En memoria de Ángel Manuel (Manolo) Benítez

Written by Libre Online

3 de marzo de 2026

Señor Director de LIBRE:

Recientemente recibí un correo del señor Eduardo Barreto, sobrino político de Ángel Manuel Benítez, en el que me informa del fallecimiento de su tío Ángel Manuel Benítez.

El mensaje comienza así:

Señor Álvaro Álvarez:

No sé si me recuerda, pero usted escribió un artículo sobre la reunión de los Makasi en diciembre y, poco después, publicó una nota sobre mi libro Rebelde con causa.

Le contacto hoy con una noticia triste: mi tío falleció el pasado 20 de febrero. En su memoria, he escrito un texto que me gustaría compartir con usted, con la esperanza de que pueda ser publicado.

Mi tío hablaba muy bien de usted y siempre me hacía llegar los ejemplares de LIBRE; sé que le haría mucha ilusión aparecer en sus páginas una última vez.

A continuación el obituario escrito por Eduardo Barreto

Hay personas que enseñan con tiza y otras que enseñan con el ejemplo—y a veces una caja de herramientas. El pasado 20 de febrero nos dejó mi tío Manolo, Ángel Manuel Benítez, un hombre que fue muchas cosas para muchas personas, pero para mí fue el mejor maestro que la vida pudo otorgarme.  

En un mundo de objetos desechables, él me enseñó que todo tiene arreglo si se tiene la paciencia necesaria y la herramienta adecuada. De su mano aprendí que pintar una pared requiere técnica, que un taladro exige respeto y que cualquier problema, manual o existencial, no debe intimidarnos, sino desafiarnos a buscar una solución. Llenó con su ingenio los vacíos de mi propia historia—y fue como un padre para mí—enseñándome a ser el “ingeniero” de mi propio hogar. En sus últimos años, nuestra relación de maestro y alumno cambió cuando me confió su historia para escribir su biografía, dándome con sus recuerdos lecciones de su vida. 

Mi tío fue parte de los guerreros Makasi, un pequeño grupo de exiliados cubanos enviados por la CIA al Congo en 1964 para combatir el avance comunista. Allí, en el corazón de África, tío no solo portó armas, pero también su convicción. Participó en el rescate heroico de misioneros y sus familias en Stanleyville, una misión que no buscaba medallas, sino salvar vidas. Durante 50 años, esa historia permaneció en los márgenes, esperando por mí a que la escribiera.

Escribir su biografía, Un Rebelde con Causa, fue mi mayor escuela. Al investigar su vida, no solo encontré batallas y misiones; encontré a un hombre que entendía que los valores se defienden; un hombre que me enseñó que la historia no solo la hacen las personas famosas, sino aquellas que se echan encima el peso de la vida con valentía. 

A Ángel Manuel le sobreviven su amada esposa, Mercedes, y el resto de su familia, quienes guardamos su memoria como nuestro tesoro más preciado.

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