Por E. BALMER y P. WYLIE (1934)
—Sí. Suponte un Buque del Espacio con, vamos a decir, treinta pasajeros a bordo. Desembarcamos en aquel mundo y empezamos a vivir treinta personas, solas en un mundo desierto y tan grande como este. ¿Qué pasaría en aquel mundo? ¿Qué haríamos nosotros? ¿Individuos, separados unos de los otros, como en este mundo? No; seríamos troncos biológicos que llevaríamos una simiente superior y más importante que nosotros mismos, mucho más importante que nuestros prejuicios, y nuestros odios. No podemos pensar en nosotros mismos, Tony, sino tan solo en preservarnos mientras establecemos ese nuevo reino del género humano.
—¿Qué es lo que tú quieres decir exactamente con todo eso, Eva?
—Quiero decir que el matrimonio en el Bronson Beta —si llegamos a él— no es posible que sea lo que es aquí, especialmente si unos pocos, muy pocos de nosotros, llegamos a él. Todo lo importante entonces será, esencialmente, que nosotros tomemos las medidas necesarias, las que dicten las circunstancias, para la perpetuación de la especie.
—¡Quieres decir —dijo Tony salvajemente, recordando las cosas dichas durante el desayuno— que, si ese aviador del África del Sur, Ransdell, también hace el viaje en el Buque del Espacio, y que si todos logramos subsistir, yo tendré que cederte a él cuando las circunstancias así lo requieran?
—No lo sé, Tony. No podemos describir ni precisar esas cosas ahora; no podemos imaginar las circunstancias por las que habremos de pasar. Pero una cosa podemos saber: no podemos establecer por anticipado relaciones entre nosotros aquí para que estas luego den lugar a molestias y preocupaciones.
—¡Relaciones como el amor y el matrimonio!
—Puede que eso no signifique nada allí.
—Tú estás loca, Eva. Seguramente tu padre te ha estado hablando.
—Desde luego que sí; pero solo hay buen sentido en cuanto él me ha dicho. Él ha pensado mucho en todo ello. Él puede pensar tan tranquilamente en el fin del mundo como en lo que ocurrirá después, y ha resuelto que no debe llevarnos al otro mundo con sentimientos y ligaduras que solo podrán traernos dificultades y causarnos querellas, rivalidades y muerte. ¡Qué cosa tan tremenda sería el matarnos unos a los otros en ese mundo desierto! De manera que debemos disponernos a abandonar todas nuestras preocupaciones.
—Es que no puedo hacerme a la idea de que no te quiero más ni cosa por el estilo. ¿Qué clase de vida y de cosas prevé tu padre para nosotros en Bronson Beta?
Ella le esquivó.
—¿Por qué dudar acerca de ello, Tony, cuando hay diez mil probabilidades contra una de que no lleguemos allá? Pero trataremos de llegar, ¿no es eso?
—Ciertamente que yo trataré de hacerlo, si es que tú también vas.
—Entonces tendrás que someterte a la disciplina.
Sus brazos se dirigieron abiertos hacia ella, sus labios trataron de encontrar los de la mujer, pero ella se volvió como si no hubiera visto ni los unos ni los otros.
Ya dentro de la casa, se encontraron con el padre de Eva, Cole Hendron.
—Me alegro de verte, Tony. Vamos adelante con nuestros planes. Supongo que estarás enterado de que he contado contigo.
—¿Para qué? —inquirió Tony bruscamente.
—Para que seas uno de mis tripulantes. Tienes salud, fuerza y control bastantes, pienso. La aventura necesitará más valor para terminarla que para permanecer aquí, en la Tierra. Porque vamos a partir; vamos a lanzarnos hacia los cielos mientras el mundo parecerá a salvo todavía. Partiremos, desde luego, antes del fin; y el fin del mundo nunca será creído hasta tanto no se produzca. Así es que necesito hombres de tus cualidades. ¿Puedo contar contigo?
Tony le miró de arriba abajo.
—Usted puede contar conmigo, señor Hendron.
—Bueno… Tengo entendido que te ha puesto al corriente sobre ciertos aspectos de la disciplina de la Liga. Te diré, en tiempo oportuno, otros detalles; pero nada se pedirá de ti que no sea razonable y necesario. Por lo pronto, te aconsejo que aprendas algo útil. La experiencia en las inversiones y la habilidad comercial tendrán muy poca aplicación en Bronson Beta, donde los conocimientos agrícolas y la eficiencia en las artes manuales y en las máquinas elementales serán mucho más necesarios. Puedes aprender los más simples y elementales procesos por los cuales la vida se mantiene. Tendrás, digamos, dos años para prepararte, antes de que las cosas se agraven aquí con la proximidad de los planetas en su primer cruce.
Ninguna crónica podría describir la milésima parte de los grandes cambios que se produjeron en esos dos años. Ni un solo aspecto de las empresas humanas fue dejado sin alteración en ese período de tiempo.







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