Luis de la Paz, Especial para LIBRE
Carlos García Pandiello nació en Pinar del Río, Cuba. Es narrador, ensayista y guionista. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Internacional de la Florida. Escribe reseñas literarias y artículos para El Nuevo Herald y distintos medios de prensa de México, Colombia, Puerto Rico y Estados Unidos. Reside en Miami desde 1993 y trabaja como escritor para la cadena Telemundo.
Es autor de la novela Jaspora y realizador del documental Espacio: Juan Ramón Giménez en Miami, sobre el Premio Nobel 1956 y su estancia en el Sur de la Florida. Leer sus respuestas a mis preguntas, es entrar en contacto con una visión clara.
—¿Qué te motiva a concebir y hacer el documental?
El motivo inicial fue cumplir con un requerimiento académico. Cursaba un doctorado en Literatura Hispanoamericana en FIU y quise producir una breve pieza en video sobre la estancia de Juan Ramón Jiménez en el sur de la Florida (1939-1942). Siempre me llamó la atención que una figura de su categoría terminara viviendo en el Miami de aquella época: una ciudad joven, casi sin historia y predominantemente anglosajona. Lo cierto es que su vida y su obra habían caído por mucho tiempo en el olvido. Me sorprendió mucho descubrir que Juan Ramón era mucho más que Platero y el poeta sentimental de sus primeros años, influido por los “ismos” de finales y comienzos de siglo. Descubrí, por ejemplo, que numerosos críticos lo consideran el poeta español más influyente del siglo XX; que su obra encarna, como ninguna otra, la evolución de la lírica peninsular a lo largo de ese siglo; que fue el mentor de la Generación del 27 –su Diario de un poeta recién casado (1916) anuncia a Poeta en Nueva York (1929), de Lorca–, y, sobre todo, en lo que respecta a Miami, que fue este el lugar donde volvió a escribir poesía tras su salida al exilio. Lo más importante: Espacio, su poema más celebrado, fue concebido aquí y está inspirado en la geografía miamense. Todos estos factores me llevaron a hacer un documental de mayor aliento, como Juan Ramón y Miami se merecen, y no una simple pieza.
—Cómo fue el proceso de documentación y realización que a la postre te tomó varios años concluir.
Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia fueron muy fotografiados. Sin esa abundante iconografía, que se hace más escasa en sus años americanos, hubiese sido muy difícil la realización de la película. Otra gran ventaja fue contar con el diario que Zenobia Camprubí escribió durante su estancia en Miami. Ese texto es la base principal del documental, no solo por lo que nos revela sobre el poeta en Miami, que es mucho, sino por las descripciones que hace Zenobia de la ciudad y sus impresiones del estilo de vida americano. También recurrí a archivos en los que se puede encontrar abundante material de las décadas de 1930 y 1940 en Estados Unidos, de Miami, de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Otra cosa fue el proceso creativo, plagado de los obstáculos que tiene que enfrentar un proyecto fílmico concebido con recursos limitados. Pero, como suele suceder en el arte, la espera favorece la maduración de las ideas, el descarte de contenido superfluo –un documental sobre un poeta puede ser algo muy aburrido– o la incorporación de profesionales cuyo aporte resulta decisivo. Estoy pensando en los editores de la película, Léster Pérez y Alejandro Lora, dos amigos de una generosidad infinita.
—Has señalado que “Juan Ramón es la figura más importante de la literatura en español que ha residido en esta ciudad”. Tomando en cuenta que han transcurrido varias décadas y que el Miami de hoy es otro, donde residieron Lydia Cabrera y Enrique Labrador Ruiz, por solo mencionar dos, ¿sigues pensando que Juan Ramón Jiménez ha sido el más significativo de todos?
Lo sigo pensando y gran parte de mis razones las encuentras en la primera respuesta de esta entrevista. Lezama dijo que Jiménez era un ser nacido para la “paternidad poética”, un hecho que, como ha señalado el crítico José Antonio Expósito, resulta muy patente en Hispanoamérica. Basta decir, como apunta Expósito, que de un solo libro suyo, Piedra y cielo, nació toda una generación poética en Colombia: los “piedracielistas”. Y bueno, ahí está su influencia en la poesía cubana del siglo XX (Lezama, Loynaz, Florit, Ballagas), en la puertorriqueña (Palés, Chevremont) y en la uruguaya (Ida Vitale, Idea Vilariño). Cuando Vargas Llosa falleció, el titular de un diario español declaraba que había muerto “la gran literatura hispanoamericana”. Juan Ramón fue eso, es eso: una literatura. Claro que Labrador Ruiz y Lydia Cabrera son muy importantes. De hecho, me encuentro explorando la posibilidad de hacer un documental sobre Lydia.
—Eres autor de Jaspora, novela que aborda temas de máxima actualidad hoy en día, como la inmigración y el racismo. ¿Qué te llevó a escribir ese libro que apareció en el 2017, y que además, es tu primer libro.
Muchas novelas nacen cuando la voluntad creadora y el azar se combinan. O sea, ciertos temas nos obsesionan, pero para que lleguen a concretarse es necesario que exista un detonante. Me interesa el tema cubano en interacción con otros grupos, con otras culturas, donde nuestra identidad entra en conflicto. En el caso de Jaspora, mi experiencia como maestro de niños haitianos, hace ya casi veinte años, despertó en mí la curiosidad por esa comunidad. Entonces se me ocurrió escribir la historia de amor entre un cubano viudo, un expelotero fracasado, y una mesera haitiana. La colisión entre esos dos mundos, tan cercanos y distintos a la vez, también fue el pretexto para escribir sobre la ciudad donde he pasado más de la mitad de mi vida.
—Hay un refrán: “cada oveja con su pareja”. ¿No crees que lo relacionado con los grupos por origen, color, cultura, religión, etc., responde claramente a una condición genética? A parte de las leyes para controlar el racismo, ¿qué se podría hacer para una mejor relación, más en una ciudad como Miami, donde convivimos tantas nacionalidades?
Ciertamente, desde que el mundo es mundo, los humanos se agrupan con sus semejantes; el problema comienza cuando se desdibujan las fronteras entre esos grupos; cuando alguien de una etnia determinada –con su origen, cultura y religión, como bien apuntas– se inserta en otro grupo que no es el suyo. Eso es lo que ocurre en mi novela. Siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, que se celebre hasta el cansancio la diversidad de Miami –“crisol de culturas” le llaman–, pero la realidad es que los grandes grupos étnicos que componen esta ciudad viven en guetos, sin casi ningún contacto entre sí. Lamentablemente, el tema del racismo se encuentra atrapado en un campo minado por extremismos ideológicos de todo tipo. A pesar de ello, creo que la situación es menos compleja en Miami que en otras ciudades del país.
—Jaspora es una canción de Wyclef Jean, que fue en los años ochenta parte del grupo The Fugees, que significa refugiado. ¿Hay vínculos entre tu novela (no la he leído y está agotada) con el músico haitiano?
Soy un gran admirador de la música de Wyclef Jean y, en efecto, mi novela toma prestado el título de su canción. Hay un pasaje donde Ramón, el protagonista, es detenido por participar en una manifestación a favor de los derechos migratorios de los haitianos. Tras ser encerrados en una celda, de repente comienzan a cantar Jaspora, que para los haitianos es como un himno. Por cierto, Celia Cruz hizo un featuring memorable en la versión hip hop que Wycleaf grabó de la Guantanamera.
—En tu página en la internet se recogen reseñas sobre libros de Enrique del Risco, Vargas Llosa, Camilo Pino, Juan Abreu, Laurence Debray y Manuel C. Díaz, entre otros. ¿Cómo percibes el movimiento de la literatura contemporánea en general, y en particular la cubana?
A pesar de los malos augurios, se sigue escribiendo y publicando mucho. Todo el tiempo surgen buenos escritores, aunque queda muy poco tiempo para la lectura y hay que ser muy exigentes a la hora de escoger. La novela, sobre todo, continúa gozando de buena salud. Acabo de leer Lincoln en el Bardo, de George Saunders, y me pareció deslumbrante. Sobre la literatura cubana me cuesta más trabajo emitir un juicio, aunque creo que se están publicando muchas menos novelas y ensayos que hace unos años. Hablo de la literatura cubana que se escribe fuera de la isla, pues es la que conozco mejor. Lo que sí creo que se está cultivando con mucho éxito, debido quizás al auge de las redes sociales, es el articulismo o la crónica de corte satírico, humorístico. No obstante, esa tendencia, por lo efímero del género, puede ser una distracción a la hora de escribir obras más ambiciosas.
—Me gustaría tu opinión sobre el movimiento cultural en el Miami hispano, ciudad que todavía se tilda de “páramo cultural”
Con la cantidad de eventos y festivales que se celebran en esta ciudad a lo largo del año, Miami está muy lejos de ser un “páramo cultural”. Sin embargo, creo que en otros aspectos ha ocurrido una regresión. Por ejemplo, acaba de cerrar Radio Mambí y no creo que a estas alturas mucha gente escucha la 1140, la antigua Cubanísima. ¿Alguien puede poner en duda la importancia cultural que esas dos emisoras tenían para el sur de la Florida? Tampoco existe Radio Caracol, que cumplía la misma función para los colombianos. Todos esos medios funcionaban como punto de encuentro para que la comunidad se sintiera conectada. Otro tanto se podría decir de las desaparecidas librerías hispanas de la ciudad –La Universal, La Moderna Poesía, Impacto y Altamira–, y de la influencia que por varias décadas tuvo El Nuevo Herald entre nosotros. Sus escritores tenían legiones de seguidores –pienso en los artículos literarios de Andrés Reynaldo; las crónicas y reseñas musicales de Eliseo Cardona; la lucidez de Carlos Alberto Montaner–, convirtiéndose en referentes para los que entonces comenzábamos a escribir. Entiendo que los tiempos han cambiado. Que la radio es un medio cada vez más obsoleto y que la prensa se ha reducido. Celebro y disfruto las nuevas posibilidades que ofrece el streaming y las redes sociales, que son muchas, pero su repercusión casi siempre trasciende lo local y resulta muy fragmentada. En fin, es un tema muy complejo.
—Se espera un nuevo libro tuyo, ¿cómo ha continuado tu vida de escritor?
Ha continuado con la paciencia y constancia que exige este oficio. Ahora mismo me encuentro revisando la versión final de una novela mucho más extensa que Jaspora. Estimo que estará lista para mediados de 2026.
Nota: El documental Espacio: Juan Ramón Giménez en Miami, se presenta el viernes 20 de febrero, en el Miami Hispanic Cultural Art Center, 111 SW 5 Avenida, con la presencia del autor.








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