Dora Carral y Hortensia de Castroverde, dos grandes sopranos líricas cubanas

Written by Alvaro Alvarez

24 de febrero de 2026

Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE

Dora Carral nació en La Habana en 1935. 

Una cantante soprano de ópera que comenzó su carrera muy joven sobre los escenarios en su tierra natal a principios de la década de 1950 y se convirtió en una de las cantantes líricas más importantes del país.

Dora Carral inició sus estudios musicales en el Conservatorio Municipal de La Habana, institución que hoy lleva el nombre de Amadeo Roldán. 

Gracias a su talento, obtuvo una beca para perfeccionarse en la prestigiosa Academia Nacional Santa Cecilia en Roma, lo que marcó el inicio de su exitosa etapa europea.

Su voz de soprano lírico-ligera quedó plasmada en registros que hoy son referencia para los amantes de la ópera y la música de cámara:

En 1953 debutó cuando interpretó el papel de Siebel en la ópera Fausto junto a los artistas Ann Ayers y Eugene Conley.

En 1954 cantó en una actuación de Bastien y Bastienne (Bastián y Bastiana) en un acto, compuesto por Wolfgang Amadeus Mozart (1768) con una duración aproximada de 50 minutos. Fue una de las primeras óperas de Mozart, cuando sólo tenía doce años.

Para la televisión cubana cantó el papel principal en Madama Butterfly en una adaptación de esta ópera en 1960, sin embargo, su mayor éxito fue en Italia en la década de 1960.

La Serva Padrona (La Criada Patrona, en español) bajo la dirección de Ettore Gracis, donde Dora hizo el papel de la criada Serpina. La historia cuenta cómo Uberto, un viejo solterón, está enfermo e impaciente con su doncella, Serpina, porque ella no le ha traído el chocolate hoy. Serpina se ha vuelto tan arrogante que cree que es la dueña de la casa. Se queja en el aria “Sempre in contrasti”. De hecho, cuando Uberto llama a Vespone pidiéndole su sombrero, peluca y abrigo, Serpina le prohíbe abandonar la casa, añadiendo que de entonces en adelante él tiene que obedecer sus órdenes. Uberto entonces ordena a Vespone que le encuentre una mujer para casarse de manera que pueda librarse de Serpina.

Fue una de sus actuaciones más elogiadas por su chispa y técnica.

Fue miembro de la Opera da Camera di Milano, actuó como invitada en varios teatros de ópera italianos y en salas de concierto interpretando arias de Mozart, Galuppi, Scarlatti y Schubert. Además del repertorio de Monteverdi, destacando su participación en L’Orfeo, donde en el Acto 4, interpretó a Proserpina (esposa de Plutón) y Anna Reynolds a la Mensajera (Messaggera) en la ópera La Fábula de Orfeo compuesta por un prólogo y 5 actos con música de Claudio Monteverdi.

En 1962-1963 apareció en el Maggio Musicale Florentino, un festival de ópera que se celebra cada año desde 1933 en Florencia, Italia.

Carral como soprano lírica hizo el papel de Clorinda la hermanastra de Angelica, La Cenicienta, (La Cenerentola, es el título en italiano) un drama jocoso en dos actos con música de Gioachino Rossini que es el cuento de hadas La Cenicienta de Charles Perrault.  

En Sour Angelica (Sor Angélica en español) una ópera en un acto con música de Giacomo Puccini, Dora Carral hizo el papel de la hermana (monja) Genovieffa. 

La voz de Carral está documentada en numerosas grabaciones completas de ópera, realizadas principalmente entre 1962 y 1967. Bajo la dirección de Lamberto Gardelli, cantó Fenena en una grabación de Nabucco realizada en Viena en 1965 y publicada por Decca.

También grabó en 1962 muchos papeles menores para grabación, incluyendo la sirvienta Annina en La Traviata, junto a Joan Sutherland y Carlo Bergonzi). 

De lo que siempre ha carecido el género lírico en Cuba es de buenos promotores culturales. A pesar de ello, nombres como Zoila Gálvez, Marta Pérez, Dora Carral, pudieron lograr un espacio en la escena internacional, a costa de muchos sacrificios. Pero la figura del buen empresario, del mánager visionario capaz de dedicarse con acierto a lanzar las carreras de nuestros líricos, ese no lo ha habido ni lo hay.

También existen grabaciones en directo de la RAI de la ópera Temistocle de Johann Christian Bach, en mayo de 1976, demostrando su dominio del repertorio barroco y clásico temprano.

Además, cantó en Crispino a La Comare de Luigi y Federico Ricci, en julio de 1977.

Aunque se especializó en música antigua, también participó en grandes producciones operísticas italianas de mediados de los 60.

Aunque menos comunes en formato comercial masivo, sus interpretaciones de Schubert en escenarios italianos y grabaciones de radio resaltaron por su dicción y expresividad camerística.

Participó en el Festival Internacional de Arte Lírico de Aix, en Provence, un festival francés de ópera y de música clásica, que se celebra cada verano desde 1948 en Aix-en-Provence. Es uno de los grandes festivales líricos europeos, con una afinidad particular por las óperas de Mozart. Las representaciones se hacen al aire libre, en el patio del Arzobispado.

Así como en la Exhibición Universal Internacional de Osaka, Japón. 

Hortensia de Castroverde

Su verdadero nombre es Hortensia Santos y Santos, nacida en La Habana el 11 de enero de 1915. Luego que se casó el viernes 25 de diciembre de 1936, con Plácido de Castroverde y Gallego (1909-1979) fue que adquirió el nombre artístico de Hortensia de Castroverde.

Cantante del maestro Gonzalo Roig, con él y la Sinfónica de La Habana debutó en junio de 1937 en el Teatro Auditorium cantando Caro Nome de la ópera Rigoletto de Verdi y Suena el Clarín. 

(El Teatro Auditórium Amadeo Roldán, construido en 1929 en Calzada entre D y E. En 1977 fue quemado por un sabotaje, luego de 20 años fue reconstruido y reinaugurado en 1999, como la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional).

Hortensia fue Solista de la Banda Municipal de La Habana bajo la dirección de Gonzalo Roig, y cantó óperas y canciones cubanas en radio y televisión.

Figura de la Compañía de Ópera Nacional y clave en presentaciones de zarzuelas.

Cantante en 1938 de las emisoras hermanas CMW y COCW.

La revista cancionero El Alma que Canta, le dedicó la portada de su edición de julio de 1941, catalogando su voz como precisa y acariciadora y su presencia de belleza extraordinaria.

Reconocida por la ACRI, la Cantante del Año 1942, en tributo al desempeño en los programas radiales de RHC Cadena Azul, Trinidad y Hermano. 

Hortensia, poseedora de una belleza singular que compite con su exquisita voz de soprano de coloratura, ha actuado en los principales programas radiofónicos tales como Hora Bacardí, Cadena Crusellas, Cadena Kresto, Trinidad y Hermanos, Hora Partagás, Revista Llave del Aire y en las principales radioemisoras del país.

Su carrera artística en Cuba se efectuó desde 1936 hasta 1953. Conocida como La Alondra Tropical, el seudónimo que siempre la acompañó.

Tuvo una exitosa actuación en 1942 en el concierto ofrecido por La Sociedad Universitaria de Bellas Artes en la Plaza Cadenas, La orquesta sinfónica, bajo la dirección del maestro Gonzalo Roig la acompañó en la interpretación de temas de Cecilia Valdés y el intermedio de Amor y Flores, ambas de Roig. 

En mayo de 1944 Hortensia firmó un contrato con el Circuito CMQ, con Goar Mestre director general de esa radioemisora, para cantar en los Petit conciertos de las 10:45 de la noche con la orquesta de CMQ bajo la dirección del maestro Alfredo Brito.

En 1945 actuó como protagonista del corto musical cinematográfico titulado La Bella Cubana inspirado en la canción homónima del maestro José White, donde interpretó canciones nacionales.

En 1947, Hortensia junto al maestro Gonzalo Roig de nuevo entretuvo de solista todos los sábados a las 9:00 pm en el programa de CMQ, Esso Rinde Honor al Mérito.

El sábado 14 de octubre de 1950, a las 4 de la tarde, Gaspar Pumarejo desde la casa de sus suegros en Mazón y San Miguel lanzó al aire la primera señal televisiva de Cuba, Union Radio TV, Canal 4. 

Los pocos televisores ubicados en La Habana pudieron captar el patrón de pruebas acompañado de audio. A partir de esa hora, se emitieron también imágenes. 

El locutor Gaspar Pumarejo, principal ejecutivo de la empresa, apareció en cámara haciendo referencia al hecho de que se trataba de la primera transmisión de TV que se realizaba en Cuba y pidiendo a los televidentes que reportaran a la planta cómo estaban recibiendo la señal. 

Se recibieron, varias incluyendo la de un vecino de Santiago de las Vegas que informó que en su pueblo se estaba viendo bien.

Ese sábado 14 y en los siguientes días, en horarios de 4:00 a 6:00 y de 8:00 a 10:00 de la noche aparecieron en cámara periodistas, empleados de la emisora, narradores deportivos y artistas que realizaron distintas actuaciones. Entre estos: Tito Hernández, Adolfo Otero, Aidita Artigas, Raúl Castellanos, La India de Oriente, el trío La Rosa, Hortensia de Castroverde y Lidia Martín. El presentador era Alberto Gandero.

Miembros de la Junta Directiva de la empresa Union Radio TV: Gaspar Pumarejo, José Antonio Mestre, Álvaro Menéndez, Benjamín Menéndez y José López Menéndez.

Cantó en otros países como EE.UU, entreteniendo en 1953 a personalidades de la OEA (Organización de Estados Americanos) en Nueva York.

El 20 de junio de 1943 nació su hija Lydia Hortensia de Castroverde y Santos.

Fue una estudiante de la Academia Merici en la Avenida 31 entre 18 y 20 en el Reparto Biltmore.

Un día de diciembre de 1957, le dijo a sus padres que quería una fiesta de Quince.

Realmente, no era momento propicio para un festejo. Un mes antes, La Habana había sido estremecida por explosiones simultáneas de bombas y petardos en lugares estratégicos, colocadas por el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro.

Su papá se negó porque tenía miedo de que les pusieran una bomba, pero su mamá dijo, si la niña quería una fiesta de quinceañera, había que complacerla.

Ordenaron más de 350 preciosas invitaciones acompañadas de un carné de baile, una pequeña cartulina doblada al centro y cruzada por un cordón fino para que los jóvenes firmaran a las jovencitas después de sacarlas a bailar. Las tarjetas se distribuyeron personalmente, no por correo.

Plácido de Castroverde y Hortensia Santos tenían el gusto de invitar a la celebración el viernes 20 de junio de 1958 en el salón de gala del Hotel Habana Hilton, horas después de la puesta del sol, animada por dos orquestas famosas de la época, Los Violines de Pego y el conjunto de Barbarito Diez. 

Las muchachas vestirían un traje de noche y los muchachos de esmoquin.

Junto a sus padres y Carlos Torres, su compañero de baile, la quinceañera Lydia Hortensia recibió a cada uno de los invitados en la entrada del salón.

Su vestido de chiffon francés color marfil drapeado en ondas recogidas en grupos de flores rosadas fue confeccionado por una reconocida modista. Era el mismo diseño que lucía una muñequita sobre el cake de cumpleaños que simulaba un gran lazo, rodeada por otras 14 en representación del cortejo. 

La fiesta se inició con un romántico Vals compuesto especialmente para la ocasión y cantado por su madre Hortensia, una soprano coloratura de ópera. 

En Miami y 54 años después, Lydia contaba: “lo que más recuerdo de esa noche fue la salida con mi Papá para bailar el Vals y Mami que me cantó Princesita de 15 abriles, yo estaba azorada mirando y Papi me decía ríete”. 

Después de unas rondas, el padre cedió la festejada a su joven compañero de baile, Carlos Torres de Navarra. De inmediato se unieron 14 parejas del cortejo que ejecutaron una coreografía preparada por Gustavo Roig, hijo del compositor y fundador de la Ópera Nacional, Gonzalo Roig. Los jóvenes llevaban más de dos meses ensayando el baile en el salón de fiesta del Vedado Tenis Club. 

Marta Sánchez-Arcilla, hija del dramaturgo y embajador de Cuba en la República Dominicana, el madrileño de nacimiento, pero cubano por adopción, José Sánchez-Arcilla (1903-1965) se encontraba entre los invitados, acompañada de una chaperona como el resto de las adolescentes. Ella estudiaba junto a Lydia en la Academia Merici, escuela administrada por monjas ursulinas en el Reparto Biltmore de Marianao (luego de 1959, Siboney).

Al filo de la medianoche, llegó la hora de soplar las velitas de cumpleaños. Los invitados rodearon a la joven y brindaron por su dicha. 

Con tantas fotos que le tomaron, la cumpleañera no pudo probar el cake. Entonces sacaron el regalo: una pulsera de diamantes de $3,800 comprada en la joyería Cuervo y Sobrinos con contribuciones de todos los invitados.

El baile se prolongó hasta bien adentrada la madrugada. 

La fiesta fue muy tradicional española, muy fina, delicada y seguramente una de las últimas fiestas de Quince de impecable elegancia en la Cuba antes de la tormenta (todavía existente) y quedó grabada para la posteridad.

Exactamente 195 días después todo empezó a cambiar en toda la Isla. Cuando sus padres se enteraron de la posibilidad de sacarla del país, recurrieron a ello mediante las visas obtenidas en lo que luego se conocería como la Operación Pedro Pan y Lydia fue desde el 16 de mayo de 1962 una de los 14,048 que pudieron salir mediante esa tabla de salvación.

Este éxodo masivo, orquestado con la ayuda del gobierno estadounidense a través de organizaciones religiosas y caritativas, colocó a los niños en hogares de acogida y orfanatos mientras esperaban la reunificación familiar, convirtiéndolo en el mayor movimiento registrado de niños refugiados no acompañados en el Hemisferio Occidental. 

Ella atribuyó su firme fe en Dios a haberla ayudado a superar el momento más solitario y aterrador de su vida.

Lydia tenía poco menos de 18 años cuando llegó sola a la ciudad de Nueva York. Finalmente, fue ubicada con una familia de acogida, sin saber si volvería a ver a sus queridos padres.

Su familia de acogida no la trató bien y se vio nuevamente en la necesidad de escapar a un lugar seguro.

Esto fue un shock para ella, ya que en Cuba era considerada parte de la alta sociedad cubana. Tuvo que adaptarse rápidamente a una nueva vida en la que ya no formaba parte de la élite social. Se esforzó por salir adelante. Dominó el inglés, aprendiendo a hablarlo, leerlo y escribirlo tan bien que a menudo era traductora para quienes tenían dificultades con él. 

Lydia en una de sus primeras entrevistas de trabajo reales, le preguntaron si sabía usar una máquina de escribir. Ella dijo: “Claro que sí”. Realmente no tenía ni idea de cómo usarla, pero estaba dispuesta a aprender. Trabajó para Pan-American y Eastern Airlines, lo que le permitió viajar a muchas partes de Estados Unidos y Canadá.

Por casualidad, conoció a Enrique Silva en la ciudad de Nueva York y se fugaron. Él también había escapado de Cuba en busca de una vida mejor en Estados Unidos. 

Sus padres finalmente pudieron escapar de Cuba, y al llegar a Nueva York, su hija ya era una mujer casada de veintitantos años. 

Lydia y Enrique tuvieron su primer hijo, Ricardo Enrique, en 1969 y se establecieron en Queens, Nueva York.

Finalmente se mudaron a Miami, convencidos de que era similar a la Cuba que habían dejado atrás. Allí tuvieron dos hijos más: Gianeris Lydia en 1976 y Aliette María en 1981. 

Sus hijos fueron su motor, trabajó arduamente para asegurar que ellos tuvieran éxito y arraigaran profundamente la fe y el amor a Dios. 

Sus hijos se casaron, y Lydia y Enrique ahora tienen cinco maravillosos nietos.

Lydia trabajó después para la Administración del Seguro Social, hasta jubilarse.

Después de retirada, ella y Enrique construyeron la casa de playa de sus sueños en Marco Island, donde vivieron varios años. 

Lydia Hortensia de Castroverde Santos, falleció el 13 de enero de 2026 en Marco Island, Florida a los 82 años.

Hoy estaremos dando un pequeño homenaje a una de esas grandes estrellas de aquellos magnos espectáculos oriundos que recorrieron con su encanto gran parte del mundo en la segunda etapa del siglo XX, terminando sus días en el destierro frío y al cual fueron sometidos un número considerable de los artistas cubanos de su generación y otras anteriores, al ocurrir el golpe de estado por las armas en el año 1959. 

Con voz de ave encantadora nació su seudónimo y en esa misma gracia se pronuncia su nombre en este espacio para cinéfilos por la historia, Hortensia de Castroverde, La Alondra Tropical. Del armónico corazón y selectos oídos del maestro Gonzalo Roig germinó este sobrenombre, que como nombre quedaría y por melodía ganó justicia, aunque su debut sería desde muy joven y en otras épocas selectas, La Era del Cine Silente Cubano, rostro para una virgen y patrona, descubierta por el incansable director Ramón Peón (1887-1971).

Esta primera parte de su historia culminó con la realización en 1930, de la significativa cinta La Virgen de la Caridad, calificada tres décadas después, por el importante crítico de cine Georges Sadoul, como “una película silente de mucha calidad que puede calificarse de neorrealista. Excelente por la actuación de los artistas, la dirección, el montaje y el decorado natural”.

Miguel de los Santos (1911-1989) era tío de Hortensia y fue el personaje principal de la película La Virgen de la Caridad haciendo el personaje de Yeyo.

A las 8 de la noche del sábado 12 de octubre de 1991 y se repitió a las 2 de la tarde del domingo 13 la proyección de la película La Virgen de la Caridad por el Canal 51 de Miami, auspiciado por Nat Chediak y Jorge Ulla. 

Estuvieron presente en el recinto algunos de sus hijos, Ernesto Caparrós (escenógrafo y director cinematográfico), Chela Castro (su pareja de baile en el Chateau Madrid) y Hortensia Santos (Castroverde) su sobrina que con apenas 15 años fue quien modeló para las fotografías en carteleras como la Virgen del Cobre.

Plácido de Castroverde Gallego falleció en Nueva York, el 5 de octubre de1979 a los 70 años.

Hortensia Santos y Santos (de Castroverde) falleció el 18 de agosto de 1999, a los 84 años.

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