LA MUJER CUBANA EN LAS LUCHAS POR LA LIBERTAD (final)

Written by Libre Online

10 de marzo de 2026

Por Faustino García (1950)

Con el siguiente material el semanario LIBRE concluye este material en homenaje a la mujer cubana en las luchas libertarias desde la manigua, o desde el exilio desde donde hacía vibrar las fibras de los cubanos llevando a las almas la efigie de la Patria.

TRINIDAL LAGOMASINO ÁLVAREZ, “La Solitaria”

Audaz agente revolucionario en su pueblo natal, Santi Spíritus prestó eminentes servicios a la revolución cubana desde los días lejanos en que su hermano Luis abrazó la causa de la independencia mucho antes de la Constitución del Partido Revolucionario.

Trinidad, en su propaganda, conquistaba amigos y desconocidos para que empuñasen las armas por Cuba libre; a todos instaba a coger un fusil y marchar a la manigua. Sus trabajos alcanzaron gran radio de acción. Fuera de su jurisdicción, en su santa misión visitó las ciudades de La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Caibarién, donde su actividad daba siempre sus frutos. Entre otras comisiones, erizadas de riesgos tenía la de recibir la correspondencia del extranjero. Para ello se valió de un intermediario seguro, el doctor Madrigal, con quien la ligaban lazos de familia. Era muy distinguida por el Generalísimo que le daba el título de hija. “La Solitaria” era una hija providencial en los tiempos difíciles de la guerra.

Terminada la contienda corrió a los campamentos llevando recursos de que tan necesitados estuvieron nuestras fuerzas libertadoras y para todos tenía un recuerdo de cariño. Jamás habló de sus servicios a la patria, que estimó un deber de todo cubano digno.

EDELMIRA GUERRA VALLADARES, “Esperanza del Valle”

Hija de la villa de Colón, residía en Cienfuegos al estallar la revolución del 95 y se propuso hacer cuanto pudiera para vengar el crimen cometido por los Chapelgorris de Guamutas, aquella jauría de asesinos célebres por sus muchas fechorías y que habían dado muerte a su padre.

Para laborar por la causa de Cuba, fundó en Cienfuegos el club revolucionario denominado “Esperanza del Valle”, de donde tomó ella el nombre por el cual era conocida como agente de la revolución. 

Cuánto valía y cuánto sirvió “Esperanza del Valle” y su club necesitaría un extenso volumen para narrar tan distinguidos servicios. Las componentes del club, valientes y arrojadas incansables en la propaganda y la acción llegaron en su osadía a visitar al mismo general Valeriano Weyler cuando éste estuvo en Cienfuegos, demandando de él algunos auxilios para los necesitados, recursos que obtuvieron de inmediato y que fueron utilizados en gran parte para remediar las necesidades más perentorias de los patriotas que luchaban en la manigua. Otras Damas de las más distinguidas de la Perla del Sur eran miembros activos de su club, entre ellas, Clemencia Mena, Carlota Hernández Carbó de Romero, Anita Fernández, –la agente “Estrella” de  la guerra de los diez años y sus hermanas Carmen y María Guerra.

Terminada la guerra, a pesar de su grande y hermoso patriotismo, se vio olvidada de todos y murió casi sola, siendo llevada a una fosa común en medio de la indiferencia general, aquella mujer de corazón dulcísimo, la amiga de los desamparados. 

ANA MERCHÁN BARRANCO

Nació en La Habana, hija de una camagüeyana y de un manzanillero hermano de nuestro gran hombre de letras que fue Rafael María Merchán. Corría por su sangre savia revolucionaria de los hombres del 10 de octubre. A muy temprana edad fue a residir con sus padres a los Estados Unidos, donde recibió esmerada educación. Vivió en Nueva York, Nueva Jersey, Cayo Hueso y en Tampa, donde movida por el deseo de ayudar a conquistar la independencia de su patria, reunió a un grupo de señoritas y el día 24 de noviembre de dicho año fundó el Club Patriótico “Discípulas de Martí”, del cual fue Presidenta con objeto de recaudar fondos para la causa de Cuba. Fue uno de los clubes que más trabajaron por la patria, ofreciendo funciones dramáticas, rifas y sus miembros, que eran unas ochenta jóvenes, se encargaban de recorrer los comercios solicitando dinero y artículos para los bazares. Por amor a Martí, decía ella misma, quisieron todas llamarse sus discípulas y tratando de cumplir sus deberes como cubanas, ayudaron cumplidamente hasta donde sus fuerzas les permitió hacerlo en todo aquello que redundaba en beneficio de la independencia de la isla esclava y oprimida. 

La directiva del club era así: Ana Merchán, Presidenta, María Rodríguez, Secretaria, María Echemendía, tesorera. Terminada la contienda, las señoritas miembros del club bordaron una bandera de seda que entregaron a Don Tomás Estrada Palma con el encargo de hacerla llegar al general Máximo Gómez y enviaron una comisión para dar la bienvenida al Generalísimo al entrar este en La Habana el día 24 de febrero de 1899.

ANA AGUADO ANDREU DE TOMAS

La Calandria Cienfueguera, como cariñosamente era llamada por su magnífica voz y dotes especiales para el canto, fue en la emigración, discípula del profesor Emilio Agramonte en Nueva York. Su debut allí tuvo lugar con un motivo patriótico en beneficio del club revolucionario “Los independientes”, fundado por el incansable e irreductible patriota Juan Fraga, y fue a invitación expresa de Martí. En plena luna de miel, como ha escrito, Juan Beltrán quiso unir los goces que la vida le deparaba a los nobles de servir a la patria. El apóstol, en carta hermosísima, le agradece por anticipado el apoyo que tanto ella como su esposo Guillermo M. Tomás iban a prestar a la velada en el Hardman Hall. El día 16 de junio de 1890 y con intuición maravillosa juzga a Anita Aguado compendiando su parecer en frase formidable: “Para disponerse a morir es necesario oír antes una voz de mujer”.

Había nuestra compatriota, residido en España y en 1889 fijó su residencia en los Estados Unidos cuando su familia marchó a aquel país radicándose en la ciudad de Brooklyn, Nueva York. En 1894, su profesor la presentó al público norteamericano y desde entonces todos fueron triunfos ruidosos los que conquistó. Al año siguiente estalla la guerra en Cuba y en su alma de patriota sintió toda la inmensidad de la cruenta lucha y con la fe del creyente apasionado, de día y de noche realizaba colectas que depositaba en el club “Los independientes” con el voto de gracias de la prensa cubana en Nueva York.

En octubre de 1898 regresó a La Habana y en esta ciudad continuó su labor artística hasta que, dañado su organismo por dolencia tenaz, aquella voz en otro tiempo tan blanda y sumisa se apagó para siempre. Desde 1915 no era ya dueña de su garganta, y lo más terrible finalmente llegó en la madrugada del día 6 de mayo de 1921 cuando, dejando la más dulce memoria, dice su biógrafo, desaparecieron de esta vida el Arte y las Virtudes de Ana Aguado de Tomás.

MARIA LUISA Y FREDESVINDA SÁNCHEZ

Hijas del coronel Federico Sánchez fueron auxiliares de las más entusiastas en allegar fondos para la revolución en Tampa. Allí residía su familia, viejos emigrados; el padre uno de aquellos rebeldes del 68 que después de terminada la larga lucha, levantó nuevo hogar en tierra floridana y allí ayudó a Martí, con firmeza y patriotismo, a levantar la bandera del Partido Revolucionario. La imagen de la patria era la veneración en aquel hogar cubanísimo; a ella se dedicó la familia del coronel Sánchez con pasión ardentísima, con la ilusión de los enamorados, con fe y confianza en el triunfo definitivo de la causa de Cuba libre. Dos ángeles también alegraban la casa del dignísimo cubano Lilliey y Haydee, ellas, con sus hermanas contribuían con el mejor éxito a la alegría de las fiestas donde se recogía dinero para la guerra que ardía en los campos de Cuba.

EVANGELINA COSSÍO CISNEROS

En los últimos tiempos del general Weyler en Cuba fue Evangelina Cossío la heroína de un episodio romántico que sirvió mucho a la causa de Cuba libre ante el pueblo norteamericano, cuyas simpatías hacia la revolución cubana ya lo eran grandes. Se hallaba nuestra compatriota desterrada en Isla de Pinos, pues destierro era vivir en aquella isla acompañando a su padre, preso político. Cierta vez los cubanos que allí residían en calidad de presos se hicieron confabular, de acuerdo con Evangelina para apoderarse del jefe militar del lugar, el coronel español Berriz y proclamar la independencia de la famosa posesión. El golpe tuvo efecto. Los conjurados valerosamente se apoderaron de Berriz, pero finalmente la suerte les fue adversa. Berriz tomó venganza en nuestra linda cubana. Sometida a un Consejo de guerra, fue condenada a altísima pena. Entonces la trasladaron a la Casa de Las Recogidas y de allí, auxiliada por Decker del Journal de Nueva York, se fugó espectacularmente el día 9 de octubre de 1897. Todas las fuerzas poderosas de la sociedad norteamericana que se habían movilizado para obtener el perdón de Evangelina Cossío le prodigaron tal recibimiento que hizo época en Nueva York, ocupó los espacios principales en los grandes diarios de aquella metrópoli; Míster McKinley la recibió en la Casa Blanca y miembros del Congreso y de todas las clases sociales celebraron fastuosas recepciones en su honor. Residió en La Habana diciendo que en realidad ella no creía que su historia tan interesante pudiera interesar a nuestro pueblo.

EVA ADAN DE RODRÍGUEZ

Patriota inmaculada, esposa admirable del General Alejandro Rodríguez. Con él compartió el triunfo, con él había compartido muchas amarguras. Pertenecía Eva Adan a aquel grupo de cubanas enamoradas del ideal separatista que tantas persecuciones y ultrajes sufrieron, jamás desmayó en su fe ni se abatió su energía. Fue una de aquellas sacerdotisas cubanas que daban ánimos a quienes le faltaban, que armaban los brazos que inerte se mantenían, que sostuvieron al que desilusionado podía caer, que empujaron al vacilante y premiaron al esforzado. Sirvió a la causa en la ciudad como su esposo la servía en el campo; con decisión, arrojo y constancia incomparable. Presa en Camagüey, en enero de 1897 la trajeron luego a La Habana por cordillera, sufriendo un trato inícuo y la encerraron en Las Recogidas. El general Lee obtuvo su libertad y entonces marchó al extranjero, donde halló seguro asilo volviendo a La Habana al cesar la soberanía española.

AMPARO ORBE

Diecisiete años tan solo contaba cuando salió al monte con su prometido Antonio López Coloma, en Ibarra. Fue ella la primera mujer que tomó parte activa en la causa cubana a favor de la independencia. Identificada con López Coloma en sus sentimientos patrióticos, no titubeó en correr su suerte. Esta le fue adversa y con él fue hecha prisionera sin combatir. En la fortaleza de La Cabaña de La Habana contrajeron matrimonio antes de partir su amado compañero por aquel triste sendero que conducía al Foso de los Laureles. Después se eclipsó; el golpe debió ser rudo para ella, debió sentirlo en lo más íntimo de su ser. Traemos su fotografía a esta reseña como homenaje de recordación. 

ROSARIO DURROCA DE OSORIO, “La Mambisa”

Fue una mujer joven y bella, apunta Elvira Rey Chilia, de unos 25 años y de una feminidad exquisita llamada Rosario Dubroca la que fundó el primer hospital en San José de las Lajas para atender a los patriotas que luchaban por nuestra independencia, se llamó “Hospital Bacallao”, tenía cinco espaciosas salas y cerca de cien camas con el personal facultativo necesario. Rosario Dubroca tuvo compañeras en la ardua labor que se había impuesto. Autorizada por el jefe del Departamento Occidental, General Mayía Rodríguez quedó inaugurado el establecimiento benéfico el día 11 de septiembre de 1898. Sus compañeras la ayudaron a obtener de generosos donantes las medicinas y útiles de imperiosa necesidad, también dinero que aportaban los propios españoles, sin sospechar que era destinado al sostenimiento de un hospital mambí.

La mambisa fue una compatriota de positivos méritos que prestó a la causa de Cuba valiosísimos servicios. Había nacido en Jagüey Grande, provincia de Matanzas. Su padre era de nacionalidad francesa, dueño del antiguo ingenio “La Perla” y se casó muy joven con María Victoria Rodríguez. Murió en La Habana el día 7 de octubre de 1924.

MERCEDES SIRVEN PÉREZ

Nació accidentalmente en Bucaramanga, República de Colombia, de padres emigrados que un día salieron de su tierra huyendo de las persecuciones de que eran objeto. Espíritu valiente, nos dice María Collado, de mente bien organizada y alma gigante. Comenzó a dar pruebas de las rebeldías de su temple de mujer fuerte y decide ingresar en la Universidad de La Habana para hacer la carrera de Farmacia. La termina en los comienzos de la guerra del 95 y se dirige a Holguín. Allí está su hermano, el doctor Faustino Sirven, recién casado, que decide salir a la guerra a combatir por Cuba junto con su esposa y entonces Mercedes que ya había decidido de antemano irse a la manigua a prestar a sus hermanos los servicios de su profesión se les une y los tres se incorporan a los rebeldes, presentándose al jefe de sanidad militar, doctor Sánchez Agramonte con todas las medicinas que habían adquirido con la idea de abrir una farmacia en Holguín. Enseguida se le extiende el diploma de capitán de Sanidad y en un rancho en Palmarito Sur de las Tunas queda establecida la Botica revolucionaria con su tesoro avaramente oculto a los indiscretos. En el año 97 fue ascendida a comandante, grado con el que terminó la contienda. En la paz desempeñó la dirección de la farmacia del Hospital Civil de Holguín, hasta que abrió su propio establecimiento casi al alborear la República en 1902. Murió en La Habana en la madrugada del día 25 de mayo de 1948.

ROSARIO MORALES DE LOS REYES

“Charito” es la madre de dos lindas mambisitas del 95, María y Raquel de los Reyes, que también aparecen en esta reseña histórica. Las biografías de algunas de nuestras excelsas cubanas, que en la epopeya de Cuba dejaron grabados sus nombres en letras de oro, las trazó elegantemente Herminia del Portal. Las de Rosario Morales con verdadera mención fue la primera, ella había sido capitán jefe de Postas del Ejército Libertador. Fue fundadora del “Asilo Huérfanos de la Patria” y en su pecho ostentaba la gran Cruz de la orden Carlos Manuel de Céspedes. Sus sufrimientos por la patria señalaban todo el andar de su vida. Su labor revolucionaria constituye páginas que son todas de sacrificios, de negación, de dolor, de patriotismo puro, de servicio pocas veces igualados y de satisfacción por haber alcanzado la República y sus méritos anotados en el gran libro de la historia de la gran epopeya cubana por su independencia.

MARÍA Y RAQUEL DE LOS REYES

Pertenecientes a una distinguida familia habanera fueron María y Raquel de los Reyes, acaso las más jóvenes colaboradoras que tuvieron los revolucionarios de la provincia de La Habana en 1895. A los 17 años, María había sufrido ya prisión en Guanabacoa bajo la férula de aquel sicario Fondesviela. Luego visitó Las Recogidas, antro inmundo, con el cual se pretendía humillar a tantas conspiradoras en nuestra última lucha por la independencia que la conocieron. Era ella la “Miss Mario” que escribía a Aranguren y fue de ella la última misiva que recibió el coronel, precisamente el mismo día de las sorpresas de “La Pita”, donde la linda habanera le prevenía se cuidara por el inminente peligro que su vida corría y la valiente girondina que era Raquel. Los jefes de La Habana tenían en ella, en las dos hermanas, seguras corresponsales y auxiliadoras eficaces. El general Nodarse quiso conocerla al terminarse la guerra y dijo: “cumpliendo con un deber estricto de Justicia encomendaré siempre sus servicios a los hombres en armas por la causa sagrada de la patria…” ¡Nuestras mambisas! Sus vidas están enlazadas por un hermoso historial patriótico y viven todavía en el seno de esta patria que las dos ayudaron a conquistar.

GABRIELA DE VARONA “La Golondrina”

Benemérita patriota era la golondrina. Nombre por el cual era conocida por los revolucionarios entre las mujeres cubanas que más servicios prestaron a la causa de Cuba, la que seguramente mayores penalidades sufrió y tal vez la que más ingratitudes recogió perseguida desterrada y sus bienes embargados. Luchó sin descanso sobreponiéndose a tantas desdichas. Sobre ella escribió el doctor Rodríguez García lo siguiente: Era Varona y era camagüeyana con eso queda dicho todo. En la revolución de Yara salió al campo con su familia y en ella perdió a su padre, a su esposo y a sus 3 hermanos. Al terminar aquella guerra no quedaba un hombre vivo en su familia.

En el 95, cuando pocos confiaban en el éxito de la empresa comenzada, su casa fue un centro de conspiración. De allí salió el Marqués al campo, sin temor a los peligros de todos los días. Sus servicios constantes como agente de la revolución y su actividad alcanzaron el grado de eminentes. Denunciada al fin estuvo presa en Las Recogidas y al recobrar la libertad continuó trabajando. En la paz, jubilosa por el hecho de ver a Cuba independiente, sin pedir nada, necesitándolo todo y arrastrando una vida de grandes miserias, terminó sus días en la ciudad de Camagüey.

ROSALÍA GARCÍA OSUNA, VIUDA DE LAMAS

Era modelo de virtudes, educadora incansable, sembrando en todos los corazones honor y patriotismo. A estos empeños consagró todas sus energías. Los atropellos de que fue víctima fueron innumerables. Grandes sufrimientos por la causa de la patria cuando era también el deber de los patriotas y lo cumplió sin vacilar, como madre y como cubana.

Contaba 64 años en 1897, cuando los esbirros del Gobierno español hallaron su hogar en Guanabacoa. Se cuenta que postrada, casi inválida tuvo a raya a los miserables imponiéndoles su superioridad. La condujeron a la jefatura de Policía en La Habana y después la encerraron en la Real Casa de Recogidas durante algún tiempo. Expulsada fue a Key West a continuar laborando por la independencia. Dio a la patria cinco servidores en el campo insurrecto; dos no regresaron de la guerra. Fueron dos duros golpes sucesivos que podían rendir al espíritu más fuerte, pero a ella no. Se mantuvo firme y así esperó el día de la redención de Cuba, objeto de sus afanes más claros.

ANA SOTOLONGO

Virtuosa dama, patriota distinguida, Ana Sotolongo prestó grandes servicios a la revolución del 95 y sufrió martirios indecibles. Los antiguos dominadores la tuvieron presa durante quince meses en Las Recogidas. Estando enferma logró escaparse del Hospital de Paula y cuando se creía alcanzando la forma de salir de Cuba ayudada por un cubano que creía leal a nuestra causa, fue entregada por este a la policía. De resultas de su prisión contrajo cruel enfermedad. Bajó al sepulcro, en esta misma ciudad de La Habana, el día primero de febrero de 1900.

LORETO CASTILLO DE DUQUE DE ESTRADA

Viuda del coronel Esteban Duque de Estrada. Residía en La Habana, sostenida por una escuela de primeras letras en la que la auxiliaban sus hijos Herminio y Lola. Laborante en contacto constante con los cubanos en armas, algunos de los cuales habían sido sus discípulos, fue denunciada a los esbirros de Weyler y tuvo que emigrar a México. Allí vivió al lado de su hijo político Francisco Aguirre, pudiendo de este modo escapar en aquellos terribles días. Murió el 24 de agosto de 1900, sin haber tenido la satisfacción de ver a su patria enteramente libre, como soñaba aquella noble cubana que la sirvió con lealtad y sin alardes de sus inmensos méritos. 

BLANCA TELLEZ DE CASTILLO

Hija de Bayamo, desterrada en Jamaica desde los días de la guerra grande, siguió laborando en la inmigración y cuando estalló la contienda última por la independencia, se le vio en primer lugar. Trabajando siempre denodadamente y con supremo valor, ayudó a sus compatriotas en la expatriación, sirvió a la revolución y decía a todo cubano que podía empuñar un fusil. ¿Qué hace usted aquí?, sus hermanos están peleando en la manigua. Su puesto está en las filas de los libertadores, corre a engrosarlas. Era una espartana, jovencita había abrazado la causa de la libertad y asistió al incendio de Bayamo, la inmortal.

MARÍA AGUILAR

Criada en un ambiente de patriotismo muy joven. Al comenzar la guerra de 1895 fue una entusiasta revolucionaria, prestando innumerables servicios a la causa cubana. Encerrada en la cárcel de Camagüey y trasladada a la Casa de Las Recogidas en La Habana, fue expulsada del país finalmente. Ella era una de las que venían de Camagüey en aquella famosa cordillera de fresas, en la que figuraba también Concha Agramonte, madre de Eugenio, Armando, Calixto y Benjamín Sánchez Agramonte, que estaban en el monte; Ángela Malvina Silva, esposa de Lope Recio Loynaz, Eva Adam Rodríguez y Gabriela de Varona, esta última como nuestra biografiada, perteneciente a una distinguida familia de mártires.

JOSEFA FERNÁNDEZ VIUDA DE LEÓN

Si grandes fueron sus servicios en la guerra grande, mucho más valiosos fueron los que hubo de prestar a pesar de sus años en la guerra del 95. Llevaba al campo correspondencia, medicinas, ropas y pertrechos de guerra para los revolucionarios. Personalmente llevó a sus hijos a la guerra, mientras ella era agente del regimiento Goicuría en La Habana. Descubierta el fin, ambuló por el Vivac, La Cabaña y la Casa de Las Recogidas y sometida a un consejo de guerra, fue condenada a muerte, sentencia que se hubiera cumplido de no haber cesado tan inopinadamente la soberanía española en esta isla. El Ateneo y Círculo de La Habana en unos Juegos Florales celebrados en mayo de 1908, le concedió el Premio del Patriotismo. Murió en La Habana, su ciudad natal, el día 22 de julio de 1911.

ISABEL MACHADO DE ARREDONDO

La vida apacible y feliz de su hogar, decía Carolina García de Coronado, como la de miles de cubanos, se trocó en azarosa al estallar la revolución del 95, sus 3 hermanos marcharon a la guerra y ella, con Martina Lorda y otras damas más, formaron un club patriótico que erró de ciudad en ciudad: Santa Clara, Sagua y Colón a su turno en la guerra de los diez años.

El año 1895 emigró a Cayo Hueso y en los periódicos de Nueva York como “Cuba y América”, “Patria” y otros, hizo campañas por la libertad de Cuba de manera fervorosa, como tomaba siempre a su cargo las causas justas.

Después de la guerra retornó a La Habana, anciana y sin recursos, pero siempre serena y valerosa arrastrando los azares de la nueva vida que para ella entonces comenzaba. Murió en La Habana el 21 de febrero de 1919.

CARMEN CANCIO BELLO

Esposa del General Lino Pérez, fue una de las mambisas que más sufrieron en la manigua por las causas de Cuba libre. Era espirituana. Con sus padres primero en la guerra grande, estuvo en el campo insurrecto y sufrió heridas graves en un asalto de las tropas españolas en el que resultó muerta su pobre madre. El padre y los hermanos continuaron en la guerra. Poco después conoció al coronel Lino Pérez y un prefecto santificó la unión de aquellos patriotas. En el 95 ya era brigadier su esposo y el 7 de julio se fue al campo. Ella y su hijo le siguieron enseguida. En lo más terrible de la guerra en 1897, gravemente enfermo su marido, la delación de un presentado trajo a los españoles hasta el lugar donde estaban y fueron llevados a Sancti Spíritus. Allí fueron exhibidos. Unos meses en la prisión hasta que al llegar el general Blanco fue puesto en libertad. Insurrectos de pura cepa volvieron al campo, terminando la campaña en las filas del Ejército Libertador.

FIDELINA MARQUETTI

Era esta fervorosa patriota, la madre de los valientes coroneles del Ejército Libertador Manuel Vicente y Mario Díaz Marquetti, que primero en Güira de Melena y después desde esta ciudad de La Habana, no descansó un instante en sus esfuerzos para enviar ropa, víveres y medicinas a sus compatriotas de la provincia habanera durante los tres años de la última guerra por la independencia, empresa erizada de peligros, especialmente en la época sangrienta del general Weyler.

TOMASA SOCARRÁS DE FIGUEREDO

Patriota ejemplar en la inmigración durante la guerra del 95. Tomasa mantuvo encendido en todas las almas cubanas el fuego sagrado del sacrosanto ideal. Su hogar era la casa de todos los buenos cubanos. Señalaba a sus compatriotas el camino del deber y a pesar de sus años, se le veía solícita haciendo el bien por Cuba y suspirando por volver al viejo solar bayamés. No pudo ver realizado su sueño. Ya en vísperas de verlo realizado, falleció en la ciudad floridana en el mes de agosto de 1898.

Fue Tomasa Socarrás, una de esas cubanas estoica que vieron impávidas arder sus casas en el incendio de Bayamo antes que sus propiedades cayeran en poder de los tiranos. Y al levantar en suelo amigo pero extraño, nuevo hogar, no la amilanó el cúmulo de adversidades sufridas antes de ver coronados sus esfuerzos. Era la madre del integérrimo patricio Fernando Figueredo Socarrás, Secretario que fue del Gobierno provincial establecido en la manigua cubana después de la protesta de Maceo en Baraguá, Subdelegado de la Revolución Cubana en la Florida, durante toda la guerra de 1895.

MANUELA CANCINO DE BEOLA

Eran Manuela, Micaela y Mercedes Cancino, las nobles señoritas, modelo de abnegación de caridad y de grandeza de alma, decía Manuel Sanguily, hijas del Coronel Carlos Cancino de las fuerzas de Manzanillo. En la epopeya de Yara. Manuela era maestra y a ratos hacía versos. Era realmente una poetisa inspirada. Después de aquella larga lucha, siguió en su escuela y atendía una escuela en Campechuela, Oriente al estallar la revolución del 95. Era adoradora ferviente del ideal separatista, conspiraba y fue detenida y presa en Las Recogidas desde el principio de la guerra. Libre ya Cuba, en enero de 1900, enfermó gravemente. Su enfermera fue Luz Noriega de Hernández, todo un poema de ternura, de anegación y patriotismo. Falleció el día 8 del propio mes de enero, desprovista de toda clase de recursos, muy pobre y dejó a su hija en la mayor miseria.

MARÍA HIDALGO SANTANA

Muchos soldados de la independencia la recordaban del famoso combate de “Jicarita”. Era teniente, abanderada y sostuvo en toda aquella gran batalla, con sus brazos y un heroísmo magnífico la enseña mambisa, que alcanzó siete balazos. Esta cubana bravía se fue a la manigua el día de Nochebuena del año 1895, militando en aquellos primeros días a las órdenes del comandante Ignacio Pérez Fundora. En el 96 pasó a las fuerzas de Matilde Ortega (“Sanguily”) de la Brigada del General Eduardo García. El grado se lo dio Maceo a propuesta de Lacret por su valentía en “Jicarita”. Es fama que en aquel reñido encuentro, el general Lacret consumió casi todo el parque que trajo la expedición de Ricardo Trujillo. Esto dice por sí lo sangriento de la acción.

La hoja de servicios de esta mambisa que fue María Hidalgo es una de las más brillantes de las fuerzas de Matanzas. Militaba y combatía como los hombres, sus compañeros aguerridos y contra las fuerzas de los generales españoles Molina y Pavia se batió en el Pan, el Ohito, al sur de Alacranes, en el Purgatorio, en el antiguo Ingenio Vellocino de Sabanilla, en “La Yuca”, Jagüey Grande, donde recibió heridas graves; – contra la guerrilla de Cossio, de la ciudad de Matanzas; entró en los pueblos de Bolondrón y Vieja Bermeja. Su actividad fue siempre grande y los jefes, bajo cuyas órdenes peleó por la libertad de su patria fueron los más bravos de su provincia, como Clemente Gómez, Matilde Ortega, Eduardo García, Aurelio Sanabria, Lacret, Vicente Jorge y Eustaquio Morejón. María Hidalgo, una mujer joven al marcharse a la guerra, fue uno de los grandes valores que han pasado anónimos y sus luchas y sufrimientos en los campos de la revolución por la libertad de Cuba olvidados totalmente. ¡Honor a la abanderada de “Jicarita”!

ANGELA GONZÁLEZ TORT

Era de Fray Benito en Gibara, Oriente. A los 16 años se lanzó a combatir por la independencia de Cuba. El general Remigio Marrero la nombró abanderada y ya la amadísima bandera, nos dice su biógrafo, fue en vida, su túnica; en la muerte, su sudario. 

Abanderada y enfermera fueron las dos nobles misiones a que se entregó con brío sereno, con valor innegable. Contrajo matrimonio en la manigua y a poco su marido es hecho prisionero del enemigo. Entonces se impone la misión de salvarlo de la muerte segura ante el piquete de fusilamiento y lo consigue. 

La esposa del General March, Jefe Militar entonces del distrito de Holguín la ayuda en mucho. El general Blanco indulta a su esposo sin compromiso alguno en que el honor pudiera quedar en entredicho y los dos marchan de nuevo a combatir por la independencia de la patria en aquel mismo lugar de donde salieron en día aciago. Reanudó sus deberes abandonados un tiempo y no falló ni flaqueó nunca. Su hoja de servicios a la República mambisa es una de ejecutoria brillante y conducta sin reproches. El 26 de febrero de 1946 terminó aquella vida ejemplar, luminosa, honesta y pura.

CARMEN GUTIÉRREZ

Patriota de actividad y abnegación incomparables. Culta y distinguida villareña, que prestó incalculables y valiosos servicios durante nuestra última guerra y de modo excepcional, en los días cruentos, cuando el desaliento y el escepticismo reinaban por todas partes. Restando fuerzas a la magna obra empeñada.

DOLORES CASTELLANOS

A los 20 años ya laboraba en el club separatista fundado en el Cayo desde 1892, “Protectora de la Patria”. Presidenta de honor del Club revolucionario Santiago de Las Vegas, en premio al concurso moral y material que había brindado a dicha institución patriótica. Amiga de Martí, evocaba su recuerdo, anciana ya, olvidada de todos, oprimida por los años y su pobreza.

ROSARIO MENOCAL

Distinguida cubana, patriota, conocidísima como su hija que fue Ana María Menocal de Blanck, que en la guerra grande, como en la del 95, prestó eminentes servicios a la santa causa de la Patria.

LUISA LLERENA DE IBERN

Excelente cubana, para quien la patria en el fondo de su alma y el hogar lo era todo. Ante ella, “oficiaba cual fiel sacerdotisa envuelta en la luz de sus amores”.

MARÍA SIERO

Una mambisita que nació el año 1896 en la manigua de Pinar del Río. Fue hecha prisionera en los brazos de su heroica madre. Fue bautizada en la Real cárcel de La Habana y empezó a caminar en otra real cárcel, la Casa de Las Recogidas. La historia de la revolución cubana, decía Manuel Márquez Sterling, es muy larga y no se ha escrito el libro de las cubanas que se distinguieron a lo largo de la cruenta lucha cubana hasta ver lucir sobre el suelo de Cuba el sol de la independencia, es muy voluminoso y no se ha hecho. 

En las románticas evocaciones de ese pasado que no muere, vivirán siempre los nombres preclaros de esa gran legión de heroínas de la manigua o de la inmigración y de aquellas que silenciosamente expusieron la libertad y la vida en las labores de la conspiración como auxiliares de los revolucionarios en los pueblos y ciudades de la isla esclava. 

Entre otras, además de las citadas anteriormente, recordemos a las venerables Lucía Íñiguez y Juana Sandrino que laboraron en el club revolucionario “Mariana Grajales”, de Tampa con bríos de juventud; Leocadia Bonachea, Suna Echemendía, Blanchie Z. de Varal, Laura G. de Zayas Bazán y Carmita Millares del “Club Patria”; Amparo López Callejas, Hortensia Lechuga; A. Campi de Grillo; Rafaela Pavón de Ramírez, Candelaria Figueredo, que en la otra guerra había sido la abanderada de Bayamo. Cecilia Porras Pita poetisa inspirada y patriota; Isabel Velasco Cisneros, sobrina del Marqués de Santa Lucía, Angelina Miranda de Quesada, Dolores Portuondo de Núñez, Emilia Llorens y su hija Teresa, que acompañaron a sus padres en la manigua; “Pepa” Pina, la abnegada esposa del inolvidable paladín Serafín Sánchez; Corina Rodríguez de Baxter, Eugenia Suárez García, Ángela y Melitina Azpeitia, Esperanza Chappottín e Irene de Cárdenas de Key West;  Dolores Roldán de Domínguez, que llena con sus hechos toda una época, y Candelaria Acosta, una tierna niña en la gloriosa Aurora de “La Demajagua” y mambisa con su hijo en la serranía oriental en el 95. 

Para ellas y para las otras que aquí involuntariamente no aparecen, vayan las flores de nuestra simpatía y el homenaje de nuestros recuerdos.

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