El equinoccio en Chichén Itzá

Written by Luis De La Paz

17 de marzo de 2026

Por Luis de la Paz  

El mundo está lleno de sitios arqueológicos que hablan del pasado del hombre y de sus esfuerzos por sobrevivir, crecer y abrirse paso ante la adversidad. Desde las más emblemáticas y conocidas, las Pirámides de Egipto, hasta el Santuario de Delfos en Grecia. Desde la Muralla China hasta Machu Pichu en Perú. Desde Teotihuacán hasta Chichén Itzá en México. En todas están presentes las huellas ancestrales.

En la mayoría de los lugares mencionados, el visitante, por su propia cultura, documentación o porque se hace acompañar de un guía, va descubriendo los detalles íntimos y misteriosos de la antigüedad. Sin embargo, quien acude a Chichén Itzá, la más deslumbrante zona arqueológica del sudeste mexicano tiene la oportunidad única, de apreciar un fenómeno de luz y sombra que allí acontece cada año en marzo y septiembre, o sea, durante los equinoccios de primavera y otoño respectivamente; o lo que es lo mismo, el día exacto que el almanaque juliano marca el inicio de la primavera y la llegada del otoño. Por cierto, los mayas desarrollaron su propio calendario, formado por un complejo sistema de ciclos, unos largos y otros más cortos, que les permitían calcular el tiempo, así como predecir eventos astronómicos, como el de los equinoccios. 

Los antiguos mayas, grandes observadores del movimiento de los astros fueron los primeros que introdujeron el concepto del cero como número (tal vez por conocer ese valor lograron determinar matemáticamente el día preciso en que comienzan los equinoccios). 

La huella física de ese cálculo exacto se reflejará este 20 de marzo en la alfarda norte del templo mayor de Chichén Itzá, en Yucatán. En ese sitio, sobre las 3 de la tarde, se inicia el deslumbrante fenómeno de luz y sombra donde se proyectan sobre dicha alfarda dos serpientes, una de luz y otra de sombra. Es un espectáculo único en el mundo que comienza con ondulaciones que se transforman en siete triángulos. Al final se ilumina la hermosa e imponente cabeza de piedra al pie de la pirámide. Se afirma que en ese preciso instante, hay un desborde de energía positiva. 

El conmovedor fenómeno de luz y sombra, a medida que completa su ciclo, sugiere de manera clara, el movimiento de una serpiente descendiendo desde lo alto del templo, hasta rendirse sobre la enorme cabeza de serpiente tallada en piedra a los pies de la pendiente. Muchos llaman a este acontecimiento, relacionado con el culto solar, fálico y serpentino, el descenso de Kukulcán, más conocido como la Serpiente Emplumada.   

Si visitar Chichén Itzá en las fechas del equinoccio es participar de una experiencia mágica y única, tiene también el inconveniente de las multitudes que acuden, por lo que en ocasiones se hace engorroso moverse y disfrutar a plenitud de las joyas arqueológicas. En una visita en otras fechas menos concurridas, se puede hacer un recorrido más pausado, acercándose a los templos que conforman la zona arqueológica, donde se encuentran el Templo de Los Guerreros, El Juego de Pelota, el observatorio astronómico, conocido como El Caracol, el cenote sagrado y otros espacios que evidencian los vestigios de una civilización antigua y avanzada.                   

Chichén Itzá era para los antiguos mayas una ciudad sagrada y para los actuales descendientes, dispersos en un vasto territorio que comprende gran parte de la península de Yucatán, pero que se extiende a Guatemala, Belice y algunas regiones de Honduras, un sitio iniciático. Tan es así, que durante el equinoccio acuden grupos mayas de iniciación que hacen sonar el cobo, danzan, reverencian y saludan al Sol y a Kukulcán. 

De todas las zonas arqueológicas de Yucatán, las mejores conservadas y a su vez exploradas ampliamente, son Uxmal y Chichén Itzá. Esta última cubre una superficie de 10 kilómetros cuadrados (poco más de 6 millas) y entre sus atractivos más visitados e impactante está el Cenote Sagrado, donde, dice la leyenda y los famosos códices mayas, los sacerdotes sacrificaban a vírgenes y niños, arrojándolos a las aguas del cenote, para pedirle a los dioses, en especial a Chaac, el Dios de la lluvia, el preciado líquido, muy escaso en la zona, aún en nuestros días.  

Además de la pirámide mayor dedicada a Kukulcán, llamada también El Castillo, que deslumbra a la entrada de la zona arqueológica, el visitante queda atónito cuando se enfrenta al observatorio astronómico construido por los mayas. Su cúpula tiene forma de caracol, igual que los observatorios modernos de hoy. Desde los estrechos cubículos que integran el complejo, los antiguos astrónomos, llegaron a calcular el ciclo solar y pudieron diseñar matemáticamente el castillo de Kukulcán para que reflejara cada primavera y otoño, el equinoccio. 

Cerca de la pirámide mayor, se encuentra el Templo de los Guerreros, una construcción relacionada con la pieza principal, pues durante el fenómeno anual, una vez coronada la cabeza de la serpiente por los ondulantes anillos de luz, un trazo de sombra se tiende sobre la tierra, apuntando hacia él, donde se encuentra el imponente Chac Mool o piedra de los sacrificios humanos. 

Otras de las edificaciones impresionantes es el Juego de Pelota. Los antiguos mayas se valían de una pesada pelota de caucho que manejaban con los pies, la cadera y la cabeza, hasta intentar introducirla por un pequeño anillo de piedra. Se afirma que el equipo perdedor era sacrificado, pero hay historiadores que niegan tal hecho.

El mundo maya es fascinante y emotivo. En particular el que se puede apreciar en la región de Yucatán. Son muchos los asentamientos que por la zona se pueden encontrar, pero de tener que escoger, se hace imprescindible visitar Uxmal y Chichén Itzá, para tener una general y clara visión de su cultura. 

Los mayas, como tantos otros pueblos, abandonaron un día sus grandes monumentos y desaparecieron. Nuevas teorías afirman que se debe a que los pueblos dejaron de creer que sus guías eran dioses, pero no hay nada que lo demuestre. La realidad es que dejaron sus grandes edificaciones a merced de la selva y los elementos, quedando sepultadas, durante cientos de años. Luego los arqueólogos descubrieron el lugar y los obreros desenterraron los templos y construcciones de ese mundo fascinante. Hoy el hombre moderno puede visitar los templos mayas y los más afortunados, acudir a la cita para ver descender majestuoso a Kukulcán, la serpiente emplumada por la ladera del Templo Mayor. 

A Mérida, el punto más próximo a Chichén Itzá, se llega en un vuelo de poco más de una hora de duración desde Miami. Una vez en la ciudad, se puede tomar un tour a Chichén Itzá u otras zonas arqueológicas de la región. Desde Mérida el viaje por carretera toma cerca de una hora. 

Hay hospedajes cerca de las ruinas, pero es recomendable quedarse en Mérida, donde hay otros intereses para el visitante. Comenzando por el ambiente que rodea una ciudad colonial y a la vez moderna. Desde luego, la comida es deliciosa, con platos típicos e internacionales. Visitar Mérida, en especial durante los días cercanos al equinoccio, es una experiencia memorable.

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