Mi papá hubiera deseado a Miguel Suárez Fernández como presidente de Cuba en lugar de Carlos Prío Socarrás.
Según mi padre me dijera más de 20 veces: “¡Miguelito no se hubiera dejado dar el golpe de estado tan mansamente en 1952!”
Y había una mujer (desconocida por la inmensa mayoría de los cubanos) que mi padre admiraba profundamente y se llamó Elisa Godínez… y fue la primera dama de Cuba de 1940 a 1944 año en qué yo nací.
Me decía: “Ese divorcio de Batista con Elisa fue fatal para Cuba”.
Mi viejo no criticaba abiertamente a Marta Fernández de Batista, simplemente pensaba que “era una mujer familiar, pacífica, que lo que deseaba era vivir en paz disfrutando de la fortuna, lejos de la vorágine, opuesta a darle candela al jarro hasta que suelte el fondo”, como sugería Francisco Tabernilla Dolz.
Añadía tras lanzar una bocanada de humo de su tabaco Pita que: “la señora Fernández Miranda instaba constantemente a Batista a abandonar el poder y pasar los últimos años de sus vidas tranquilamente reposando en Halifax número 137, de Daytona Beach, Florida”.
Hasta lo infinito Marta le repitió a su marido que: “¡El pueblo de Cuba no aprecia el gran sacrificio que tú realizas por el país!” Y Fulgencio la escuchó y le hizo caso.
Mientras tanto, Elisa Godínez Gómez nacida en una pequeña granja en el pueblo de Vereda Nueva, La Habana, como una de los nueve hijos de Salustiano Godínez y Concepción Gómez era una mujer guapa, de armas tomar, sin pelos en la lengua, quien hubiera instado, obligado y acompañado a su esposo a bajar a Castro a sombrerazos de la loma.
Y estas solo son un par de conjeturas de mi padre imposibles de probar. Usted no tiene que creerlas, yo las repito porque todo lo que de política sé “de mi padre lo aprendí”.




0 comentarios