Capítulo IV
Por J. A. Albertini, especial para LIBRE
Rodeado de ajenos, capitaneados por Celedonia Celedón, Ovidio Oviedo dejó el templo.
Ya afuera, al ver que tomaban un derrotero diferente, señaló.
—Este no es el camino a casa.
Por respuesta muda obtuvo un leve empujón de hombros.
—Se equivocan yo vivo en la calle Juan Bruno Zayas.
Celedonia Celedón, a medias sin aminorar el paso, se volvió y corrigió.
—No hay equivocación. Vas a un mejor lugar.
—Yo quiero ir a mi casa -reclamó.
—Imposible. Son órdenes del Guía en Jefe. Créeme vas a estar en un mejor lugar.
—Mi casa es el mejor lugar. Allí está mi familia -replicó» extrañado.
—No puedes, por ahora, volver a tu casa. Estás enfermo y el mal es contagioso. Por un tiempo hay que aislarte.
—¿Enfermo de qué…? -dijo suspicaz-. Me siento perfectamente bien.
—Has contraído la plaga. Epidemia ideológica, aparentemente asintomática, pero con alta posibilidad de contagio verbal. Por eso, hasta que mejores, hay que aislarte -mintió Celedonia Celedón.
—¡Qué estupidez! ¿De qué hablas? -reclamó.
—Calla y obedece. Para ti no hay retorno -resolvió, amenazadora.
Nadie, por un tiempo, tuvo noticias de Ovidio Oviedo. Celedonia Celedón, cuando los familiares indagaron por su paradero, en nota escueta, informó que el ciudadano Ovidio Oviedo, se encontraba aislado y bajo supervisión profesional ya que había contraído un virus epidémico con características de convertirse, si no se atajaba a tiempo, en azote social.
Días después, una segunda nota informaba que el ciudadano Ovidio Oviedo había sucumbido, a la enfermedad y que como medida de seguridad higiénica quedaban prohibidas las reuniones de más de dos personas y dudar, verbal o mentalmente, del porvenir inminente.
Pronto, sectores de la ciudadanía, a medida que la ponzoña encontraba víctimas, comprendieron que la plaga tenía particularidades de endemia ideológica, ya que enfermaba, solamente, a aquellos que el Guía en Jefe y sus acólitos consideraban nocivos para la salud de los arquitectos y constructores del porvenir.
Y fue la etapa en que se disparó, primero el aislamiento social seguido luego por la muerte. Fue la época de la radicalización total de la doctrina del Guía en Jefe y sus adeptos. Fue la época en que el cementerio de Santa Clara tuvo que ampliarse con prisa improvisada, debido a que los fallecimientos diarios fueron tantos que hasta de fosas comunes y capas de cal se hablaba en susurros de pánico.







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