Fascinante, poliédrico, ambiguo, elegante, camaleónico y, definitivamente, genuino. David Robert Jones –David Bowie– dejó un legado musical y personal que, diez años después de su muerte, sigue siendo inspiración para millones de personas.
Por Carmen Jiménez
Existen más de ochenta publicaciones que indagan en la personalidad enigmática de este cantautor, multiinstrumentista y actor británico. Biografías, crónicas y múltiples publicaciones, documentadas por personas y personalidades que le conocieron en sus etapas vitales, tan diversas, hablan de un pensador, un explorador de la identidad y un rupturista de las convenciones sociales. Algunos de sus álbumes más emblemáticos permiten recorrer algunos momentos de una carrera que logró romper moldes.
Rareza espacial. “Space Oddity”, 1969
Coincidiendo con el primer alunizaje de la misión estadounidense Apolo 11, David Bowie triunfó por primera vez con el que fue su segundo álbum. El título “Space Oddity” era un guiño a la película de Stanley Kubrick “2001: A Space Odissey”, estrenada el año anterior, y al hito espacial que vivía el mundo en ese momento. Pero fue también una auténtica declaración de intenciones por parte del cantante, que introdujo en sus letras temas tan trascendentales como la sensación de soledad del hombre en el espacio, como metáfora del vacío existencial; algo inédito en el pop, que hasta ese momento incluía temáticas ligeras.
Este segundo álbum, muy diferente al de su debut publicado en 1967, sorprendió musicalmente con la canción nada convencional que le dio título, evocando una atmósfera extraña y melancólica, con una estructura muy particular y con el uso del mellotrón como instrumento musical destacado.
Una rareza, tal como reza su título “Space Oddity”, que se convirtió en el primer éxito del cantante y que la televisión británica eligió para narrar el momento de la llegada del hombre a la Luna, alzando la canción al puesto 5 en las listas de sencillos de Reino Unido. El tema se reeditó en diferentes ocasiones a lo largo de los años, y en 1972 consiguió el puesto 15 en el Billboard Hot 100 en Estados Unidos, comenzando así la imparable carrera internacional del cantante.
El ascenso y la caída de Ziggy Stardust y las arañas de Marte, 1972
A comienzos de los años 70, un nuevo título cinematográfico de Stanley Kubrick fue de nuevo decisivo en la carrera de David Bowie. “La naranja mecánica” (1971) revolucionó la cultura en general y la estética en particular de toda una generación, a la que también pertenecía este cantante. Su quinto álbum, “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, se convirtió en algo más que música. Con él nació el primer alter ego de David Bowie: Ziggy Stardust, un alienígena bisexual de apariencia andrógina que, en su puesta en escena, se convierte en el Mesías roquero que viene a salvar a la Tierra de la destrucción que se avecina en cinco años.
El afán de experimentación de David Bowie no se redujo a la música. En los años 60, Bowie estudió expresión corporal y mimo con el maestro británico Lindsay Kemp, una exploración que le marcó profundamente y que fusionó de manera originalísima en su carrera musical. Esta formación teatral lo llevó a la convicción de que se podía construir una identidad completamente fantástica y que fuera creíble, aunque estuviera fuera de todo realismo.
Así lo experimentó con la creación de Ziggy Stardust, propiciando no solo un éxito rotundo de este quinto álbum, sino un auténtico terremoto cultural. Este quinto álbum viró hacia el rock y, para pasmo de sus seguidores, Bowie aparecía en el escenario maquillado con una caracterización inspirada en el teatro kabuki, esa dramaturgia japonesa que desdibuja lo masculino y lo femenino.
Legitimaba así un nuevo estilo, el “glam”, ofreciendo exceso, espectáculo y ambigüedad; escandalizando a padres y enamorando a toda una generación deseosa de romper normas. David Bowie desencorsetaba géneros musicales, liberaba la sexualidad e invitaba a la creación de identidades genuinas. Los conciertos en directo de Ziggy Stardust llegaron a convertirse en un auténtico ritual.
Llegó la fama. “Fame”, 1975
Lejos de anclarse en el éxito que le granjeó su alter ego Ziggy Stardust, David Bowie volvió a cambiar de piel, de estilo musical y comenzó sus colaboraciones con otros grandes músicos y compositores. Lo que mantuvo intacta fue su capacidad de experimentación, de fusión de géneros y su camino al éxito. En 1975, el sencillo “Fame” de su álbum “Young Americans”, realizado en colaboración con John Lennon, lo llevó al número 1 en las listas de Estados Unidos y a situarse en el Top 10 de varios países, lo que le catapultó al éxito internacional.
Si hasta ese momento su música se vinculaba al “glam rock”, con “Young Americans” el artista volvió a virar y esta vez exploró el soul de Philadelphia. Mientras el rock de mitad de los años 70 se enamoraba del punk, Bowie tomaba otros derroteros reforzando su éxito. La letra del sencillo de este álbum pone en entredicho lo efímero de la fama con frases como “te pone allí donde las cosas son huecas”. De nuevo, el mensaje escapaba de la superficialidad.
David Bowie fue un ferviente lector, muy ecléctico, con gusto por la cultura “underground”, la filosofía y los grandes clásicos. George Orwell, Jack Kerouac, Vladimir Nabokov, Ray Bradbury, Carl Jung, Gustave Flaubert, Nietzsche o F. Scott Fitzgerald forman parte de los autores que están en el listado de 100 lecturas que David Bowie aportó para la gran exposición que le dedicó el Victoria & Albert Museum de Londres en 2013. Lecturas que no eran una recomendación del artista, sino que, tal y como él mismo declaró: “Estos libros me hicieron quien soy”.
A lo largo de su intensa carrera profesional se sucedieron los discos, las colaboraciones, las películas y las sucesivas transformaciones, alter egos de un artista total, genuino y rupturista. El sencillo “Under Pressure”, de 1981, por ejemplo, pasó de ser una colaboración casi espontánea entre David Bowie y Queen, a convertirse en un hit de la banda británica a nivel internacional y considerarse una de las mejores colaboraciones de la historia del rock, para finalmente convertirse en un clásico universal.
David Bowie ha vendido más de 130 millones de discos. Sus nueve discos de platino y once de oro en Reino Unido, y los cinco de platino y nueve de oro en EE. UU., son solo una muestra de su reconocimiento internacional.
En 2016, dos días antes de su muerte, se publicó su último álbum “Blackstar”. Considerada una obra creada desde una despedida consciente, reflexiona acerca de la muerte o la trascendencia con temas como “Lázarus” o la que da nombre al álbum, “Blackstar”.
Alcanzó el número 1 en Gran Bretaña y EE.UU., y en 2017 obtuvo cinco premios Grammy, entre ellos Mejor Álbum de Música Alternativa y Mejor Interpretación Rock. Un broche final a su carrera, reconocido como un cierre artístico extraordinario de un artista irrepetible, visionario e inspirador.







0 comentarios