El choque de los mundos (XIII)

Written by Libre Online

13 de octubre de 2026

Por E. BALMER y P. WYLIE (1934)

Un aeroplano ronroneó en el espacio, se dejó ver proyectado en el azul del cielo y se deslizó suavemente hasta el campo de aterrizaje. Eva se levantó del banco instalado junto a la pequeña piscina. Temblaba de impaciencia; rodeó la piscina y volvió a sentarse. Al fin había venido él, y solo, como ella deseaba.

—¡Hola, Tony! —dijo, tratando de afectar frialdad.

—¡Querida Eva!

—¡No debemos decir ni siquiera eso! No… no me beses ni me tomes en tus brazos de ese modo.

—¿Por qué?… Ya sé, tu padre ha dicho que no. Es la disciplina de la Liga de los Últimos Días. Pero ¿qué es eso? ¿Por qué deben ellos pedir tal cosa? ¿Y por qué tienes tú que obedecerles?

—¡Escúchame, Tony! Yo voy a tratar de explicártelo. Vamos a sentarnos aquí, el uno al lado del otro, pero no me rodees con tus brazos. Lo deseo tanto y, sin embargo, no puedo gozarlo. Por eso es, ¿no lo comprendes, Tony?

—Estamos en un momento muy solemne, Tony —continuó diciendo—. He empleado la mayor parte del día haciendo una porción de cosas. He vuelto a leer nuevamente el libro bíblico de Daniel, especialmente la parte de la fiesta de Baltasar.

—Daniel, como debes recordar, interpretó la escritura de la pared: “Mene, Mene, Tekel, Upharsin”: Dios ha numerado el reino y lo ha terminado. Habéis sido puestos en la balanza y se os ha encontrado faltos de peso. ¡Y en esa misma noche se produjo el asesinato de Baltasar, el rey de Caldea!

—Algo muy semejante a esto es lo que ahora nos está ocurriendo a nosotros, Tony, solo que el Dedo, en lugar de estar escribiendo en la pared, ha escrito esta vez en el cielo, sobre nuestras cabezas. El dedo de Dios, Tony, ha trazado dos pequeñas huellas luminosas en el espacio: dos objetos que se mueven hacia nosotros, donde nada debería moverse; y las intenciones de uno de ellos resultan ya perfectamente claras.

—“¡Habéis sido pesados en la balanza y os falta peso!”. Eso parece decir uno de los objetos con respecto al mundo. “¡Dios ha numerado el reino y lo ha destruido!”. Pero ¿qué dice la otra línea de luz del otro objeto?

—Eso es lo extraño, Tony; esa es la grandeza de Dios: la oportunidad de salvación que nos ofrece. Recuerda cómo el Viejo Testamento nos mostró a Dios severo y piadoso. ¡Dios vio que la debilidad y el pecado de los hombres sobre la tierra eran grandes! —dijo—. “Y se arrepintió el Señor de haber hecho hombres sobre la tierra”. Y el Señor dijo: “Destruiré a los hombres, a los que he creado, barriéndolos de la faz de la tierra; ambos, los hombres y las bestias, son pecaminosos e infectan el aire que les rodea; por eso me arrepiento de haberlos creado”. Y luego Dios lo pensó mejor y suavizó un tanto su sanción, y le previno a Noé de la necesidad de que construyera un arca para salvarse y salvar con él a una pareja de animales inmundos y dos parejas de animales útiles.

—Pues bien, Tony, me parece que la segunda franja luminosa que se ve en los cielos está indicando que Dios está haciendo la misma cosa por segunda vez. Dios no ha cambiado su naturaleza desde el Génesis. ¿Por qué había de variar? Me parece, Tony, que Dios ha vuelto a mirar el mundo y se ha sentido disgustado de él.

—La evolución, como tú sabes, se ha ido verificando en este mundo por espacio de unos quinientos millones de años; y me imagino que Dios ha pensado que, si lo que tenemos es todo lo que hemos podido alcanzar en ese tiempo, bien vale la pena barrernos de sobre la faz de la tierra para siempre. Por eso ha dispuesto que esos dos cuerpos se muevan hacia nosotros, vengan a nuestro encuentro y nos destruyan para siempre. Eso es lo que hará el Bronson Alfa. Pero antes de lanzar a ese cuerpo en nuestra ruta, parece que Dios lo pensó mejor y decidió mandar conjuntamente con él al Bronson Beta.

—Conviene no olvidar que Dios ha estado trabajando para este mundo por espacio de quinientos millones de años; y ese es un tiempo apreciable aun para el mismo Dios. Por eso pienso que él dijo: “Los barreré de la superficie de ese planeta, pero les daré una oportunidad de salvación. Si son lo bastante buenos para aprovechar la oportunidad que les estoy dando y para transferirse al otro mundo que les envío, puede que merezcan la pena de otro esfuerzo. Así me habré ahorrado quinientos millones de años”. Por eso es, Tony, que tenemos que tratar de llegar a ese otro mundo.

—Comprendo todo eso —dijo Tony—. Pero ¿qué tiene eso que ver con que yo te bese y te ame y te tome en mis brazos ahora?

—¡Quisiera que pudiera ser, Tony! 

—Entonces, ¿por qué no?.

—No habría razón ninguna en contrario si estuviéramos seguros de que íbamos a morir aquí, Tony, con todo el resto del mundo. Pero no será lo mismo si tomamos sitios en el Buque del Espacio.

—¡No comprendo eso!

—¿No lo comprendes? Suponte, Tony, que el segundo cuerpo que se ve en el espacio —ese que llamamos Bronson Beta y que se situará tan cerca de la Tierra— pueda permitirnos llegar a él con seguridad antes de que Bronson Alfa se abata con velocidad inaudita sobre la Tierra. ¿No se te ocurre pensar, Tony, que ese segundo astro parece enviado para ti y para mí?

—No se me ocurre nada de eso —objetó Tony con impaciencia—. Yo no creo en un Dios vengativo que planea la destrucción de un mundo que él mismo ha creado, que luego se arrepiente de sus propósitos y que, al cabo, nos crea el más terrible de los problemas de nuestra existencia.

—Yo sí. Hace unos pocos meses yo no habría creído en ese Dios; pero desde que estas cosas están ocurriendo, creo verdaderamente en él. Lo que ocurre es demasiado preciso, demasiado exacto para no haber sido planeado por una inteligencia superior o para carecer de propósito. Y si el más grande de esos dos astros es enviado para chocar con nuestro mundo, no creo que el segundo haya sido enviado tan solo para ser testigo de mi muerte y de tu muerte, a pesar de nuestro amor.

—¿Cuál es tu idea, entonces?

—Está encaminada hacia la salvación de algunos de los resultados de esos quinientos millones de años de existencia, no precisamente por el solo propósito de salvarnos a ti y a mí.

—¿Por qué no? ¿Quiénes somos nosotros?

Eva se sonrió compasivamente.

—Nosotros somos algunos de esos resultados, desde luego. Como tales podremos tener sitio en el Buque del Espacio. Pero si lo hacemos, dejamos de ser nuestros, ¿no lo comprendes así?

—No —persistió Tony implacablemente.

—Quiero decir que, cuando arribemos a aquel extraño y vacío mundo —si es que llegamos a él—, no nos será posible llegar como Tony Drake y Eva Hendron, para continuar un amor y un matrimonio comenzados aquí. ¡Qué locura sería eso!

—¿Locura?

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