CUBA EN CRISIS HACIA EL COLAPSO

Written by Adalberto Sardiñas

6 de enero de 2026

Lo acaba de anunciar en días pasados “The Wall Street Journal”, un periódico serio, de buena reputación ética profesional, y generalmente bien informado. Sin embargo, en esta información, extensa y detallosa, le faltó exactitud en la cronología. Cuba no entró en crisis hace tres semanas como resultado del bloqueo americano al petróleo venezolano. Ni desembocó en los estertores recientes por el surgimiento de malas noticias. 

Cuba, ha vivido en permanente crisis por los últimos cincuenta años, o más, a pesar de estar recibiendo petróleo subsidiado, casi regalado, de Venezuela, por los últimos veinticinco. Lo que ha pasado es que la crisis, con la potencial ausencia de esa fuente energética, debido al bloqueo de los buques fantasmas, la ha empujado al borde del colapso, a unos pasitos del derrumbe total. Está boqueando. Respira, a duras penas, con el ansia de una asfixia fatal. Pero entre convulsiones y apagones, en medio de una carencia total de insumos de toda clase, utiliza la mermada energía que aún le queda para continuar la opresión y el encarcelamiento contra aquellos que opinan diferente, y que, como disidentes, son objeto de todo tipo de humillaciones y atropellos.

 Pero no son solamente los maltratos, la escasez de alimentos o medicinas, o la tortura física; es también, la tortura moral que ha aplicado la dictadura comunista cubana a lo largo de sus 67 años de malvada existencia a todos los cubanos, dentro y fuera de las prisiones.

Yo diría que Cuba no está al borde, sino que ya, en el curso normal de las cosas, ha colapsado. Los cubanos pasan hambre, duermen a la intemperie por falta de electricidad para mover los ventiladores, por la misma razón se pudren los pocos alimentos que tienen porque carecen de refrigeración, se acumula la basura en las calles de La Habana y todas las ciudades, y encima de estas calamidades, por la falta de higiene y salubridad, azotan a la Isla diversas incontroladas epidemias contagiosas que el gobierno no tiene medios para combatirlas. Las muertes proliferan por falta de atención. Y el gobierno las oculta omitiendo el número de fatalidades.

¿No es éste el ejemplo clásico de un país colapsado? En mi lectura lo es. Como también lo es la repetida lección de un sistema probadamente fallido, mantenido en Cuba por la ambición, el latrocinio, y la insaciable sed de poder de un grupo de malversadores que insiste en mantenerlo, contra viento y marea, a costa del sufrimiento generalizado de su pueblo.

  Pero como la expresión coloquial nos advierte, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y al parecer, al régimen cubano le va llegando su hora.

La decisión del gobierno norteamericano de establecer un semi bloqueo naval a Venezuela, por virtud del cual no barcos sancionados -son más de 70- podrán entrar ni salir de los puertos venezolanos cargados de petróleo, mantiene a los “mandamás” en Cuba en vilo. Están, más que nerviosos, atemorizados, presintiendo el preludio al derrumbe final.

Esto no deja de ser buena noticia para los venezolanos, y por vía indirecta para los cubanos, que ven en ello la esperanza de despojarse de la tiranía que por una eternidad los ha, inhumanamente, victimizado. También sería un gran alivio para la libertad en la amplia comunidad hispanoamericana y para la democracia en general.

De materializarse la suspensión del flujo de petróleo venezolano a Cuba, el régimen de La Habana sabe, porque es malvado, pero no estúpido, que el derrumbe total de su economía es el próximo paso hacia la devastación final. No importa lo que hagan Rusia, ni México. Ha llegado al punto de no regreso. 

 Ante la potencial emergencia de este espectro fatídico, el régimen comienza a moverse. Ha desarrollado, al máximo, el arte de la indigencia. De eso ha vivido. Es un gobierno pordiosero. Limosnero. Implorante. Siempre con la mano extendida para recibir la migaja generosa ajena.

 Ha acudido a Lula, pero la compañía Petróleo Brasileiro, que funciona con cierta autonomía, le ha dicho que sí, que le vende todo el crudo que quiera, pero cash, y al frente. Los brasileiros saben que Cuba no paga y no quieren arriesgarse. 

Pero, en el otro lado de América, al Norte, está México, siempre presente y listo para apoyar, y ayudar, en todo lo posible, a todos los países enemigos de Estados Unidos.

 Y, la presidenta -me molesta la expresión por ser un barbarismo idiomático- ha dicho, de manera gustosamente espontánea, que seguirá enviando petróleo a Cuba; y que, precisamente, la pasada semana envió 80,000 barriles como ayuda humanitaria a Cuba. 

¿A qué Cuba se refiere? ¿A la de los cubanos que aspiran a ser libres, o la de sus victimarios? Porque, ¿acaso no sabe la presidenta Sheinbaum que Cuba revende a países asiáticos parte del petróleo recibido, lucrando, descaradamente, con la magnanimidad ajena?

Por supuesto que esto no le importa a la presidenta porque su intención es ayudar a un gobierno al cual está ideológica y nostálgicamente atada a través del recuerdo su padre, quien, hasta su muerte en 2013, fue un comunista activo. Pero de esto hablaremos, o, escribiremos, en un próximo artículo. Lo de ahora es Cuba y Venezuela. 

El artículo del Wall Street Journal, mencionado arriba, afirma que el 70% de la población cubana sólo tiene acceso a una comida al día; el 90% vive en extrema pobreza; los niños no pueden  asistir a la escuela por miedo al contagio; escasea el agua para el aseo personal y limpieza de los inodoros, y 2.7 millones de cubanos -la mayoría jóvenes- equivalente a más del 20% de los habitantes ha abandonado el país, por diferentes vías, desde el año 2020 engendrando una crisis demográfica -otra más- ésta de calificada tragedia humanitaria. 

 Y ahí no para el éxodo.  Un sondeo realizado por la encuestadora Social Rights Observatory arrojó que el 78% de los cubanos desea abandonar el país de cualquier medio posible, y a cualquier país que los acepte, para escapar de la terrible situación en la que subsisten en la Isla.

 Cuba, un país otrora próspero, vive sumida en muchas crisis, pero todas convergen en una tragedia existencial dentro de un estado fallido, ya en pleno colapso.

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