Años Críticos: del camino de la acción al camino del entendimiento

Written by Enrique Ros

20 de enero de 2026

El camino Hemisférico (I)

1963 Y LA “UNIDAD” CUBANA

En la primera semana de enero, Adlai Stevenson, Representante permanente de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, notificó al Consejo de la OEA la decisión del gobierno norteamericano de poner fin a las negociaciones con la Unión Soviética.

Informó Stevenson que “aunque no se ha logrado llegar a un acuerdo sobre un número de cuestiones en los dos meses de negociaciones, éstas habían llegado a un estancamiento”. Ya, a los fines políticos de ambos gobiernos, las negociaciones habían dado el fruto apetecido.

Para Kennedy, había significado una aplastante victoria electoral, una aureola de héroe y la retirada de cohetes atómicos que representaban una amenaza para la seguridad de la nación. Kruschev conseguía la eliminación de los cohetes Júpiter emplazados en Italia y Turquía que amenazaban sus fronteras. Hubo un tercer beneficiario: Fidel Castro, que se veía amparado de actos hostiles desde los Estados Unidos o desde cualquier otra zona del continente.

Como aún permanecían en la isla millares de soldados soviéticos, resultaba necesario calmar la inquietud de algunos representantes latinoamericanos ante este súbito cambio de actitud.

Adlai Stevenson dio a conocer, para sorpresa de los miembros del Consejo de la OEA, que Estados Unidos y la URSS habían llegado a un acuerdo para enviar un comunicado conjunto al Secretario General de las Naciones Unidas U-Thant, poniendo fin oficialmente a las negociaciones.

Stevenson quiso apaciguar a Nelson Himiob, delegado de Venezuela en la OEA, afirmando que “sin buques de desembarco y sin cohetes, esas fuerzas compuestas de 15 ó 16 mil militares rusos no pueden considerarse de naturaleza ofensiva”. Otra vez, los juegos malabares de la administración con los famosos calificativos que antes aplicaba a los cohetes y a las armas.

A los pocos días, el Departamento de Estado —interesado en tranquilizar el temor de algunos diplomáticos hemisféricos— pone nuevamente en ridículo a Stevenson. Esta vez, es el subsecretario Edwin Martin, aguijoneado por la delegación venezolana, quien dice lo opuesto del embajador: “el problema de las tropas soviéticas en Cuba debe ser tratado por la Organización de Estados Americanos (OEA)”.

Era comprensible la irritación del delegado del gobierno de Rómulo Betancourt. En esos momentos las fuerzas venezolanas perseguían en la Sierra de Coro, en el Estado de Falcón, a guerrilleros comunistas entrenados en Cuba y, Castro, desde La Habana, exhortaba “a las masas de América Latina a levantarse contra las autoridades constituidas”.

No necesitaba Castro de la cohetería nuclear soviética para subvertir el continente. Es ese el principal argumento de los representantes hemisféricos. El canciller argentino, Carlos M. Muñoz, en este esclarecedor mes de enero de 1963, comunica que su nación favorece “una pronta acción hemisférica para ponerle fin a la propagación del comunismo procedente de Cuba”.

DE NUEVO, “LAS ARMAS 

DEFENSIVAS”

Pocos días después, el 5 de febrero, Robert McNamara tuvo que admitir la existencia en Cuba de más de “600 cohetes de cinco tipos distintos”. Por supuesto, “todos defensivos”. Era el clásico “yoyo”. El 2 de febrero, el Pentágono había admitido que “los cohetes con que cuenta Cuba tienen un alcance de 80 kilómetros”. Tres días después, por obra y gracia de una nueva declaración, su alcance queda reducido a la mitad: “los cohetes tienen al parecer, un radio de acción de 40 kilómetros”, (cable de la France Press de febrero 5).

Para disipar inquietudes, McNamara ofrece al Congreso otra de sus tajantes opiniones: “no me preocupa en absoluto las armas ofensivas que los rusos puedan tener en Cuba”. Pero a los militares que se tienen que enfrentar a las guerrillas sí les preocupa y, también, la debilidad de algunos gobiernos ante la subversión comunista.

Pero los Estados Unidos seguían preocupados por la capacidad de Cuba de servir de base para subversión en el hemisferio. En un memorándum de la Casa Blanca dirigido al Grupo Permanente se manifestó que “estamos dándole a este problema la más alta prioridad” y se afirma que “podemos informar progresos en contrarrestar los esfuerzos subversivos de Cuba”. El memorándum, desclasificado casi 30 años después, el 5 de noviembre de 1992, expresaba que “estos documentos fueron usados para preparar los puntos que debíamos tocar en la reunión de Presidentes de San José donde se decidió convocar una Reunión de los Ministros de Gobierno, o de Seguridad en Managua para discutir medidas que contrarrestasen la subversión castro-comunista en las zonas especialmente vulnerables del istmo”.

Ydígoras Fuentes es víctima de un amistoso golpe de estado. En la mañana del sábado 30 de marzo, un grupo de coroneles toma el poder y envía por avión a Managua al viejo presidente. ¿Reacción de Ydígoras?: “Es conveniente el golpe para Guatemala y América Central”. Será el Coronel Enrique Peralta, su Ministro de Defensa, quien luego de disolver la Asamblea Nacional, dirigirá el nuevo gobierno. Promete mano dura con los comunistas.

Tres meses antes, el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), denominación con la que operaba el partido comunista, había constituido con los grupos guerrilleros comandados por Luis Augusto Turcios, Marco Antonio Yon Sosa y Luis Trejo, las Fuerzas Armadas Rebeldes (F.A.R.), organismo que estaría debilitado por disenciones internas.

En septiembre 25 las fuerzas armadas dominicanas deponen al presidente Juan Bosch. El gobierno lo asumen, temporalmente, tres civiles: Emilio de los Santos, Manuel Tabares Es-pallat y Ramón Tapia G., y se da a conocer un manifiesto al pueblo firmado por 27 altos oficiales del Ejército, la Marina, la Aviación y la Policía. Entre ellos estarán los Generales Antonio Imbert y Luis Amiama.

Como Ministro de Relaciones Exteriores fue designado Donald Reid Cabral. Buen augurio para los combatientes anticastristas cuyas bases, en Costa Rica y Nicaragua, están siendo objeto de un minucioso escrutinio. El creciente hostigamiento de la prensa llevará pronto a Manuel Artime y al MRR a buscar otro centro de operaciones. Mirarán hacia Quisqueya, donde, ahora, Reid Cabral presidía el triunvirato gobernante.

El tercer día de octubre el presidente de Honduras es derrocado por un cruento golpe militar. Más de 30 personas mueren en los enfrentamientos que despojan del poder a Ramón Villeda Morales. El nuevo jefe de gobierno lo será el Coronel Osvaldo López Arellano.

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