Todos estuvimos enamorados de estrellas inaccesibles.
Desde que tuvimos uso de razón y pusimos un pie en el cine, desde que encendimos el televisor nos dimos cuenta que estábamos rodeados de preciosuras inalcanzables.
La Revista Bohemia nos brindaba “El pollo de la semana”. Todavía escucho a venerables ancianos que viven eternamente enamorados de Gina Cabrera, de Raquel Revuelta, de Rosita Fornés.
De niño yo no estaba seguro de cuál me gustaba más ¿Lina Salomé o la primera dama Mary Tarrero?
Nada iluminaba más nuestras vidas que ver a Marta Véliz “la Meneito” anunciando la cerveza Cristal.
Mi padre me decía: “¡Estebita, cuando salga Blanquita Amaro bailando en la televisión avísame para verla!”
“Las Mulatas de Fuego” en el Tropicana eran monumentales, Olga Chaviano era un trueno, Ninón Sevilla paraba el tráfico en México y en La Habana.
María Antonieta Pons estaba estupenda, y muchos compatriotas que peinan canas no olvidan a la linda Rosa Carmina, popular por ser la primera diva del “cine de rumberas cubanas”.
Lilia Lazo lucía estrafalaria en su papel de “Popa”, pero en la vida real era lindísima.
Y para no desdorar a las extranjeras, ni sonar demasiado nacionalista, también -en nuestra imaginación- pretendimos a las bellas y hermosas Hedy Lamarr, Sarita Montiel, Marilyn Monroe, Sofía Loren, Jayne Mansfield, Tongolele, María Felix, Brigitte Bardot, Gina Lollobrigida, Silvana Pampanini, su tocaya la Mangano y la bellísima Elizabeth Taylor.
0 comentarios