncesto en participar profesionalmente en los EE.UU.
La próxima vez que usted vea un partido o lea un artículo sobre los Miami Heat recuerde que no fueron los primeros. Inclusive la franquicia actual le ha rendido homenaje en ocasiones usando uniformes inspirados en los de aquellos tiempos.








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