En olor de lluvia

Written by José A. Albertini

27 de enero de 2026

Capítulo IV

Por J. A. Albertini, especial para LIBRE

—Acepto el cuerpo de mi consagración y lo comparto con ustedes. Esta es la jicara de mi sangre dulce que extiendo y paladeo con los habitantes de la Gloriosa Santa Clara a los que sirvo y conduzco al inmediato y resplandeciente futuro al que consagro mi talento y esfuerzo—. Tragó el trocito de cazabe y apuró el vino.

Se lo tomó a cuncun, observó Florencio Flores.

El órgano y el coro retomaron bríos: Con flores al Guía en Jefe que nuestra luz hacia el futuro es. Aquí nos tienes Guía grandioso, postrados a tus pies. Venimos a ofrecerte las flores de este suelo. Con amor y esperanza rogamos apresures el cambio que nos das…

En medio de la alabanza que se repetía y repetía la sustituta de Piedad Piedra alentó a los once del ayer.

—¡Arriba jóvenes! -Formen una fila y rindamos tributo al Guía en Jefe.

En el mismo orden del ayer se formó la fila.

Por mucho que el Guía en Jefe trate de recrear el pasado, somos once. Falta el mismísimo Candelario Candela, Florencio Flores pensó.

Y como si su pensamiento hubiese sido adivinado, para asombro general, el sitio fue ocupado por una réplica de Candelario Candela que, airando la niñez de entonces, desentonaba con los adultos del momento.

—¡Niños, canten con regocijo…! 

-imperativa mandó la apócrifa Piedad Piedra.

Con flores al Guía en Jefe que nuestra luz hacia el futuro es…

Más alto que así halagamos a nuestro Guía en Jefe…

Aquí nos tienes Guía grandioso, postrados a tus pies. Venimos a ofrecerte las flores de este suelo… Y aumentaron las notas musicales.

Con mansedumbre, al pasar frente a la poltrona, las flores fluyeron a los pies del Guía en Jefe. De imprevisto, quebrando la solemnidad impuesta, se escuchó una risotada al tiempo que una flor mariposa, lanzada juguetonamente, rozó el rostro del Guía en Jefe. La ceremonia de tributo se bamboleó y atónitos Florencio Flores, Rosalía Rosado y el resto, supieron que el infractor había sido el intelectual e historiador local Ovidio Oviedo. Ajenos, esparcidos por el templo, corrieron a detenerle.

El Guía en Jefe, con ojos de acecho y forzando una sonrisa conciliadora se puso en pie y detuvo la acción.

—¡No lo toquen! -Aquí no se repetirá el bochornoso tratamiento que recibió el inocente Candelario Candela-. Ovidio aproxímate -pidió conciliador y tomó distancia del niño que fue.

Ovidio Oviedo sin cesar de reír, e inocente de que asumía el rol del primer opositor a los planes del porvenir, se arrimó a la poltrona.

—¿A santo de qué viene esa risa…? -y la voz del Guía en Jefe fingía franca curiosidad.

Temas similares…

Pintando a Martí

Pintando a Martí

Desde el siglo XIX, la imagen de José Martí ha sido inmortalizada por numerosos pintores de Cuba y de diferentes...

0 comentarios

Enviar un comentario