Por Luis de la Paz
El escritor y periodista cubano Pablo Socorro ha añadido a su línea de trabajo la labor de editor de libros. Hace unos años creó la Editorial Lunetra, casa que ya muestra un sólido catálogo.
Desde la ciudad de Tampa, que tiene grandes conexiones con la historia de Cuba, el escritor brinda un panorama de su trayectoria, con toda la carga que representa ser un exiliado.
Pablo Socorro nació en La Habana, en 1951. Se licenció en Periodismo en la Universidad de La Habana. Trabajó en medios cubanos de prensa hasta su partida al exilio en 1996. A su arribo a Miami, hizo disímiles trabajos, incluso de sepulturero hasta que se convirtió en redactor de mesa de la Agencia Reuters. Luego su experiencia en los medios lo llevó a Los Ángeles, California, como corresponsal de la Agence France Presse (AFP).
Como escritor publicó en Cuba los libros Dos pueblos hermanos, y Flor, mujer, compañera. Luego en Estados Unidos Orgasmo de tu ausencia, Hablar en cubano y Saliendo del clóset.
Ha recibido reconocimientos como mención del Premio Literario de poesía Luigi Pirandello de Italia; Concurso de Cuentos Letras Marinas III en Argentina, y Premio de Honor en el Concurso Internacional de Poesía y Narrativa “Alianza de Palabras”, también en Argentina. Reside en el norte de Florida con su esposa y su fiel perro Fenris, “muso” de varios de sus cuentos.
—Eres el fundador y director de la Editorial Lunetra. ¿Cuál es la misión de la editorial?
La Editorial Lunetra fue fundada en el 2019 con el propósito de divulgar y promover la obra de los autores de habla hispana e inglesa alrededor del mundo. Con sede en Tampa, contamos actualmente con un catálogo de 210 libros publicados de 99 autores de doce países.
Nuestra misión también es darle hogar a historias que vienen del exilio, de la isla, de la calle, del silencio familiar y de la esperanza; rescatar testimonios, poesía, narrativa y pensamiento que merecen quedarse en la mesa y no perderse en el viento digital. Y hay otro propósito, el más importante: acompañar al creador desde el manuscrito hasta el libro terminado. Sin dudas que hemos crecido; ya tenemos más de un año realizando todos los meses la Tertulia Lunetreando en Miami, y ya lanzamos la convocatoria al Primer Concurso de Poesía Luna de Letras.
—¿Cómo es el proceso de selección de los libros a publicar con Lunetra?
Elegimos voces que tengan algo que decir y la valentía de decirlo, con belleza y sinceridad. Cuando recibimos una obra la analizamos en nuestro pequeño consejo editorial, formado por las editoras Zenaida Ferrer Martínez, periodista y escritora, y las poetas Maite Glaría, Lídice Megla y por mí. El criterio de selección es claro: buscamos obras que tengan valor literario real –lenguaje cuidado, voz propia, tensión narrativa o poética–, pero que además y, cuando corresponde, tengan peso histórico y político con rigor y coraje. En ese camino, damos prioridad a manuscritos que señalen y desenmascaren la opresión de la dictadura castrocomunista y sus consecuencias en la vida cotidiana del cubano, la memoria familiar, el exilio, la censura, la pobreza y el miedo.
—Cuántas colecciones tiene la editorial y cómo funciona el catálogo editorial.
Contamos con colecciones en los géneros de novela, cuento, ensayo y testimonio, poesía, deportes, humor, teatro y cine, arte y la más reciente creada, Colección Umbral, para libros de autoayuda y superación, un género muy vendido en Amazon.
—Ejerciste el periodismo en Cuba, y hasta tu jubilación en Estados Unidos. Háblanos de esa etapa en tu vida profesional
Empecé en la carrera de periodismo muy joven, tras graduarme en 1977 en la Universidad de La Habana. Era un periodista oficialista, que en la medida en que fui creciendo espiritual y profesionalmente fui abriendo los ojos a una realidad que nada tenía que ver con el discurso oficial. Fueron dos hechos los que constituyeron el parteaguas que me llevaron a abandonar el país: cuando me tocó cubrir el juicio por la Causa Uno de 1989, que terminó con el fusilamiento de Ochoa y otros tres militares, y el nacimiento de mis hijas. Viví con miedo, lo confieso, Actuaba como periodista en el día, y por las noches salía con mi almendrón azul, un Chevy Impala 59, a recorrer los hoteles en busca de turistas para ganarme unos dólares y mantener la familia. En 1996 encontré la oportunidad y abandoné una delegación deportiva cubana que competía en el Mundial de Lucha Libre en Colorado Springs. Mi primer trabajo en Miami fue de sepulturero en el cementerio de la calle Flagler. También pinté edificios, manejé limosinas, vendí pan con lechón. Como todo recién llegado, pagué mi derecho de piso, y muchos de esos trabajos me han dado material para mis libros. Un año después de emigrar, hice oposiciones por un puesto de corresponsal de la Agence France Presse (AFP) en la costa oeste de Estados Unidos y me mudé a Los Ángeles. Puedo decir que fue entonces cuando aprendí que el verdadero periodismo no es solo oficio, sino ética y superación constante. En veinte años con AFP recorrí el mundo cubriendo eventos deportivos como Juegos Olímpicos, Mundiales de fútbol, peleas de boxeo, Premios Oscar de cine y Grammys de música, Cumbres Políticas, desastres naturales y atentados terroristas como el del 11 de septiembre de 2001. Luego colgué los guantes, como se dice en el argot deportivo, y fundé la Editorial Lunetra para mantenerme vivo.
—Tu literatura se desarrolla fundamentalmente en poesía y narrativa, ¿cuáles son los temas más recurrentes en lo que escribes?
En mis catorce libros publicados hay un pulso que se repite: Cuba como herida y como personaje, contada mediante crónicas, cuentos, poesía, marcados por la ironía, el humor y la memoria. Escribo para que los lectores rían y piensen. Mi poesía es más bien conversacional. Creo que eso me viene del cronista que soy.
—Tu novela El Almendrón Azul ha sido bastante exitosa. Háblanos de ese libro dentro de la totalidad de tu literatura.
El Almendrón Azul, como lo describió con acierto mi amigo, el escritor José Hugo Fernández, “es en realidad una vidriera de fascinantes almas en pena”. El libro nació de todas las experiencias que tuve en mis tiempos de chofer clandestino jineteando el dólar por toda La Habana. El Almendrón no es más que el escenario y metáfora de una Cuba nocturna que respira, miente, sueña y se hunde. Y de hilo conductor, el fantasma de Camilo Cienfuegos, que viaja en el asiento trasero, como espejo y alma atribulada de sus pasajeros.
—Vives en Tampa, cuna de la Independencia de Cuba, ¿cómo es la vida de los cubanos en esa ciudad?
En realidad, no hay una vida cultural tan rica y movida como la de Miami. Trabajamos junto a otros editores del patio, como Alberto Sicilia y Gabriel Cartaya, para crear una peña literaria en la que autores tampeños y de otros lugares, puedan exponer y presentar sus obras. A veces parece que navegamos contracorriente, ya que ninguna de las asociaciones y clubes de tema cubano que existen en la ciudad se interesan en este tema. Me pasó recientemente con la presentación del libro Toma Uno del cineasta Lilo Vilaplana; en todas las puertas que tocamos había un cartel que decía: “Pague para entrar”.
—Fuiste parte de la Feria del Libro en Ibor City, que fue bastante polémica. He leído que se espera realizar otro evento similar en noviembre. ¿Podrías hablarnos de la feria en Tampa y de la que ya se anuncia?
A pesar de la polémica, la Primera Feria del libro de Tampa fue un éxito promocional y en ventas para Editorial Lunetra. Allí presentamos obras de diez de nuestros autores, la mayoría con libros que atacaban o denunciaban directamente a la dictadura castrofacista. Confieso que la tormenta posterior a la Feria me tomó desprevenido, pues desconocía la invitación de los organizadores a escritores oficialistas y personeros de la censura oficial. Cuando lo supe, ya había arrancado el evento y decidí permanecer en él haciendo uso de mi libertad de criterio. Agentes del régimen no me iban a privar de exponer las obras de mi editorial. Aclaro que no estoy en contra de que se invite a escritores oficialistas, pues buena parte de los que vinieron decidieron aprovechar el viaje para quedarse en este país, tal y como hice yo hace treinta años. Mi posición respecto a esta segunda Feria –y así se lo hemos hecho saber a los organizadores–, es que además de autores de la UNEAC, se invite también a escritores no oficialistas como Ángel Santiesteban-Prats, Camila Acosta, Jorge Fernández Era, Rafael Almanza, Reinaldo Escobar y muchos otros que hoy son perseguidos en Cuba por su disidencia política y moral.








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