El camino de la acción (XII)
Mientras, la Jefatura de la Seguridad del Departamento de Seguridad del Estado ordena la captura de Orlando Martiniano de la Cruz Sánchez, Juan Israel Cazañas León, Jesús Plácido Rodríguez Mosquera, Luis Beltrán Arencibia Pérez, Francisco Blanco de los Cuetos, el ingeniero Federico Hernández González y otros a quienes acusa de pertenecer a las organizaciones “Frente Interno de la Unidad Revolucionaria (FIUR)” y “Triple A” y de planear volar la tribuna del acto que se realizaría por el aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución. La detención no es recogida por la prensa.
El 22 de septiembre un cable de la UPI da a conocer que “exiliados cubanos a quienes se interceptó cuando trataban de salir de Miami Beach hacia Cuba dijeron que son víctimas de persecución, por negarse a aceptar órdenes de la Agencia Central de Inteligencia”.
La acusación hecha por el grupo de exiliados “Comandos L” fue reiterada por otra agrupación de exiliados, el Movimiento Insurreccional de Recuperación Revolucionaria. El MIRR dijo que “la Agencia Central de Inteligencia está mal intencionadamente, desviando, empeñando y hasta corrompiendo el movimiento contra Castro”.
Para clarear de obstáculos la ruta, “los compromisos contraídos” se siguen ejecutando. En octubre 20 de 1963 tres embarcaciones “fuertemente armadas y tripuladas por 21 cubanos” fueron detenidas por los guardacostas cuando se dirigían hacia Cuba en una operación organizada por Comandos L.
A bordo de las embarcaciones se encontraron numerosas armas. Una cuarta unidad, cargada con combustible, fue encontrada en el río Miami. Pedro Muiño, vocero de los Comandos L, expresó que iban a iniciar la guerra de guerrillas en Cuba con las armas que les fueron ocupadas. Denuncia Muiño “el celo desplegado por las autoridades de este país, vigilando y persiguiendo a los grupos cubanos anticastristas no sometidos”. Esto, afirma el dirigente de Comandos L, “contrasta con la impunidad manifiesta de que gozan los agentes de la CIA… que continúan engañando a los cubanos, añadiendo páginas bochornosas a las ya escritas”.
LA OPERACIÓN DEL REX:
EN BUSCA DE INFORMACIÓN
La CIA estaba obstaculizando la realización de acciones. Sólo alentaba —organizándolas y facilitándolas— las actividades de recolección de inteligencia. En estas últimas labores se encontraba, el 21 de octubre, a las pocas horas de haber sido azotada la isla por el huracán Flora, un barco de 170 pies de eslora, con guía hidráulica para arriar y alzar lanchas. Se trataba del “Rex”.
El Rex tenía 174 pies de largo, construido en los primeros años de la década del 40 y reacondicionado con elaborados equipos electrónicos, reflectores de gran potencia y grúas que podían arriar o levantar con rapidez lanchas rápidas de 20 pies. Un barco de las mismas dimensiones y condiciones era el Leda. Otro, de iguales características era el PC 1140, propiedad de Santiago Babún, que fue decomisado en Miami por las autoridades norteamericanas horas antes de iniciarse el desembarco de Playa Girón. (Ver “Girón: La Verdadera Historia”, del autor).
Comandaba el Rex un hombre de gran experiencia, Alejandro Brook, que operaba principalmente en la parte occidental de la isla. (Su hermano Gaspar tenía a su cargo en el barco gemelo, el Leda, las operaciones que se realizaban en la parte oriental).
La tripulación la formaban, además, Frank Casterví, como primer oficial; Oscar Cabaña, Segundo Oficial; e Illa, como Tercer Oficial. Funcionaba como telegrafista, Sardiñas y como Jefe de Máquinas, Torriente. El Primer Oficial de Máquina, era Ernesto Montero; segundo, Ángel Benítez; y el tercero, Caravallo. También formaba parte de la tripulación Hernández, Lima y otros. Arcángel Amador era Contramaestre de cargo.
Aparecía el Rex, a los efectos oficiales, como perteneciente a una firma petrolera de Miami. La embarcación se mantenía amarrada a uno de los muelles de West Palm Beach.
El buque reparado y acondicionado siete meses atrás, había zarpado de West Palm Beach el 19 de octubre, arribando a un punto conocido por “La Bóveda” entre Cabo Francés y Cabo Corriente cerca de Guane, Pinar del Río, la noche del 21 de octubre.
No era éste el primer viaje del Rex a “La Bóveda”. En varias ocasiones anteriores habían infiltrado y, luego, exfiltrado, a Alberto del Busto, íntimo conocedor de la zona donde había vivido por muchos años y que había organizado en esas operaciones a un equipo de campesinos que lo ayudaban en la recolección de información.
Esa noche desembarcarían, para subir los altos farallones, Alberto del Busto, Mente Inclán, Luis Montero Carranza y Roberto Lizano Rodríguez (El Rubio).
Del Busto es el primero en ir a tierra para hacer el contacto. Lo esperan, esta vez, soldados que tratan de detenerlo. Se resiste al arresto y se producen disparos. Del Busto es herido, y los demás saben que la operación ha fracasado. Se inicia un intenso tiroteo. Los que se encuentran en la pequeña balsa en la que han llegado a la costa (Mente, Montero y Lizano) pueden lanzarse al agua segundos antes de que la balsa sea destruida con una ráfaga de ametralladora. Es de noche y se acerca un avión de propela para lanzar “luces de bengala” que iluminan el área hacia donde ya se dirigen dos aviones MIGS.






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