En los estertores de sus últimos suspiros, Cuba se queda sola. Sus aliados ideológicos y sus sustentadores históricos, Rusia y China, se alejan de su cliente moribundo con la certeza de que es un caso perdido, sin posibilidades de recuperación.
Les ha costado a ambas naciones miles de billones de dólares en una alianza macabra que se ha extendido por más de seis décadas, que, en vez de traer la prosperidad prometida a la Isla, la ha sumido en un país hambriento, miserable, harapiento y pordiosero, mal viviendo de la caridad de pueblos ajenos. Y, todo esto, dentro de la más abismal y odiosa opresión en nombre de una ideología fallida, totalmente fracasada, dondequiera que ha sido experimentada.
Pero como todo principio tiene su fin, – aunque a veces tardío- el de Cuba y su cuadrilla de corruptos sanguinarios opresores, ya viene llegando. Es un colapso lento, irremisible, lleno de soledad y abandono, al que se agrega ahora, en su infortunio final, el forzoso abandono de Irán que queda desmantelado por la acción punitiva coordinada de Estados Unidos e Israel.
Lo que debe quedarles claro a estos Estados lacayos, es que China y Rusia han sido, y continúan siendo, Estados poseedores, que asumen riesgos calculados, sin jamás llegar al punto de rescatistas. No lo son. No quieren serlo. No está en sus rangos de riesgo. Ejemplo a la mano: Venezuela, Irán y ahora Cuba. Estados Unidos les ha restregado, en plenas narices, su hegemónico poder, y ¿cuál ha sido la reacción de esos súper poderes? Apoyo al vacío: Palabras…bla-bla-bla y nada más.
Cuba ha sido por largo tiempo, un sirviente ladino incondicional de Rusia y China. En la década de los 60s le entregó su territorio a la entonces Unión Soviética para instalar cohetes que amenazaban directamente a Estados Unidos y que puso al mundo al borde del cataclismo. Eventualmente la Unión Soviética cedió en la confrontación con Estados Unidos y retiró sus cohetes sin siquiera contar con el gobierno de Cuba. Fidel Castro fue no tan sólo abandonado, sino humillado. No entendió entonces Fidel, como no lo han entendido las generaciones de mandarines siguientes, la naturaleza de las relaciones de Rusia -la URSS de ayer- y la de hoy, en su capacidad de riesgo a tomar en la protección de sus aliados.
Y como la historia es terca, y no es más que una noria repetitiva, Cuba, y otro Castro en el poder, están enfrentando un nuevo abandono, éste de carácter final.
Estados Unidos ha decidido reclamar su autoridad y jurisdicción en el hemisferio con la expulsión de elementos ajenos extraterritoriales que amenazan su seguridad nacional. Por lo tanto, China y Rusia, tienen que estar fuera de Cuba.
En medio del pánico ante el inminente e inevitable colapso, su Canciller Bruno Rodríguez se fue en desesperación a Moscú implorando ayuda. “Necesitamos petróleo-rogó- porque Venezuela nos lo niega y los americanos no dejan que México nos lo provea”. Moscú lo escuchó. Le brindó ayuda -simbólica- en la ONU y unas cuantas toneladas de alimentos. Lo que se les da a los pordioseros. Pero de petróleo nada. Y Bruno regresó a Cuba, como un perro manso y triste, ante la realización de que Rusia los había abandonado, otra vez, como sesenta años antes, ahora, en su existencial momento de colapso por asfixia.
En cuanto a China, otra pieza del entablado conspirativo contra Estados Unidos implantado en Cuba, se sabe, de hecho, que mantiene, y usa de manera consistente, cuatro plantas para la colección auditiva de mensajes de EE.UU. a sus cuerpos consulares y hasta mensajes claves del Pentágono. Esto lo ha confirmado el Centro para Estudios Estratégicos Internacionales y lo dio a la publicidad en un ensayo escrito por sus “scholars”, en el 2024, donde agrega, además, que tales sitios de espionaje han sido notablemente renovados en los últimos años.
De esta manera queda expuesta la explícita entrega de Cuba a los intereses de China y Rusia contra Estados Unidos. Pero, no sólo eso. Cuba actuaba como la Celestina, la alcahueta fiel, para que ambos poderes avanzaran sus ambiciones en los países hispanoamericanos.
Así, por esta confabulación maléfica, cayeron Venezuela, Bolivia y Nicaragua en la órbita comunista. Y, en reciprocidad a esta entrega, ¿qué esperaba Cuba?: Apoyo económico y militar.
Sin embargo, por caprichos del imponderable, o por designios de la Divina Providencia, llegó el 3 de enero a Venezuela con el fin de Nicolás Maduro y comenzó un cambio repentino y radical en el corral de la América Hispana. Ya las cosas no serían igual. Todo cambiaría. Se produciría una transformación fundamental no sólo en los confines del hemisferio occidental, sino más allá del más allá de nuestras fronteras. Y Cuba se quedaba sola como el eco de la voz de Juan en el desierto.
Funcionarios de la tiranía cubana fueron a tocar las puertas de Beijing, como los mendigos a las puertas de las iglesias, con la mano extendida, en busca de limosna. No sé en qué nombre invocaron la misericordia, aunque estoy seguro que no fue en el de Dios. Pero, de todas formas, los chinos se apiadaron y les enviaron unas 600 toneladas de arroz y la promesa de ayuda “moral” que consistiría en un par de discursos en la ONU y nada más.
Cuba es, bajo cualquier microscopio, un país fallido, arruinado, quebrado física y espiritualmente, con una población sufriente, agónicamente, por la ausencia de atención a sus más básicas necesidades biológicas. Ése es el legado que deja en Cuba el comunismo.
Pero el tablero de la geopolítica mundial ha cambiado. El inicio de este año, 2026, como la luz de un relámpago trágico, anuncia metamorfosis asombrosas. Venezuela fue el comienzo. Los acontecimientos que conmueven en el presente los cimientos del Oriente Medio, prometen, por primera vez, en el desfile de los siglos, la noción de una vida más verídica, justa, noble y pacífica en el área donde surgió la fe del hombre.
¿Qué viene ahora para la Cuba que sufre? Es posible que esta claridad insólita del nuevo año llegue a producir el esperado cambio. Existe una favorable alteración de ruta en Washington. Se lanzan, desde las sillas de gobierno, profecías alentadoras. Se afirma, por el propio presidente, que en este 2026, habrá un cambio de gobierno en Cuba. Renacen las esperanzas de una nueva aurora en la tierra de Martí.
Entretanto, el régimen comunista, desesperado, abandonado por sus patrones, China y Rusia, se entretiene en maniobras dilatorias. Propaga rumores. Trata de confundir a la población. Persiste en su vieja treta de ganar tiempo, con la ilusoria esperanza de que algo, un milagroso evento impredecible, le ayude a mantener su poder de inmundicia y podredumbre moral.
Pero ya es muy tarde. Se les acabó el tiempo.
Ahora es el momento de hacer las maletas. 2026 es su último año en el poder.
Tienen que irse todos, no unos cuantos, como en Venezuela, sino TODOS.
Las brisas de la nueva aurora anuncian un mundo mejor. Un mundo feliz.
¡Cuba lo merece!






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