Por Jorge Quintana (1954)
Cuba ha tenido tres generaciones combativas y al mismo tiempo forjadoras de su destino histórico: la del 68, la del 95 y, aun cuando muchos la detesten y la llenen de injurias y calumnias, la de 1930. A la del 95 perteneció Federico Mendizábal Alemán, general de brigada del Ejército Libertador. La del 68 sucumbió en parte en aquella contienda que abarcó dos lustros. La del 95 se integró, en buena parte, con los hombres más jóvenes que habían sobrevivido al 68 y con una nueva generación de cubanos educados en aquella escuela de patriotismo y sacrificio.
De todos los mayores generales de la Guerra de Independencia solo dos pertenecían a la generación del 95: Mario García Menocal y Pedro Betancourt. Entre los generales de división había trece que pertenecían a la generación del 95: José Braulio Alemán, Rafael de Cárdenas, Demetrio Castillo Duany, Juan Eligio Ducasse, Eduardo García Vigoa, José Miró Argenter, José de Jesús Monteagudo, Alberto Nodarse, Rafael Portuondo Tamayo, Lope Recio, Carlos María Rojas, Avelino Rosas y Francisco Sánchez Hechavarría.
Pero de los ochenta y un generales de brigada, cuarenta y cuatro pertenecían a la generación del 95. Estos eran: Guillermo Acevedo, Manuel Alfonso, Roberto Bermúdez, Juan Bravo, Joaquín Castillo Duany, Adolfo Castillo, Tomás Collazo, Clemente Dantín, Pedro Delgado, Carlos Dubois, Calixto García Enamorado, Higinio Esquerra, José Fernández de Castro, Fernando Freyre de Andrade, Carlos García Vélez, Dionisio Gil, Daniel Gispert, Clemente Gómez, Carlos González Clavel, Eusebio Hernández, Jacinto Hernández, Enrique del Junco, Mariano Lora, Enrique Loynaz del Castillo, Gerardo Machado, Federico Mendizábal, Domingo Méndez Capote, Eugenio Molinet, Rafael Montalvo, Alfredo Rego, José Reyes Arencibia, Armando de J. Riva, José Luis Robau, Hugo Roberts, Alberto Rodríguez, Manuel Rodríguez Fuentes, Pedro Sáenz, Armando Sánchez Agramonte, Eugenio Sánchez Agramonte, Mariano Sánchez Vaillant, Francisco de Paula Valiente, Porfirio Valiente, Pedro Vargas Sotomayor y Juan Bruno Zayas. En total, de ciento cuarenta generales —veintisiete mayores generales, treinta y dos generales de división y ochenta y un generales de brigada— cincuenta y ocho representaban a la generación del 95.
Hemos hecho esta digresión, entre otras razones, para que se advierta cómo aquellos hombres supieron asimilar el ejemplo de lo que les había enseñado el camino del deber desde 1868, y cómo respondieron en aquella hora en que la patria les demandó el sacrificio final. En la década del 68 al 78 la guerra no pasó de los límites villareños, aun cuando, en un furioso esfuerzo invasor organizado por Máximo Gómez, las huestes invasoras llegaron, por la costa sur de Matanzas, hasta las llanuras de Colón.
La guerra estable, la de las grandes batallas, la de los grandes hechos, esa se desarrolló en Las Villas, Camagüey y Oriente. En la Guerra de Independencia la isla entera se alzó y se mantuvo en pie de guerra sin dar una sola muestra de desmayo. Cuando concluyó la lucha, en agosto de 1898, había fuerzas organizadas en las seis provincias. Eso fue lo que produjo el coraje de aquella generación combativa, heroica, que supo forjar a golpes y sacrificios la liberación de la patria esclavizada.
A aquella generación del 95 perteneció Federico Mendizábal Alemán. Y a ella la representó tan dignamente, con tanta modestia y desinterés, con tanta devoción y elevación, que sin lugar a dudas su vida constituye un ejemplo para las generaciones republicanas, para las del presente y las del porvenir que han de advertir siempre, en lo paradigmático de ellas, el mejor estímulo para cumplir con el deber.
En Regla nació Federico Mendizábal Alemán el 14 de octubre de 1865. Miguel Coyula, en un artículo que escribiera a raíz de su muerte, confesaba que a sus mayores les había oído hablar cariñosamente “de un animoso muchacho” que resultó ser el mismo Federico Mendizábal cuando ambos reglanos se encontraron en el campo insurrecto y pudieron cambiar sus primeras impresiones.
Cuando nació Mendizábal hacía trece años que el vecindario reglano se había conmovido con el martirio de Eduardo Facciolo. Casi tres años tenía cuando se inicia la Guerra de los Diez Años. En La Habana los acontecimientos se suceden: los asaltos al teatro Villanueva, al Palacio Aldama, los motines de los voluntarios contra los capitanes generales, el fusilamiento de los estudiantes de medicina, el de Zenea, las deportaciones en masa, las prisiones, las torturas, los atropellos, todo lo que simbolizaba la más negra reacción del colonialismo. Todo ello va pasando ante los ojos del niño Federico Mendizábal, que comienza a comprender y a prepararse.
La Paz del Zanjón, planeada como una paz efectiva, se convierte en una tregua. La Guerra Chiquita y después la calma preparatoria de la gran tempestad. En Nueva York, José Martí agita a las emigraciones. En Cuba, los jóvenes inflaman su entusiasmo con los trabajos de Manuel de la Cruz, Sanguily, Ramón Roa, Serafín Sánchez y otros patriotas. Se organiza la conspiración. Federico Mendizábal tiene treinta años. Entre sus amigos más íntimos figura otro joven ingeniero llamado Mario García Menocal, graduado en Cornell, que ha trabajado junto a su tío Aniceto Menocal en las obras del canal de Nicaragua y que ha venido a su patria para hacerse cargo de los trabajos de construcción de la vía férrea que unirá a Santa Cruz del Sur con la ciudad de Camagüey.
Ambos amigos se trasladan a Santa Cruz del Sur. Federico Mendizábal es, a más de un cordial y sincero amigo, un laborioso trabajador que no mira el tiempo. Por Santa Cruz del Sur se espera a una de las expediciones que prepara José Martí. Pero el plan expedicionario de Martí fracasa en Fernandina y los dos jóvenes cubanos tienen que proseguir en su trabajo, despistando a los que vigilan todo movimiento conspiratorio. En secreto mantienen contacto con el Marqués de Santa Lucía, en Camagüey, y con el impetuoso Óscar Primelles.
El 24 de febrero de 1895 se inicia el movimiento revolucionario en las provincias orientales. En Matanzas fracasa Juan Gualberto Gómez; Antonio López Coloma, Pedro Betancourt, los Acevedo y otros son apresados o dispersados. El general Gómez desembarca con Martí en Playitas. Maceo desembarca con Crombet en Duaba. Oriente se mantiene en pie de guerra gracias a la intransigencia de Bartolomé Masó, que rechazó todas las proposiciones que le hicieron para que capitulara. Muere Martí en Dos Ríos. Antonio y José Maceo, junto con Bartolomé Masó, harán más intensa la llamarada en toda la provincia. Al mismo tiempo alistarán fuerzas para preparar una invasión a la región occidental.
El general Gómez avanza hacia Camagüey. Apenas ha plantado su tienda de campaña en la región camagüeyana, el Marqués de Santa Lucía abandona la ciudad y se subleva. Óscar Primelles procede a levantarse. El 6 de junio de 1895 llegaba, precisamente a la zona donde actuaban Mario García Menocal y Federico Mendizábal, el general en jefe del Ejército Libertador. En “El Flamenco”, cerca de Santa Cruz del Sur, el ingeniero Menocal y Federico Mendizábal se sublevan con cuarenta obreros de la obra en que trabajaban y se presentan al general Gómez. Al ingeniero Menocal se le reconoce el grado de comandante y a Federico Mendizábal se le nombra teniente.
Allí, en el cuartel general del jefe del Ejército Libertador, laboran ambos amigos. Participan en los combates que aquel viejo insigne libra en la comarca camagüeyana para facilitar el avance del general Maceo, que ha salido de Oriente con el contingente invasor. Por Camagüey avanzan ahora los dos generales. Procuran evadir los encuentros para ganar terreno avanzando.
La Trocha de Júcaro a Morón la cruzó la columna invasora respondiendo al fuego de los fuertes con las marciales notas del Himno Invasor. Ya tocan en los límites de la región villareña. Hasta esos confines los acompañarán el comandante Menocal y el teniente Mendizábal. El Gobierno se ha organizado. El Marqués de Santa Lucía ha sido electo presidente de la República en armas. Para la Secretaría de la Guerra se ha elegido al mayor general Carlos Roloff, que está aún en los Estados Unidos preparando una expedición. Para la Subsecretaría de la Guerra se ha escogido al comandante Menocal, que se encargará del despacho de aquella Secretaría mientras no llegue su titular. En aquella labor no hay mejor camarada que Federico Mendizábal.
Al lado de su inseparable amigo trabaja sin descanso por poner la oficina al día. Coyula le reconoce esa capacidad de trabajo cuando dice en el artículo antes citado que “su eficacia en el trabajo y sus condiciones organizadoras, puestas a prueba en la escabrosa tarea de coordinar apreciable parte de los elementos con que Máximo Gómez y Antonio Maceo realizan triunfalmente la invasión”.
El 23 de febrero de 1896 asciende a capitán. En abril de ese mismo año el mayor general José María Rodríguez se hace cargo de la Jefatura del Departamento Militar de Oriente. Inmediatamente designa al capitán Federico Mendizábal oficial de su Estado Mayor, en cuyo destino permanece hasta que el mayor general Calixto García lo reclama a su lado. El coronel Menocal ha sido también reclamado por el general García, que lo designa para la jefatura de su Estado Mayor. El capitán Mendizábal es ahora ayudante del veterano glorioso que está dispuesto a sacudirle un poco el polvo a los soldados de España.
El 25 de julio de 1896 el general García libra la acción de Yerba de Guinea, donde imparte sonada derrota al general Linares. Menocal y Mendizábal participan en aquella acción. Apenas si han transcurrido unas semanas y el general García ya está atacando el fuerte de Loma de Hierro. A su lado figuran su jefe de Estado Mayor, el coronel Menocal, y su ayudante, el capitán Mendizábal. Después viene el ataque a la plaza de Guáimaro, cuyo sitio sostienen vigorosamente los cubanos desde el 17 hasta el 27 de octubre en que la plaza se les rinde. En esa acción también toman parte Menocal y Mendizábal. Después es el ataque a la plaza de Gibara. Allí la conducta del capitán Mendizábal es tan heroica que el general García lo propone para ascenso a comandante, con antigüedad de 10 de agosto de ese mismo año.
La campaña oriental prosigue impetuosa. El 12 de marzo de 1897 el general García ataca a Jiguaní. Allí asciende al comandante Mendizábal al grado de teniente coronel, con antigüedad de 24 de enero de 1897. De Jiguaní han salido los cubanos un tanto mortificados porque la derrota de los españoles no fue aniquilante. El general García organiza el desquite en Victoria de las Tunas. El coronel Menocal ha sido ascendido a general de brigada. El teniente coronel Mendizábal es el jefe de Estado Mayor de su gran amigo.
El 28 de agosto de 1897 se inicia el ataque. La operación toda ha sido encomendada al general Menocal. Está dispuesto el general García a que los laureles marchitados un tanto en Jiguaní reverdezcan más espléndidos y hermosos en Victoria de las Tunas. La operación no ha sido improvisada. El general Menocal es un gran táctico y sabe utilizar con eficacia la artillería. Dos días de lucha y Victoria de las Tunas queda en posesión de los mambises.
Lo que significó la labor de Mendizábal en los preparativos y desarrollo de aquella acción fue reconocido por Miguel Coyula en el artículo tantas veces citado, cuando dice: “Táctica y estratégicamente, Victoria de las Tunas era para los españoles algo valiosísimo. Defendida por fuerzas montadas, infantería, cañones, la ciudad y sus contornos resultaban para los libertadores muy enojosos. Grandes fueron el heroísmo y la gloria de aquellos sangrientos asaltos, pero no fue menos grande el mérito de los preparativos, complicados tanto como secretos. No hacía falta —para distinguirse— que Mendizábal peleara bravamente al lado de su jefe herido de bala en lo más brillante y decisivo del combate; porque sus trabajos previos, de indiscutible eficacia, hubiesen bastado para que lo premiase el aplauso de todos”.
En enero de 1898 ya el general Menocal ha ascendido a general de división. Manda una columna volante. El teniente coronel Mendizábal sigue bregando a su lado incansablemente. En la acción carga como el primero. Después, en la soledad del campamento, ordena la correspondencia, el despacho, redacta órdenes, dispone los traslados, las propuestas, etc. Los españoles tratan de contener el ímpetu de los mambises concediendo la autonomía. En los campamentos cubanos la noticia no da frío ni calor. Al campo salieron los cubanos dispuestos a conquistar la independencia y la autonomía no significa la independencia. Alguno que otro traidor como Massó Parra aprovechará la coyuntura que brinda la autonomía para pasarse al enemigo.
Otros se pasarán por despecho, por falta de entereza, pero son muy pocos; apenas si llegan a la media docena. En líneas generales los jefes insurrectos rechazan aquello desde el fondo de su alma. Si España quiere entablar negociaciones de paz, que ofrezca la independencia. De lo contrario, todo jefe que sea sorprendido en negociaciones con el enemigo que no sean sobre esas bases de independencia, deberá ser juzgado y fusilado. Todo enemigo que se presente en los campamentos haciendo ofertas de paz basadas en la autonomía será juzgado y condenado a muerte.
El ingeniero Ruiz, en La Habana, fue víctima de ese error suyo de creer que podría sonsacar al coronel Néstor Aranguren. Emilio Collazo hizo ahorcar al traidor Julián Osma. Juan Delgado ejecutó, sumariamente, al comandante Puga. Máximo Gómez ejecuta al español Narciso Menéndez. Al general Calixto García le informan que el brigadier Remigio Marrero está en inteligencia con el enemigo. Es un infundio.
La verdad era que el brigadier Marrero conocía al general español Varela. Este se atrevió a escribirle una carta que su ayudante, el capitán Rojas, le entregó y se encargó de devolver contestada. Era una contestación amistosa, y nada más. Pero el general García quiere cortar por lo sano. Arresta al brigadier Marrero y al capitán Rojas y ordena formarles consejo de guerra. El general Menocal es designado para presidirlo. El teniente coronel Federico Mendizábal es designado fiscal. Aun cuando aquello contraviene su carácter, él acepta el cargo y lo desempeña cabalmente. En el fondo de su alma le duele tener que pedir la pena de muerte para aquellos dos patriotas, sobre todo para el brigadier Marrero, cargado de prestigios desde la Guerra Grande. Al general Marrero lo defiende Coyula.
El Consejo de Guerra falla condenando al brigadier Marrero a un año de destierro de la zona a su mando, pudiéndolo designar el general García para otro mando cualquiera en el Departamento; y al ayudante Rojas a una pena similar, aun cuando se le considerase más culpable que a su jefe, cuya conducta pudo esclarecerse convenientemente.
La guerra toca a su fin. El 15 de febrero de 1898 el acorazado Maine explota en el puerto de La Habana. Los Estados Unidos se deciden a intervenir en la contienda entre cubanos y españoles. El general García tendrá a su cargo un brillante papel en la campaña que se avecina, pues la región oriental es objetivo principal del ejército y la flota naval norteamericana. Es entonces cuando el general García propone al general Menocal para el mando del Tercer Cuerpo, y el general Máximo Gómez lo reclama para entregarle el mando del Quinto Cuerpo.
Las cartas en que el general Gómez explica al general Menocal las razones por las cuales debe ir a La Habana a hacerse cargo de aquel mando son realmente convincentes y altamente enaltecedoras para el joven general. Mendizábal sigue junto al general Menocal, que ahora organiza un contingente para avanzar hacia Occidente y asumir el mando del Quinto Cuerpo, para el que en definitiva ha sido designado. El 5 de junio de 1898, mientras el general García alista a sus tropas orientales para hacerlas participar en el ataque y sitio de Santiago de Cuba como aliado de las fuerzas norteamericanas, el general Menocal emprende la marcha.
El teniente coronel Mendizábal viene en aquella fuerza como jefe del Estado Mayor del Quinto Cuerpo. En Mejía, Holguín, se separan los generales Menocal y García. El 9 sale del campamento de Las Parras. El 10, el Consejo de Gobierno de la República en armas, presidido por el mayor general Bartolomé Masó, reunido en La Viuda, Camagüey, aprueba la propuesta de ascenso a coronel hecha a favor del teniente coronel Federico Mendizábal, reconociéndole la antigüedad del 17 de abril de ese mismo año. Cinco días después llegan las fuerzas del general Menocal a ese mismo campamento de La Viuda, reuniéndose con el Consejo de Gobierno.
El 8 de julio inician los nuevos invasores su avance sobre la Trocha de Júcaro a Morón. En la noche del 9, en Las Piedras, a la vista de Ciego de Ávila, por entre los fortines 4 y 5, los mambises fuerzan el paso de La Trocha, atacando al enemigo y logrando burlar la línea fortificada. El 11 se reúnen los generales Máximo Gómez y Mario García Menocal en Laguna Miguel. El 20 atraviesan la Trocha de Placetas a Caibarién y el 23 la de Guaracabulla a Báez, reuniéndose el 27, en Seibabo, a las puertas de Santa Clara, con el general José de Jesús Monteagudo. El 30 cruzan la línea de Cruces a La Esperanza y el 3 de agosto ya están en Matanzas. El 6 avanzan teniendo a la vista la ciudad de Jovellanos. El 9 vadean el río Canímar y el 11 hacen su entrada en la provincia de La Habana por Aguacate.
La guerra concluye. El 12 de agosto se firma el armisticio. Ese mismo día el general Menocal traslada su campamento a Cuatro Caminos, en las cercanías de Güines. De allí al central Habana y después a La Marquesita. En La Jaula se reúnen los generales José María Rodríguez y Mario García Menocal el 14 de agosto. Allí se le hace entrega de las fuerzas a su mando. En sesenta y seis días ha atravesado la isla con doscientos hombres y solo ha tenido un muerto, al cruzar la Trocha de Júcaro a Morón.
Los españoles inician la evacuación. A medida que abandonan un territorio, las fuerzas del Quinto Cuerpo lo ocupan. Así avanzan a Marianao, después a La Habana y, finalmente, dentro de la propia capital de la isla, posesionándose de un barrio tras otro. Es en esos trabajos donde la labor del jefe de Estado Mayor del Quinto Cuerpo, coronel Federico Mendizábal, se hizo relevante. Se requería tacto, habilidad, flexibilidad; había que evitar choques estériles y conservar el orden. En las regiones occidentales los americanos no tenían tropas, de manera que la ocupación del territorio evacuado tenía que ser confiada, forzosamente, a los cubanos. Y estos tenían que demostrar, ante el mundo civilizado, que no eran la partida de desarrapados sin noción de la civilización, sin cultura, sin nada, tal y como España nos había venido presentando a los ojos de Europa y América.
Atendiendo a su labor, se despreocupa de las ambiciones. El general José María (Mayía) Rodríguez le habla de proponerlo para general de brigada y la modestia del coronel Mendizábal se manifiesta una vez más: convence al viejo general de que es mejor ocuparse del ascenso de otros coroneles a quienes el ascenso al generalato halagaría mucho más.
En enero de 1899 el mayor general Mario García Menocal organiza el Cuerpo de Policía de La Habana. Como segundo jefe figura el coronel Mendizábal, aun cuando su nombre no conste en los archivos del cuerpo. Su paso por ese mando fue tan fugaz como el de su jefe. El general Rodríguez lo propone para general de brigada. El 30 de julio de 1899 la Comisión Ejecutiva de la Asamblea presidida por el general Lacret aprobaba la propuesta, con antigüedad de 24 de agosto de 1898.
Llega la hora de la paz. La República va a establecerse. Aquel general de treinta y tres años podrá descansar al fin de tantos afanes. Se casa en La Habana con la señorita Concha Montalvo, hermana de su compañero de la guerra, el general Rafael Montalvo.
Al concluirse la campaña los veteranos se dedicaron a tres actividades principales. Los hubo que buscaron la vida militar, por aquello de que no se podían ver fuera del campamento, sin el uniforme; ingresaron en los cuerpos policíacos, en la Guardia Rural o en el entonces recién organizado Cuerpo de Artillería. Los hubo que se dedicaron a la actividad política y fueron a engrosar el caudal de los partidos políticos creados con bastante precipitación. Y los hubo que prefirieron la vida privada, dedicándose a sus asuntos personales o viviendo del puesto público sin ninguna otra preocupación. El general Menocal se retiró a Chaparra fomentándolo como un gran ingenio azucarero.
Federico Mendizábal se dedicó a sus trabajos personales. Solamente en 1906 secundó los trabajos de su jefe y amigo el general Menocal, cuando este abandonó momentáneamente la empresa en que estaba trabajando para tratar de mediar en la pugna entre el gobierno de los moderados —que había impuesto la reelección de don Tomás Estrada Palma un poco a la brava— y los liberales que, demasiado inquietos, se habían lanzado a la querella civil poniendo en peligro la estabilidad de la República. Fracasó el general Menocal, entre otras razones, por la intransigencia de Estrada Palma. Retornó Menocal a Chaparra y Mendizábal continuó en sus actividades privadas.
El 20 de mayo de 1913 tomó posesión de la Presidencia de la República el general Mario García Menocal, electo en los comicios del 1.º de noviembre de 1912 por el Partido Conservador. Al día siguiente tomaba posesión de la Dirección de la Renta de la Lotería el general Federico Mendizábal, que una vez más había ido junto a su jefe y amigo para ayudarle en sus planes de trabajo.
El 30 de junio de 1917, cuando el general Menocal hacía frente a las contingencias del liberalismo, acabado de derrotar en la insurrección de La Chambelona, el general Federico Mendizábal presentó la renuncia de su cargo y se retiró definitivamente a la vida privada. Se dedicó entonces a viajar por los Estados Unidos y Europa con su esposa y demás familiares. Quiere descansar. Regresa a Cuba para presenciar, una vez más, cómo la República se destrozaba en una nueva lucha civil.
El general Menocal se ha enfrentado al general Machado; tiene que abandonar el país. El 12 de agosto de 1933 aquella tiranía se desmorona; el dictador huye despavorido. Federico Mendizábal, desde su retiro, observa atento los acontecimientos. El 5 de febrero de 1939 fallece en La Habana el general Federico Mendizábal Alemán, un representativo de la generación del 95 que supo ser en la República el mismo ciudadano digno que la sirvió, con las armas en la mano, los tres años de su Guerra de Independencia.







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