Cómo evitar la adicción a los alimentos ‘superestimulantes’

Written by Libre Online

13 de octubre de 2026

Por Daniel Galilea

Imagínese sentado en el sofá de su casa, una noche cualquiera. De pronto, siente deseos de comer algo y piensa: ¿habrá en la despensa una bolsa de papas fritas o una chocolatina? Se repite que esta noche no comerá ninguna de esas cosas. Pero ¿terminará por hacerlo?

Podría pensar que se trata de una sencilla batalla mental y emocional consigo mismo. Por un lado, están el raciocinio y la fuerza de voluntad; por otro, ese deseo incontenible de consumir 600 calorías “vacías”, es decir, sin apenas valor nutricional, en cuestión de minutos.

Es una pelea difícil, pero al menos parece justa: se trata de uno contra sí mismo.

Sin embargo, “lo cierto es que este conflicto no tiene nada de personal”, según Nicklas Brendborg (Dinamarca, 1996), investigador posdoctoral de Biología Molecular en la Universidad de Copenhague, con una maestría en Biotecnología y considerado uno de los científicos jóvenes más prometedores a nivel internacional.

Ciencia para fomentar el consumo

En el dilema entre dar rienda suelta al impulso de comer o resistirlo, están implicadas miles de personas y, por desgracia para nosotros, todas están en el otro bando: el de las industrias que aprovechan nuestra biología para estimularnos a consumir alimentos poco saludables en exceso, advierte Brendborg.

Los fabricantes de papas fritas y chocolatinas, que Brendborg menciona como ejemplos,”tienen un objetivo muy concreto: que abramos las bolsas que tenemos en la despensa y consumamos su contenido”, explica.

En su libro Superestimulados, el científico explica “cómo distintas industrias, como la alimentaria, la tecnológica y la tabacalera, utilizan la ciencia para manipularnos y lograr que consumamos más, a veces a costa de nuestra salud”. También analiza, desde una perspectiva bioquímica, las tácticas empleadas para crear estímulos que generan placer inmediato y pueden fomentar conductas adictivas.

Brendborg señala que la industria alimentaria y los gigantes tecnológicos “utilizan a un ejército de investigadores” para conseguir que comamos siempre un poco más y que nos resulte cada vez más difícil dejar de utilizar el teléfono celular.

“Superestímulos” diseñados

 en laboratorio

Las “armas” de este ejército basado en la ciencia son, según Brendborg, “los escáneres cerebrales, los laboratorios de alta tecnología y los últimos descubrimientos que permiten conocer mejor los secretos de la biología y el comportamiento humanos”.

Sostiene que estas industrias utilizan un mismo enfoque: identificar aquello hacia lo que los seres humanos se sienten atraídos, como el azúcar o las grasas, y crear posteriormente versiones artificiales y exageradas de esos estímulos. Son los llamados “superestímulos”, que pueden superar ampliamente lo que encontramos en la naturaleza.

“El hecho de que no podamos abandonar algunos malos hábitos no es necesariamente culpa de nuestra falta de voluntad, sino también de nuestra biología y del entorno que trata de manipularnos a través de ella”, afirma.

Una de las consecuencias de esta conducta alimentaria, extendida a nivel mundial, es el aumento sostenido del sobrepeso y la obesidad. Según Brendborg, no falta mucho para que la población mundial cruce la línea en la que las personas con sobrepeso sean mayoría frente a quienes se mantienen dentro de los límites considerados normales.

Para el investigador, la actual tendencia a la obesidad va más allá del aumento del sedentarismo y también está relacionada con factores bioquímicos.

Sensaciones placenteras que pueden 

generar adicción

“La industria engaña al cerebro con alimentos artificiales cuidadosamente diseñados para activar nuestro sistema de recompensa, la parte del cerebro que refuerza determinados comportamientos mediante sensaciones placenteras”, sostiene Brendborg. Añade que la susceptibilidad a estos estímulos depende, en parte, de la configuración genética de cada individuo.

Señala que algunas empresas del sector “fabrican miles de variantes del mismo producto y utilizan métodos científicos avanzados para estudiar la reacción de ratones y seres humanos”. Incluso han recurrido a escáneres cerebrales para analizar cómo sus productos afectan al cerebro.

Alimentos procesados para resultar 

irresistibles

Respecto de los alimentos ultraprocesados, Brendborg considera que el problema no reside simplemente en que hayan sido sometidos a algún proceso industrial, sino en “procesarlos con el objetivo específico de activar al máximo el mecanismo de recompensa del cerebro y hacer que comamos tanto como sea posible”.

“Es una cuestión bioquímica: a quienes consumen alimentos ultraprocesados puede resultarles más difícil sentirse saciados debido a estos superestímulos y, por ello, continuar comiéndolos”, apunta.

De acuerdo con este especialista, tres de los ingredientes más atractivos para nuestro paladar y cuyas combinaciones pueden utilizarse para estimular el consumo excesivo son el azúcar, las grasas y la sal, presentes en numerosos productos que se venden en los supermercados.

Estrategias para 

cambiar los hábitos

Para Brendborg, la estrategia más importante para resistir la tentación de consumir alimentos “superestimulantes” o reducir su consumo habitual es la información. Según afirma, esto quedó demostrado durante las campañas de prevención contra el tabaquismo.

“Es fundamental que las personas sepan que están siendo manipuladas, cómo funciona esa manipulación y qué efectos puede tener sobre su salud”, enfatiza.

“La información no solo sirve como motivación, sino que también puede utilizarse para identificar formas de contrarrestar esa manipulación”, agrega.

En cuanto a estrategias concretas, el científico danés recomienda aplicar los conocimientos adquiridos sobre cómo romper los malos hábitos: eliminar los factores que los desencadenan y crear “fricciones” prácticas entre nosotros y aquello que intentamos evitar.

Comprar alimentos con el estómago lleno

En el caso de los alimentos ultraprocesados, esto significa no tenerlos fácilmente disponibles en casa y hacer las compras en el supermercado después de haber comido, de acuerdo con el investigador.

También considera conveniente sustituir un hábito por otro, en lugar de intentar eliminarlo de manera abrupta. Por ello, recomienda tener frutas y bayas disponibles como alternativas a los productos ultraprocesados y establecer un plan de acción para controlar los antojos y los momentos de menor fuerza de voluntad.

“Dicho esto, no podemos depender únicamente de la fuerza de voluntad de las personas para solucionar estos problemas”, advierte.

“Necesitamos promover un diálogo más amplio sobre el hecho de que algunos científicos utilizan sus conocimientos para optimizar alimentos y hacerlos más atractivos y potencialmente adictivos, así como sobre las consecuencias negativas que esta práctica puede tener en la sociedad”, señala Brendborg.

“No debemos permitir que esta práctica sea socialmente aceptable y debemos pensar en cómo utilizar la acción colectiva, incluida la legislación, para combatirla”, concluye el especialista danés.

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