CAYÓ MADURO, PERO ¿QUÉ HA CAMBIADO EN VENEZUELA?

Written by Adalberto Sardiñas

10 de febrero de 2026

En realidad, muy poco. Ciertamente la extracción de Maduro del poder ha sido un motivo de júbilo para los venezolanos y para los que atesoran los principios democráticos. Es un gran paso en la dirección correcta, pero no suficiente para colmar las ansias del pueblo de Bolívar. En síntesis, Venezuela sigue igual, tal vez, un poquito mejor, sin la existencia autoritaria de su narco-presidente ahora descansando en una prisión en Brooklyn. Sin embargo, su perniciosa pandilla sigue en el poder y todos los militares encarcelados varios años por oposición al chavismo continúan en prisión. 

Y esencialmente permanecerá igual hasta que no se desmantele la repulsiva claque madurista de Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, todos tan, o más perversos y corruptos que su protector.

Hoy la silla presidencial de Miraflores cambió de dueño. La vice presidente de Maduro, cómplice de todos sus crímenes, Delcy Rodríguez, es la presidenta interina, a pesar de estar sancionada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, acusada de haber presidido violaciones de los derechos humanos. También lo está Cabello, mandarín absoluto del Cartel de los Soles, sobre cuya cabeza reina una oferta de recompensa de 20 millones por su captura.

¿Se imagina usted, cómo se siente el 80% de los venezolanos que en las últimas elecciones votó contra Maduro, y termina, con estos tiranos en el poder? Porque aquí se cercenó la cabeza, pero el resto de la serpiente continúa latiendo.

En Venezuela la operación militar, brillantemente ejecutada hace un mes, no ha traído un ápice de libertad a la población. La gente vive tan atemorizada como antes. Tiene miedo hasta de salir a la calle con su teléfono celular. Está recelosa. La liberación de los presos políticos se efectúa a cuenta gota y aun se aprehenden y encarcelan a ciudadanos transitando en las calles. ¿Y saben por qué? Porque todavía mandan los matones de ayer. 

Cabello sigue al frente de la represión. Todavía es el esbirro en jefe. Con excepción de Maduro, ya fuera del panorama, poco ha cambiado, salvo que ya vamos a tener más acceso al petróleo -merecidamente- porque le fue expropiado a las compañías americanas que gastaron miles de millones en crear una estructura industrial petrolera muy exitosa. Sí, es verdad, este es un logro muy justo.

Pero, ¿fue éste el verdadero propósito para la remoción de Maduro? ¿No era tornar a Venezuela en un país libre, respetuoso de los derechos de sus ciudadanos a vivir sin temor? ¿No era ése, el primer paso, y luego todos los demás? ¿No debería ser ése el primer asunto en la agenda de las prioridades?

Entendemos que operaciones de esta naturaleza necesitan tiempo para su desarrollo y estabilización. No es cuestión de unas semanas. O de unos meses. Lleva de uno a dos años y avanza por etapas, hasta alcanzar un orden social, político y económico, funcionalmente democrático. Esto es lo ideal, si todo va bien. Y ojalá que todo vaya muy bien. Venezuela lo merece.

¿Pero qué pasaría si Delcy se toma en serio su papel más allá de la interinidad y comienza a obstaculizar los planes de Trump como pareciera estar sucediendo en estos momentos con sus pretendidos “rechazos” a las órdenes de Washington? ¿Son genuinos o fingidos? Porque, ¡cuidado!, que esta corruptela siempre trae la traición debajo de la manga.

Sin embargo, ante esta potencial eventualidad, la respuesta, y el remedio, los ofreció en términos muy claros el secretario de Estado, Marco Rubio, en su comparecencia ante el Senado: “Estamos preparados para usar la fuerza para asegurar la máxima cooperación si otros medios fallan” Excelente, me levanto el sombrero. Y, el presidente Trump ha repetido -nuevamente- como prudente recordatorio, que existe el plan B para ser implementado de ser necesario. Esos mensajes tranquilizan y los tomamos en serio. Bienvenidos.

Es notablemente curioso que cuando esta exitosa cirugía higiénica ocurría en Venezuela para extraer del poder a un brutal dictador, la presidenta de México derramaba lágrimas de cocodrilo en nombre de “la propia determinación de los pueblos”. En medio del casi total júbilo por la captura de Maduro, la voz, opaca e insincera de la señora Scheinbaum se lamentaba por “la propia determinación” de una oprobiosa dictadura. ¿Y qué del pueblo venezolano?

Pero esa cantaleta mexicana ya está en desgaste. Ese cacareo sinfónico marxista tan próximo al corazón de Claudia Scheinbaum, sobre “la propia determinación de los pueblos”, no debe incluir, por imperativos morales y de decencia, el establecimiento, protección y amparo de regímenes brutales, como Venezuela y Cuba, por los que el gobierno de México siente tan honda y santa compasión. Atarse ideológicamente a esos regímenes espurios, simplemente porque sienten y piensan como ellos, es una traición a los principios de libertad y solidaridad humana.

Ningún gobierno puede ser legítimamente establecido, o mantenido, con el propósito de opresión a su pueblo. Tal gobierno sería ilegal y por lo tanto no tendría derecho a existir. Los gobiernos existen con el principal objetivo de proteger los derechos individuales. Busquemos al hombre libre, dentro del Estado libre y moderador de las conductas, totalmente alejado del carácter ferozmente despótico, materialista y unitario como el de los dos arriba mencionados. Regímenes como ésos, deben ser desplazados para la paz y el bienestar de los pueblos del hemisferio. Más que un deseo humanista, es una urgente necesidad.

El primer paso se ha dado. En Venezuela cayó, parcialmente, la dictadura, aunque los rezagos perduran.  La neblina de la guerra aún no se ha levantado y el plan de Estados Unidos para Venezuela, esbozado en términos generales, sin especificaciones, de momento no luce universalmente claro, sobre todo para las agonizantes expectativas de los venezolanos en espera de su completa liberación.

Ante el panorama presente en Venezuela, resulta difícil-aunque no imposible- visualizar un futuro a corto plazo donde la cooperación de los mandamases de turno cumpla a plenitud las órdenes de Estados Unidos. Ya se observan, abiertamente, rechazos a las órdenes de Washington en palabras directas de Delcy Rodríguez. Y se hace necesario entender, que, en el proceso natural de las cosas, este tipo de fricciones frecuentemente se agudiza y empeora hasta terminar en crisis.

Por lo tanto, no creo estar desacertado en creer, convincentemente, que, para obtener un resultado plausible, justo, luego de la brillante operación militar, es necesario, absolutamente indispensable, la disolución total de la gavilla gansteril que hoy ocupa el gobierno de Venezuela. Es una continuación de lo anterior. El mismo perro con diferente collar.

Y creo, además, que, para la total liberación de la nación andina, si los corruptos interinos no obedecen al pie de la letra las órdenes de Washington, se necesita otra operación militar, con tropas en tierra, para que la limpieza llegue a su culminación.

Mientras permanezcan en el poder Delcy, su hermano Jorge, Cabello, Padrino, y toda la canalla institucional corrompida, no habrá en Venezuela ni paz, ni estabilidad.

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