LA MAISON DE L’AMÉRIQUE LATINE, CRÓNICA DE UN OCASO EN PARÍS

Written by Libre Online

20 de octubre de 2026

Gustavo Sánchez Perdomo

El mes pasado, para el fin de semana de las visitas puertas abiertas al patrimonio me apunté a dos visitas: un hotel de lujo, que está a dos pasos del Arco del Triunfo y la Maison de l’Amérique Latine (MAL). Mi segunda selección era casi un disparate porque es un lugar al que he estado yendo desde mi llegada a Francia en 1982. La primera me permitió recorrer el Hotel Península, instalado en lo que otrora fue el Palacio de Castilla, cuya dueña original, Isabel II de España, lo habitó hasta su muerte en 1904. Convertido cuatro años más tarde en el mítico Majestic y con un par de guerras mundiales en el camino, el edificio fue durante doce años a partir de 1946 la primera sede de la UNESCO. Dando tumbos acabó cayendo en el jamo de una gran compañía internacional asiática que lo remozó hasta niveles de sofisticación y confort muy significativos. Fue muy agradable para mí entrar en contacto con un ambiente hotelero en el cual laboré más de tres décadas hasta que la jubilación me mandó a casa cuando cumplí 70 años de edad. A quienes se lo puedan permitir les aconsejo venir a Francia y alojarse en ese lugar, haciendo bueno aquello de que “la buena vida es cara, la otra no vale la pena vivirla”. 

A continuación, me desplacé hacia el Barrio Latino, donde está la afamada institución que Francia se inventó para tender puentes hacia la América Latina, definida esta por los países y ciudadanos que del otro lado del océano Atlántico se expresan en castellano y en portugués. Y a buen tiempo, pensé yo, porque es muy probable que muy pronto el tal “espacio cultural” haya dejado de existir. El recorrido que hice me permitió apreciar perímetros habitualmente cerrados, franqueando áreas vedadas normalmente a miradas indiscretas. Seguimos en grupo a un docto funcionario de la Casa que para la ocasión enfundó sayo de cicerón. Habida cuenta de los rumores que circulan hace meses, el hombre olía un poco a zacateca triste en Pueblo Mocho.

Entre otras informaciones pude aprehender que las dos mansiones yuxtapuestas poseen historias que comenzaron a mediados del siglo XVIII: personalidades destacadas y establecimientos emblemáticos se asentaron en los ilustres lugares. Entre muchos, el Banco de Argelia fue el último. Fue nacionalizado como institución financiera cuando el país norafricano adquirió su independencia en 1962. Como consecuencia, dando tumbos y haciendo el cuento corto, el sitio esta alquilado “à prix d’ami” desde 1965 a la MAL, cuya existencia misma, raison d’état, emana de decisiones políticas de gobierno mantenidas contra viento y marea hasta nuestros días. La santificación de tales orígenes que se remontan a 1946 está asociada a una iniciativa del General de Gaulle durante el Gobierno provisional que presidió al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Sin entrar a considerar la pertinencia de su existencia, la Casa y la asociación que ella cobija para su funcionamiento y orientación, no podrán sobrevivir a la monumental crisis económica que está enfrentando Francia. El realismo parece haber empujado al actual Gobierno a sacar al mercado este impresionante conjunto de dos inmuebles con jardín situados en el 217 del bulevar Saint-Germain, un lugar que más céntrico no puede ser. Además, las relaciones con los veintiséis países del subcontinente no justifican el sostenimiento de semejante elefante blanco unido a una gerencia presta a arreglos –muy especialmente a partir de 1981– que lo han convertido en un reducto de antiguos embajadores, funcionarios a enchufar, protegidos de políticos, mujeres de tal y encopetados personajes del más rancio abolengo tributario de la pérfida izquierda francesa caviar con champán. Naturalmente, los militantes del bendito clan están que trinan porque están convencidos de que lo que hasta hoy han disfrutado y aún continúan gozando les pertenece ad vitam aeternam: ¿“al que le tocó, le tocó”?

Hace muchísimo tiempo que el Tribunal de Cuentas, que supervisa el funcionamiento económico de las instancias costeadas por el Estado, ha colocado la AFFAL y la MAL muy arriba en su lista de recipiendarios de dineros públicos que van a parar a un barril sin fondo. Se ha insistido en que el alquiler mensual pagado al Banco de Francia es inferior en millón y medio de euros anuales al valor mínimo establecido por el mercado. El 80 % de la actividad del centro, tanto la parte cultural como la comercial consistente en alquilar salones y jardines para eventos, reposa encima de esa subvención disfrazada. Hay un bar y un restaurante que suelen estar semivacíos.

No me queda otra que hacer constar que la MAL ha cobijado durante muchísimo tiempo un castrismo desenvuelto. Cuando para actos o conversatorios han acogido a asociaciones, intelectuales e invitados que no comulgan con la línea y con los intereses del gobierno espurio de La Habana, lo han hecho en proporción de uno a diez en comparación con peso y cantidad de los de la parte contraria. Por otro lado, la MAL paga muy bien a sus dirigentes. Requetebién. Y su director general tiene además, guinda sobre el apetitoso pastel, el usufructo del suntuoso “apartamento de función” que le cuelga al cargo. En un rincón del palacio que se aprecia en la foto que ilustra esta plana, anida con su familia el patrón, a quien uno puede imaginar recibiendo a sus cúmbilas en el acogedor jardín. Recientemente dio un artículo a la prensa defendiendo la validez de su empeño. Normal, la defensa es tan lícita como permitida.

Muy pronto conoceremos más detalles de la venta que se prepara. Colmillos al viento, los lobos están sueltos en estas praderas. Intereses muy poderosos están moviéndose y una trastada del presidente Emmanuel Macron, en fase terminal y fin de reino, no puede ser excluida. Una petición que está circulando solicita gracia plenaria eterna para la MAL. Como era de esperar ya ha sido firmada por cuanto fariseo tiene vela en el entierro. Mientras, los 100 millones de euros de los que se habla como precio de entrada en la puja no cuadran con el valor real de una propiedad de 6000 metros cuadrados en pleno centro de la capital. Tal embrollo no es novedad en Francia: ya se vio algo por el estilo en 2011 cuando Nicolas Sarkozy le hizo un increíble regalo personal a Vladímir Putin dándole luz verde para la construcción de una catedral ortodoxa de cinco cúpulas en la ribera izquierda del río Sena, a medio kilómetro de la Torre Eiffel. En este país todo es posible.

Por el momento, un aviso a aquellos que han contado con los locales de la MAL para ejercer autobombo y diseminar soplagaitas: deben pensar en otro lugar si quieren seguir embaucando al vulgo bajo la sombrilla que les proporciona el gobierno. El crepúsculo asoma en la Casa. Tendrán que inventarse otra tribuna para poder continuar repitiendo sus “allí fumé”.

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