Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE
Los norteamericanos que entrenaron a los cubanos miembros de la Brigada 2506 lo hicieron en distintos lugares. Por ejemplo, los 11 brigadistas que formaron el Equipo de Demolición Submarina (UDT) recibieron su entrenamiento en la Isla de Vieques en Puerto Rico y en la Base del Ejército Beauregard al sur del estado de Louisiana.
Su misión consistía en:
• Reconocer las playas.
• Marcar rutas de desembarco.
• Eliminar obstáculos submarinos.
• Guiar las lanchas de asalto durante el desembarco en Playa Girón y Playa Larga.
En total eran 13 hombres rana, 2 norteamericanos y 11 cubanos, los que llegaron en dos barcos: el LCI Bárbara J y el LCI Blagar.
En el LCI Bárbara J venían los cuatro que marcaron Playa Larga (Red Beach): William “Rip” Roberson, de la CIA, Carlos Betancourt Ramos (774), Andrés Pruna Bertot (792) y Carlos Fonts Boullosa (778).
A bordo del LCI Blagar venían dos grupos, uno sería el encargado de marcar Playa Maceo con estos tres: Amado Cantillo Huget (775), Octavio Soto Hernández (800) y Blas R. Casares Rovirosa (776). La Playa Maceo (Green Beach) estaba a unos 9 km al este de Playa Girón y más cerca de Cienfuegos, pero esta operación fue cancelada.
El otro grupo que venía en el LCI Blagar estaba formado por seis: Grayston L. Lynch, todos le llamaban “Gray” y también era el hombre de la CIA, José E. Alonso de Lamar (771), Eduardo Zayas-Bazán y Loret de Mola (805), Jorge A. Silva Pedroso (799), Felipe G. Silva Cadenas (798) y Jesús “Chiqui” Llama Muñoz (788) que fueron los seis que llegaron a Playa Girón (Blue Beach) para marcar el área del desembarco.
A continuación, el relato de lo ocurrido según lo describe en su libro Eduardo Zayas Bazán:
Era una noche iluminada por la luna cuando a las 11:30 pm del domingo 16 de abril de 1961, salieron del LCI Blagar, anclado a 2,000 metros de la costa, en un catamarán de 18 pies impulsado por dos motores de 75 hp y armados con subametralladoras Thompson y pistolas Colt 45.
Atado al catamarán estaba la balsa neumática Zodiac con un motor fuera de borda silencioso de 25 hp que los transportaría los últimos 200 metros hasta la playa.
Iban vestidos con uniforme militar verde oscuro, gorras de béisbol y zapatillas deportivas. Todos tenían la cara y las manos pintadas de negro. No llevaban identificación alguna, pero Eduardo si llevaba su reloj pulsera y su cadena de oro con una medalla escapulario, algo que después de 65 años lo sigue llevando consigo.
A 200 metros de la costa, el catamarán se detuvo, los cinco y Gray, quien decidió unírseles con su BAR en el último momento, se pasaron a la Zodiac. La participación de Gray se desvió del plan original, pero les alegró que liderara la aproximación final, ya que él era el único con experiencia de combate.
La misión de ellos consistía en colocar luces que solo se vieran desde el mar para marcar los límites de la playa.
En lugar de la playa oscura que debían explorar y marcar con las luces de desembarque, encontraron luces de vapor brillantes a lo largo de la playa, un bar iluminado y con personas adentro, lo que los obligó a cambiar los planes.
En lugar de desembarcar en la punta de 40 metros de largo que daba al mar y sobresalía en el extremo este de la playa, se dirigieron a un lugar oscuro en el centro de la playa. El embarcadero contenía el inicio de un edificio, que planeaban usar como punto de observación al desembarcar.
Cuando estaban a 60 m del nuevo punto de llegada, sintieron como el motor rozaba contra los arrecifes de coral (los foto-intérpretes de la CIA habían interpretado que eran nubes o algas).
José Enrique Alonso apagó el motor y los cinco salieron de la Zodiac y comenzaron a empujarla hacia la orilla, dejando a Gray a bordo con su rifle BAR.
Unos metros más adelante cuando tenían el agua a la cintura, vieron un jeep, cuyas luces se movían por la carretera costera, detenerse justo frente a ellos con un fuerte chirrido de frenos, giró hacia el mar, iluminando su barco con sus luces.
En ese mismo momento Gray gritó: “Fire” y comenzó a dispararles con su rifle de asalto (BAR), ellos cinco empezaron a dispararles también con sus ametralladoras Thompson y de pronto se apagaron todas las luces del pueblo.
¡La batalla de Girón había comenzado!
Finalmente lograron colocar las luces rojas para el desembarco y los dos ocupantes del jeep fueron apresados y se convirtieron en parte de los prisioneros de la Brigada.
Eduardo Zayas-Bazán y Loret de Mola fue herido (por fuego amigo) el día 19 y capturado junto con José E. Alonso, Jorge Silva, Felipe Silva (herido en el codo) y Jesús Llama. Los cinco cumplieron presidio.
Los tres del Blagar: Cantillo, Soto y Casares, así como los otros tres del Bárbara J: Betancourt, Pruna y Fonts, enterraron a 4 de los fallecidos y participaron en labores de rescate de 35 brigadistas desde el 21 hasta el 23 de abril de 1961, porque estos 6 nunca fueron capturados.
Algo interesante es que estos once cubanos hombres rana ninguno tuvo asignado un número como todos los brigadistas, aunque sí tenían asignados números de la marina del 774 al 805.
Aunque todos los números fueron asignados por la CIA.
Casi un año después, Eduardo Zayas Bazán, Felipe G. Silva Cadenas y otros 58 brigadistas que fueron heridos llegaron a Miami el 14 de abril de 1962, como anticipo del canje de brigadistas prisioneros por alimentos y medicinas de Estados Unidos.
La mayoría de los prisioneros de la Brigada arribaron a Mami entre el 23 y el 25 diciembre de 1962. Cinco Brigadistas que desembarcaron el 17 de abril fueron fusilados, otros cinco, pero de los Grupos (Team) de Infiltración, también fueron fusilados y nueve quedaron presos porque así lo quiso FC.
Luego de su llegada a Miami, Eduardo Zayas Bazán comenzó una exitosa carrera académica en la enseñanza de idiomas, trabajó en varios estados y finalmente en Tennessee.
Fundador en 1990 de NACAE (Asociación Nacional de Educadores Cubanos) junto con los Dres. José Antonio Madrigal-Estrada (†) y Gastón Fernández de Cárdenas.
El miércoles 14 de octubre de 2009 a las 9:25 am, Eduardo Zayas Bazán, recibió un correo electrónico de Sheila, la sobrina de Valerio Rodríguez, porque su tío era el chofer del jeep tiroteado por ellos seis la noche del 16 de abril de 1961.
Eduardo le contestó: “Me encantaría reunirme con tu tío Valerio cuando a él le convenga. Si me das su dirección y número de teléfono, me pondré en contacto con él. Podrías decirle que he entablado amistad con otros que lucharon contra nosotros en la Bahía de Cochinos. Aquellos fueron tiempos de conflicto armado que espero fervientemente que hayan quedado atrás para siempre. Y le di mis números de teléfonos y mi dirección”.
Esa misma noche, Eduardo habló durante casi una hora con Valerio Rodríguez. Habían pasado 48 años, 5 meses y 28 días desde que Eduardo le había entrado a tiros.
Unas cuantas semanas después, Eduardo tuvo una reunión de trabajo en San Diego, California y al finalizar esta, él y su esposa Lourdes alquilaron un carro para recoger en Los Ángeles a sus amigos, el matrimonio Johnny y Mapy López de la Cruz para ir hasta el Valle de Napa y así poder comprobar sí esos vinos eran buenos de verdad.
Johnny, coronel retirado del ejército de EE. UU, había sido el paracaidista #2653, segundo al mando de la Compañía D del Batallón 1 y también había estado prisionero junto con Eduardo.
Como estarían en Los Ángeles, donde vivía Valerio, pensaron poder reunirse todos, cuando se lo dijo a Sheila, la sobrina de Valerio, ella se embulló tanto que tomó un avión para participar en la cena junto a su tío.
Fue una noche memorable llena de historias y buena voluntad. Había tantos recuerdos que querían compartir. ¡Cómo habían cambiado las cosas en esos 48 años!
Esto fue lo que les contó Valerio Rodríguez aquella noche, ahora un señor de 64 años: “él acababa de cumplir 16 años y había ido al pueblo de Girón como voluntario para enseñar alfabetización a los campesinos de la zona. Valerio se había hecho amigo de Mariano Mustelier, el jefe del puesto de la milicia en Playa Girón, y como Valerio era la única persona que sabía manejar carros de transmisión manual, le pidieron que sirviera como conductor de un jeep que patrullaba la playa de Girón por las noches. Él que estaba aburrido en el pequeño pueblo, aceptó con gusto la invitación.
La noche del 16 de abril, Mustelier llamó a la puerta de Valerio y le pidió que lo llevara en el jeep al Bar de Blanco para llamar por teléfono al cuartel general de la milicia en Cienfuegos e informar sobre luces intermitentes que había visto y parecían ser de un barco en peligro.
Cuando estaban a unos 100 metros del Bar de Blanco, Mustelier le ordenó a Valerio que detuviera el jeep. ¡Esto parece una invasión! ¡Gira hacia el agua para ver que está pasando! Cuando Valerio giró el jeep, una lluvia de disparos cayeron sobre la carrocería del vehículo, saltaron inmediatamente, se parapetaron detrás del jeep y empezaron a disparar.
Mustelier gritaba a toda voz que habían llegado los americanos.
Cristales del parabrisas habían golpeado el rostro de Valerio y estaba sangrando. Valerio disparaba con el R2 que le había dado Mustelier.
Después de unos minutos Mariano, el jefe de la milicia huyó supuestamente a buscar ayuda y Valerio se quedó metido en una zanja hasta que se fue arrastrando hasta la orilla del mar y se escondió entre unas matas de Uva Caleta (Seagrape), donde había tantos cangrejos que casi lo taparon, además del daño que le hicieron por el sabor de la sangre en su cara.
Él recuerda haber estado allí durante varias horas hasta que al amanecer vio un jeep y creyendo que era Mustelier que venía a recogerlo salió de su escondite y eran brigadistas que lo capturaron y pasó las siguientes 72 horas como prisionero en la Casa Club de Girón.
Después de la invasión de Bahía de Cochinos, había sido una celebridad por un tiempo. Pero poco después, los botes de pesca de su padre en la Playa Cajío (16 km al sur de Güira de Melena y a 27 de San Antonio de los Baños) fueron confiscados, al igual que muchos de los negocios privados en Cuba.
En 1969, Valerio intentó huir en una balsa, pero fue capturado y hecho prisionero. Estuvo 91 días en Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado. Cuando lo soltaron lo llevaron a su pueblo natal de Güira de Melena, para hacer alarde de generosidad de la revolución.
Como en 1980, era considerado un enemigo del gobierno comunista, aprovechó el éxodo del Mariel en abril de 1980 y llegó en un bote a Miami. Meses después, se mudó a Los Ángeles para estar con su hermano Freddy.
Allí abrió un pequeño restaurante, luego vendió autos usados. En 1987 comenzó a trabajar en publicidad de radio y televisión. Después tuvo una empresa de ayuda en trámites de bancarrota.
Valerio además de ser dueño de su casa, tiene otra casa alquilada y manejaba un BMW convertible de 2007. ¡Valerio logró hacer realidad el sueño americano!
Unos años más tarde cuando Valerio vino a Miami, además de Eduardo se reunieron almorzar con él otros dos hombres rana: Amado Cantillo Huget y Blas R. Casares Rovirosa.
Actualmente Valerio está divorciado y tuvo una hija de ese matrimonio.
Se mudó para la ciudad de South Gate, para estar junto a su madre y cuidarla porque ella tiene 108 años.
Nota.-De los once hombres rana han fallecido cinco: José E Alonso de Lamar, Carlos Betancourt Ramos, Blas R. Casares Rovirosa, Jesús Llama Muñoz (Chiqui) y Jorge A. Silva Pedroso.
Creo el único de estos once cubanos que continuó como hombre rana fue Andrés Pruna, nacido en La Habana en 1940. Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro y asistió a la Escuela Eaglebrook en Deerfield, Massachusetts, así como a la Academia del Museo Nacional y la Escuela de Bellas Artes de Nueva York.
Comenzó a exponer su obra en la Isla siendo aún un niño y a los 18 años su trabajo llegó a Madison Avenue en Nueva York, donde se mostró en varias galerías y se vendió de inmediato.
En los años ‘60 fue contratado por el National Geographic como fotógrafo y en los ‘70 por la Armada Americana (US Navy) para documentar la vida salvaje en las profundidades marinas. Fue uno de los 40 buzos entrenados por la Armada para vivir y trabajar en las mayores profundidades del océano, un programa conocido como El Hombre en el Mar.
En 1973 su documental Un Prospecto de Ballenas (A Prospect of Whales) ganó reconocimiento internacional y fue transmitido por la Unidad de Historia Natural de la BBC batiendo todos los récords de audiencia, incluso superando la de los programas de Jacques Cousteau.
Siendo el primero en filmar ballenas copulando en la naturaleza, o sea en libertad, y fue el primero en capturar un ataque de orca en una colonia de leones marinos.
Andy Pruna filmó y viajó por todo el mundo, incluyendo el Ártico y la Antártida, colaborando con National Geographic, la BBC, el National Film Board de Canadá, Argentina TV y la Sociedad Zoológica de Nueva York.
También produjo varios documentales sobre vida silvestre, incluyendo el galardonado largometraje de 1977, Killers of the Wild (Había una Vez en el Sur) Documental sobre la entonces desconocida vida marina de la Patagonia argentina y otras regiones remotas.
Ganó el premio Etrog de Canadá a la mejor fotografía y fue nominado al Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín, entre otros reconocimientos.
Tras el éxito de estos documentales Pruna produjo material para televisión mostrando flora y fauna de distintas regiones, porque su trabajo lo llevó por todo el mundo, como un fotógrafo submarino altamente especializado.
Pruna está casado con la argentina María Isabel Moré y viven en Miami. Lamentablemente su hija falleció, aunque tiene dos hijos de su primer matrimonio que le han dado tres nietos.
Actualmente se desenvuelve en el área de la pintura y ordena su amplia colección fotográfica, la cual contiene más de 70,000 imágenes en alta calidad.







0 comentarios