Algunos residentes que acudieron al parque José Martí para conocer detalles y expresar sus opiniones sobre los nuevos proyectos previstos para la Pequeña Habana dejaron en claro su rechazo a que la arquitectura moderna altere el carácter tradicional del barrio.
“Aquí echamos raíces hace muchos años y, por eso, no vamos a permitir que los nuevos inversionistas conviertan la zona en un mero negocio inmobiliario levantando grandes torres y locales comerciales”, afirmó Gladys Pulido.
“Lucharemos por preservar el legado histórico de la Pequeña Habana, el cual ya ha sido afectado por edificaciones modernas que transforman gradualmente su estilo clásico”, añadió.
Por su parte, Álvaro Botero, propietario del periódico El Notiloco —cuya sede se encuentra en el sector—, reiteró que el vecindario ha perdido la identidad de antes debido a la proliferación acelerada de comercios, bares, restaurantes y discotecas. “La actividad comercial se ha apoderado de toda la zona; incluso los turistas han dejado de venir porque el panorama actual se reduce a establecimientos nocturnos frecuentados por personas ebrias e indeseables”, aseguró Botero.
Liliana Orozco, propietaria de un inmueble en la zona, denunció que el ruido proveniente de bares y discotecas resulta insoportable a cualquier hora. Además, criticó la invasión de licorerías y tiendas para fumadores (smoke shops). En esa misma línea, Alba Pulido opinó que la edificación de torres altas ha cambiado el paisaje urbano tradicional para dar paso a establecimientos como estudios de tatuaje, joyerías y supermercados.
Frances Muñoz comentó a su vez que “la cara emblemática de la Pequeña Habana ya prácticamente desapareció; hoy solo se ven enormes torres, tal como ha ocurrido en la Calle Ocho”.
Asimismo, Javier Pulido denunció que varios antiguos residentes se han visto obligados a abandonar el vecindario debido a presiones e intimidaciones ejercidas por grandes negociantes para forzarlos a vender sus terrenos.
Oswaldo Hernández señaló que apenas quedan sitios representativos en el sector. Según explicó, la construcción masiva de edificios ha desplazado el patrimonio local, siendo contados los lugares —como el icónico restaurante Versailles— que han logrado sobrevivir al auge inmobiliario.
Ingrid Pulido, otra habitante de la zona, destacó que son muy pocos los negocios tradicionales que permanecen, como las tiendas de puros artesanales. Estos comercios continúan siendo muy buscados por los turistas debido a la calidad de su fabricación manual con hoja y tripa de al estilo cubano.
Carmenza Hidalgo, propietaria residencial, reveló que constantemente recibe acoso de comerciantes para adquirir su vivienda, dada su cercanía a la Calle Ocho, donde se han instalado múltiples locales de comida rápida.
“Nos quieren sacar a como dé lugar, pero no lo permitiremos. Hay sectores que buscan alterar la zona para obtener mayores beneficios económicos a costa de nosotros”, sostuvo Trina Avendaño.
Finalmente, Rosaura, quien prefirió reservar su apellido, relató que en la Pequeña Habana construyó su hogar y crio a su familia, por lo que aspira a seguir disfrutando del inmueble junto a sus nietos: “Por ningún precio venderé mi casa”.








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