La cadena televisiva mexicana Azteca TV, en un amplio reportaje difundido hace unos días, informa que la ayuda humanitaria que con tanta publicidad enviara a Cuba la presidenta Claudia Sheinbaum está siendo vendida en las tiendas cubanas en dólares. Otro engaño más del régimen comunista a sus benefactores y al pueblo cubano. El propósito y la intención era ofrecerle una asistencia alimentaria gratuita, humanitaria, a un pueblo que sufre, entre otras muchas cosas, hambre. Así lo pregonaba estridentemente al mundo el gobierno de México. Se empleaban incontables horas por radio y televisión gritando, hasta el ronquido, los lazos de compenetración e identificación ideológica – “sociocomunista”- entre ambos países.
¿Sorpresa? En lo absoluto. La presidenta Sheinbaum sabía con la clase de tránsfugas renegados con los que estaba negociando. Ella no podía ignorar que por muchos años el petróleo que su México les regalaba, ellos vendían parte del mismo -al igual que el de Venezuela- a países asiáticos, aunque la población cubana sufriera apagones y carencia de energía para sus necesidades. Pero, para la señora Sheinbaum, la fidelidad al nexo ideológico era superior a cualquier otra consideración.
El reportaje de Azteca Televisión muestra entrevistas en La Habana, Matanzas, y otras ciudades, en las cuales los encuestados afirman que no han recibido, ni visto, ni sabido, que el gobierno ha distribuido nada gratuito a la población; pero lo que saben es que los productos llegados de México se están vendiendo en las tiendas controladas por el consorcio militar GAESA, solamente en dólares.
El periodista que produjo el reportaje, Rodrigo Lema, afirma que lo que zarpó de México como gesto de caridad hacia el pueblo de Cuba, se convirtió en negocio al llegar a la Isla. Frijoles y productos de primera necesidad, donados por el gobierno mexicano, hoy se venden en Cuba en dólares, lejos del pueblo al que iban destinados. Otro testimonio, dentro de la información, reporta que varios entrevistados en la ciudad de Matanzas, afirman que, diversas tiendas, cuyos anaqueles permanecían vacíos, mostraban, sorpresivamente, productos mexicanos a la venta después del arribo de los dos buques procedentes de México con la ayuda humanitaria. Eso sí, el pago, tendría que ser en dólares.
Las imágenes mostradas en la información de Azteca Televisión en México, muestran que, en las tiendas controladas por los militares, se vende una libra de frijol negro por $2.95 así como otros tantos productos como papel higiénico, jabón, desodorante, etc. a precios exorbitantes, implícitamente inaccesibles para la población común. Pero nada de esto es nuevo. Es la práctica permanente de un sistema que ha cultivado, con inusitado cinismo, la técnica de la duplicidad: por un lado, la arrogancia soberbia, y por el otro, la victimización pordiosera. Ahora, en su penúltimo aliento, le tocó explotar al máximo -como recurso final- el pordiosear victimizado, y algunos países, conmovidos, en solidaridad humana, se aprestaron a suministrar alimentos y bienes de consumo y aseo. Estados Unidos envió varias toneladas distribuidas por la Iglesia Católica en Oriente. Otros también lo han hecho en menor cuantía. Pero México lo hizo en espléndida magnanimidad. Aplausos para todos.
La diferencia estriba no en el gesto- sin duda plausible- sino en la forma. Las donaciones ajenas a México se hicieron a través de instituciones privadas para garantizar su entrega; pero México, es decir, su presidenta, decidió entregar más de dos mil toneladas de insumos al gobierno, y ahí radicó el error que condujo al fraude.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, y una consumada ideóloga izquierdista, quiso ser, más que generosa, pragmática, donando a Cuba alimentos, y otras chucherías para consumo personal, quedando bien con los cubanos de a pie, y a la vez, mostrando su solidaridad con sus allegados hermanos comunistas en el poder, enviándoles los cargamentos para que ellos, por su cuenta, libremente, los distribuyeran gratuitamente. Así, quedaba bien con Dios y con el diablo, aunque éste, al final, se quedara con la mayor parte.
Sin embargo, atendiendo a sus antecedentes históricos -muchas veces repetidos- era presumible, casi profético, el resultado: el gobierno entregaría una parte mínima y lucraría con el resto. Era su acostumbrado modus operandi mediante el cual había sobrevivido por los últimos dos tercios de siglo.
Como ya no le queda nada de prestigio, vergüenza, o respeto propio, la opinión del mundo le importa un bledo. Tenía que ganar tiempo en su inevitable desmayo final con la esperanza de lo inesperado. Quizás -pensaba la cúpula- algo trascendental ocurrirá y de nuevo seremos rescatados. Pero ya es muy tarde. No hay remedio posible. Cuba, su pueblo y su gobierno por igual, llegaron al final de la ruta. No hay más camino caminante. Se hace el camino al andar, y será nuevo y muy distinto para el bien de todos.
Y es, desde la Casa Blanca, en la propia voz del presidente Trump, donde se anuncia el nuevo camino para Cuba que viene con la liberación de los cubanos en el lumbral de una nueva era de bienestar y prosperidad.
Ésa es la ayuda que los cubanos necesitan, no las migajas de Claudia Sheinbaum de pan para hoy y más hambre para mañana. O gestos demagógicos que sólo alivian la presión para que la tiranía pueda continuar con la imposición de un sistema fallido, en nombre de una ideología fracasada, que tanto admira la presidenta de México.
Porque, al contrario de la opinión y entusiasmo de la señora Sheinbaum, Cuba es, y ha sido, por años sin fin, la Ergástula Mayor en nuestra América Hispana.
¿Por qué?
Porque el comunismo, diga lo que diga, ofrezca lo que ofrezca, va contra el elemento fundamental, consustancial al hombre, que es la libertad.
Y, desde el pedestal de este concepto, atesorado en el corazón de los hombres de buena voluntad, se trabaja en Washington, por primera vez en más de sesenta años, para corregir esta monstruosa anomalía que desmoralizó y atomizó a la sociedad cubana hasta un punto irreconocible.
No estamos solos. Esta vez- ya lo veremos- no estamos solos.






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