En Cuba se construyó el primer teatro de Hispanoamérica para cantar Óperas

Written by Alvaro Alvarez

24 de febrero de 2026

La ópera ha estado presente en Cuba desde fines del siglo XVIII, cuando fue construido en 1775 en La Habana el primer teatro apropiado para ese tipo de representaciones, llamado Coliseo. 

Ubicado al final del paseo intramuros conocido como Alameda de Paula, ocupó el espacio donde se cruzan las calles Acosta, Luz y Oficios. Sus obras se extendieron por dos años, dirigidas por los ingenieros Antonio Fernández de Trebejo y Luis Bertucat.

En 1788, el teatro se hallaba en tan mal estado que el Cabildo ordenó su cierre para hacer una reparación capital. Sus puertas reabrieron en 1803 con el nombre de El Principal, que se mantuvo en funciones hasta 1846, cuando quedó devastado tras el azote de un ciclón. 

Desde entonces, el pueblo cubano ha disfrutado de ese género y muchos compositores lo han cultivado, cosechando en ocasiones gran éxito a nivel internacional. 

El primer evento documentado de una representación lírica en Cuba se llevó a cabo en ese teatro de La Habana, en 1776. 

Esa presentación fue mencionada en un anuncio colocado en el diario habanero Diario de La Habana el 19 de diciembre de 1815, donde decía: “Hoy miércoles 19 del corriente, si el tiempo lo permite, se ejecutará a beneficio de la Sra. Mariana Galino, la nueva ópera trágica del primer mérito en tres actos, que contiene 17 piezas de música titulada Didone Abbandonata.

Es uno de los primeros dramas del teatro francés. En el italiano mereció singular aplauso el que compuso el célebre Pietro Metastasio, y se cantó en esta ciudad el 12 de octubre de 1776”.

Aunque con música de autor desconocido marcó el inicio de una efervescencia musical por el género extendiéndose a varias ciudades del país, como Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba y atrayendo a artistas y compañías reconocidos de España e Italia.

Didone Abbandonata (Dido Abandonada en español) es un libreto en 3 actos de Pietro Metastasio. El primer libreto original del autor, Didone Abbandonata fue escrito en 1724 para el compositor Domenico Sarro.

El 9 de agosto de 1807 apareció una nota en un periódico habanero que anunciaba: “En esta imprenta se haya el Drama Lírico heroico titulado América y Apolo que ha de representarse en este teatro”.

La ópera, opereta y zarzuela fueron los espectáculos preferidos por los cubanos durante muchísimo tiempo, predominando el estilo italiano por encima de los demás. Sobre todo, lo que muchos especialistas nombran verista, teniendo dentro de ese género, en Verdi y Puccini los compositores de mayor atracción, mientras que Wagner era visto como un compositor difícil y anti melódico.

Muchas de las obras de Giuseppe Verdi (1813-1901) y Giacomo Puccini (1858-1924), en el mismo año de su estreno en Italia se presentaban en La Habana.

El 8 de septiembre siguiente tuvo lugar el estreno de la obra anunciada en el antiguo Teatro Coliseo, que ya había cambiado su nombre al de Teatro Principal. 

Esta es la primera obra lírica compuesta en Cuba de la cual se tiene noticia y su autor fue el Capitán del Regimiento de Infantería de La Habana, Manuel de Sequeyra y Arango. La pieza era en realidad una acción dramática al estilo metastasiano. Una composición breve con dos o tres personajes, en la cual intervenía el coro ocasionalmente. 

Desde 1810 a 1832 actuó en La Habana una compañía lírica española que presentó varias óperas, entre las cuales se encontraban las llamadas Las Cuatro Columnas del Trono Español y El Mejor Día de La Habana.

En 1811 arribó a esa ciudad otra compañía española, entre cuyos integrantes se encontraban la soprano Mariana Galino, la contralto Isabel Gamborino, el tenor Juan Pau, y el compositor italiano Stefano Cristiani. Este y otros compositores como los españoles Manuel Antonio Coccó y José Serrano, desarrollaron una gran actividad creando, así como produciendo y dirigiendo óperas en La Habana, entre los años 1815 y 1832. 

Cristóbal Martínez Corrés fue el primer compositor cubano de óperas, pero sus obras, El Diablo Contrabandista y Don Papanero, nunca llegaron a ser estrenadas y no se han conservado hasta el momento presente. 

Nacido en La Habana en 1822, el compositor y pianista Martínez se radicó en Francia con su familia a los nueve años y posteriormente se trasladó a Italia. Debido a su muerte temprana, una tercera ópera llamada Safo, nunca pasó más allá de una etapa creativa incipiente. Martínez Corrés falleció en Génova, en 1842. 

Entre los compositores operáticos que laboraron en Cuba durante la primera mitad del siglo XIX podemos mencionar a los españoles José María Trespuentes y Narciso Téllez, así como al italiano Enea Elia. 

También debemos mencionar a dos reconocidos compositores italianos, los cuales arribaron muy jóvenes a La Habana para trabajar como instrumentistas durante la temporada de 1846-1847, y permanecieron en Cuba durante varios años. Uno de ellos, Giovanni Bottesini (1821-1889), compuso en la Isla su primera ópera, llamada Cristoforo Colombo (Cristóbal Colón) en 1847, con libreto de Ramón de Palma y el otro compositor, Luigi Arditi (1820-1903), estrenó también su ópera Gulnara o El Corsario con libreto de Rafael María de Mendive (el maestro de José Martí) sólo cuatro días después de la de Bottesini. 

Su vinculación con las temporadas de ópera en Cuba se mantuvo desde 1846 hasta 1851, cuando dirigió la orquesta del Teatro Tacón de La Habana, que era en ese momento el más grande de América y tercero en el mundo y donde también fungirían como directores de la orquesta.

El pianista y compositor norteamericano Louis Moreau Gottschalk vivió en Cuba desde 1854 hasta 1862 y allí desarrolló un importante trabajo como intérprete, director y compositor. Gottschalk utilizó elementos de estilo afrocubano en obras con formas complejas, tales como el Capricho sobre el tema del Cocoyé, así como en una ópera titulada Fiesta Campestre Cubana. ​

Sobre esa ópera dice Gottschalk en sus memorias: “Dos meses más tarde (basado en la oferta que me hizo el general en jefe de poner a mi disposición todas las bandas militares) tuve, como les cuento, la idea de brindar un gran festival, y llegué a un arreglo con el director de la compañía italiana, entonces en posesión del Gran Teatro Tacón. Un contrato en el cual se comprometía a proveer los solistas principales, todos los coros, y la orquesta completa, con tal de obtener una ganancia con el resultado. Me dispuse a trabajar y compuse, basado en unos versos en español escritos para mí por un poeta habanero, una ópera en un acto titulada Fête champêtre cubaine (Fiesta campestre cubana)”.

Es muy probable que Fiesta Campestre Cubana sea la primera ópera que incluyó elementos de la música autóctona de Cuba, ya que en ella se percibe claramente el ritmo de habanera-tango que tanto había utilizado anteriormente Gottschalk en otras piezas de estilo cubano. 

Al respecto dice Cristóbal Díaz Ayala: “Escenas Campestres plantea el problema de si fue o no la primera ópera cubana; mientras Saumell pensaba para su Antonelli un libreto en italiano, Escenas Campestres está hecha en español y la música tiene indudablemente un cierto sabor criollo. Pero los críticos, aún de la época, y posteriores, silencian el hecho”.

Gaspar Villate y Montes nació en La Habana en 1851 y desde muy temprana edad dio muestras de poseer gran talento musical. Comenzó de niño a estudiar piano con Nicolás Ruiz Espadero y ya en 1867, con sólo 16 años compuso su primera ópera sobre un drama de Victor Hugo, titulada Angelo, Tirano de Padua. 

Un año más tarde, al comenzar la guerra en 1868, viajó a los EE.UU. con su familia y al regresar a La Habana en 1871 compuso otra opera llamada Las Primeras Armas de Richelieu.

Villate viajó a Francia con el propósito de continuar sus estudios en el conservatorio de París, donde recibió clases de Francois Bazin, Victorien de Joncieres y Adolphe Danhauser.

Él compuso numerosas piezas instrumentales como contradanzas, habaneras, romanzas y valses y en 1877 estrenó con éxito su ópera Zilia en París, la cual fue más tarde presentada en La Habana, en 1881. 

Desde entonces Villate concentró sus esfuerzos principalmente en la ópera y compuso obras como La Zarina y Baltazar, estrenadas en La Haya y el Teatro Real de Madrid respectivamente. Se conoce que trabajó en una ópera con tema cubano llamada Cristóbal Colón, cuyo manuscrito se ha perdido.

Villate murió en París, en 1891. Poco antes había comenzado a componer un drama lírico llamado Lucifer, del cual se conservan algunos fragmentos. 

Entre los compositores de ópera cubanos del siglo XIX tenemos a: Laureano Fuentes Matons, Hubert de Blanck e Ignacio Cervantes. 

Laureano Fuentes Matons nació el 3 de julio de 1825 en Santiago de Cuba. Compuso numerosas obras orquestales y de cámara, así como la ópera Seila.

Hubert de Blanck, compositor y pianista holandés radicado en Cuba, el cual fundó un famoso conservatorio con su propio nombre, compuso tres óperas tituladas Patria, Actea e Hicaona. Patria es la primera ópera cubana basada en el tema de las guerras de independencia. 

Eduardo Sánchez de Fuentes nació en La Habana, en 1874, dentro de una familia de artistas, ya que su padre era escritor y su madre pianista y cantante. Comenzó sus estudios musicales en el conservatorio Hubert de Blanck y más tarde recibió clases de Ignacio Cervantes y Carlos Anckermann. 

Obtuvo un título de Licenciado en Leyes en 1894 y cuando contaba sólo con 18 años, compuso la famosa habanera Tú, que alcanzó extraordinario reconocimiento internacional y de la cual Alejo Carpentier consideró que era la más famosa de todas las habaneras.

El 26 de octubre de 1898, Sánchez de Fuentes estrenó en el habanero Teatro Albisu su primera ópera, llamada Yumurí, basada en el tema de la colonización de la Isla. En ésta, una princesa aborigen se enamora de un apuesto conquistador español, el cual la rapta en el momento de su casamiento con otro personaje indígena y ambos mueren al final de la representación, durante un fuerte temblor de tierra. 

Posteriormente, Sánchez de Fuentes compuso otras 5 óperas: El Náufrago (1901), Dolorosa (1910), Doreya (1918), El Caminante (1921) y Kabelia (1942). 

El 25 de enero de 1901 se estrenó en el Teatro Albisu la ópera cómica Los Saltimbanquis, del famoso compositor de danzas y músico cubano, Ignacio Cervantes (1847-1905). 

Otras óperas cubanas fueron: por Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla: Manita en el Suelo, aunque sin estrenar y por Ernesto Lecuona, quien dejó inconclusa su ópera El Sombrero de Yarey.

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