El choque de los mundos (X)

Written by Libre Online

15 de septiembre de 2026

Por F. Balmer y  R. Wylie (1934)

Tony se sonrió.

¡Negocios como de costumbre! Continuación de los negocios, como siempre, durante todas las alteraciones —pensó.

Tomó un taxi y acudió al departamento de Hendron. A más de una cuadra de distancia del edificio, tuvo que abandonar el vehículo. La muchedumbre y el cordón de policías en torno al edificio se habían hecho más numerosos; pero determinadas personas podían pasar.

Varios hombres, cuyas voces él podía distinguir porque argumentaban en alta voz, estaban con Cole Hendron detrás de la cerrada puerta del gran estudio del roof. Nadie estaba con Eva. Ella lo esperaba sola.

Estaba cuidadosamente vestida, encantadora como siempre. Él la estrechó contra sí por un momento; y durante aquel instante en que la besó y la tuvo tan próxima a él, toda preocupación y todo terror desaparecieron. ¡Qué importaba el fin de todo, si antes él la tenía! Nunca él había gozado tanto al pensar en la posesión como le ocurría ahora, estrechándola entre sus brazos; nunca se había atrevido a soñar con ella de ese modo. Él la había conquistado, y ella a él, más suavemente. Cuando él pensaba en el cataclismo que había de destruirles, pensó en el placer de recibirlo juntos, uno en los brazos del otro, y ya no sentía gran preocupación.

Ella lo sentía tan plenamente como él. Sus dedos tocaron el rostro del hombre con una ternura apasionada que le enloquecía.

—¿Qué es lo que nos ha transformado tan inesperada y completamente, Tony?

—¡La sombra de la espada! Supongo, mi querida. —¡Oh, mi querida! Recuerdo haberlo leído en Kipling cuando era un muchacho, pero nunca lo he comprendido. Piensa en dos amantes cuando saben que uno seguramente tendrá que morir. No hay felicidad como esa, de estar juntos bajo la sombra de la espada, ¡bajo la amenaza de la destrucción!

—¡Pero los dos moriremos si no hacemos otra cosa, Tony! Eso, después de todo, es mucho mejor.

Las voces que se escuchaban detrás de la puerta del estudio se hicieron más altas y Tony la interrogó:

—¿Quién está ahí?

SINOPSIS DE LO ANTERIORMENTE PUBLICADO:

Mientras David Ransdell se aproximaba a New York a bordo del trasatlántico Europa, recibió una serie de radiogramas ofreciéndole desde mil hasta veinte mil pesos por la prioridad de una entrevista exclusiva para un diario, en la que debía divulgar la misión que lo traía desde el África del Sur.

Ransdell era un aviador que ahora estaba adscripto al servicio de correos y que había sido secretamente comisionado, en la Ciudad del Cabo, por Lord Rhondin, financiero y mecenas científico, y por el profesor Bronson, el astrónomo, para volar desde la extremidad austral de África y cruzar el Mediterráneo a la mayor velocidad posible, a fin de tomar pasaje para América en el rápido trasatlántico, transportando una gran maleta de viaje que contenía una serie de placas fotográficas.

Ransdell solo sabía que aquellas fotografías habían sido tomadas con el auxilio del gran telescopio de África del Sur y que correspondían a regiones de los cielos australes que nunca eran visibles en el hemisferio boreal.

Las instrucciones que traía eran las de entregar aquellos objetos al doctor Cole Hendron, célebre físico de New York, guardando la mayor reserva acerca del motivo de su viaje.

Cuando Ransdell llegó a la casa de apartamentos en que residía el doctor Hendron, Tony Drake estaba allí, tratando de averiguar la causa de que Eva Hendron estuviera tan excitada y llena de preocupación, después de haberle dicho que podía besarla, pero que no se propasara después.

Después de hacer las presentaciones de Ransdell y de Tony, ella le había pedido a este último que despachara a los invitados que había en la casa, porque tenía necesidad de ayudar a su padre en algunas mensuras y chequeos astronómicos.

En su club, Tony encontró a todo el mundo discutiendo alrededor de la misteriosa Liga de los “Últimos Días”, formada por los más notables científicos del mundo.

A la mañana siguiente, Tony leyó en los titulares de su diario:

LOS CIENTÍFICOS ASEGURAN QUE MUNDOS DE OTRAS CONSTELACIONES SE APROXIMAN A LA TIERRA

El doctor Cole Hendron hace sorprendentes declaraciones, en las que le respaldan sesenta de los más grandes físicos y astrónomos del mundo.

El más pequeño de los cuerpos, el Bronson Beta, que tiene más o menos el tamaño de la Tierra, gira alrededor del Bronson Alfa del mismo modo que la Luna lo hace en torno a la Tierra.

Los miembros de la Liga de los “Últimos Días” han estado trabajando secretamente durante varios meses. Hendron prometió nuevas declaraciones para dentro de un mes.

Entre tanto, Tony Drake interrogó a Eva:

—¿Será destruido el mundo?

—Más que eso, Tony —le contestó ella.

Y entonces, alentando determinadas esperanzas de posible salvación, la joven explicó que, la primera vez que los cuerpos Bronson se aproximaran a la Tierra, no chocarían con ella; pero que, la segunda vez, uno de ellos, el Bronson Beta, pasaría muy próximo a nuestro mundo, mientras el Bronson Alfa chocaría con él, destruyéndolo.

El aparentemente fantástico propósito de ver cómo es posible transportarse al Bronson Beta, cuando este cruce por las inmediaciones de la Tierra, es el proyecto que alientan los científicos de la Liga de los “Últimos Días”.

Entre tanto, el mercado mundial de valores se ve forzado a cerrar, mientras la alarmada muchedumbre recorre las calles y los sitios de distracción de New York.

Cuando Tony llega por segunda vez, en esa forma, a la casa de Hendron, escucha voces dentro de su estudio.

CAPÍTULO VI

Eva dijo, replicando a la pregunta de Tony:

—Hay cinco hombres con papá. El secretario de Estado, el gobernador, Mr. Borgan, el jefe de una cadena de periódicos y dos individuos más.

Pero la muchacha no pensaba en aquello.

—Siéntate —dijo—, pero no te sientes cerca de mí, Tony; tenemos que pensar en muchas cosas.

—¿Las ha dicho tu padre? —preguntó él.

—Él me ha dicho lo que ocurrirá primero. Me refiero a los cuerpos Bronson, a los dos, que pasarán primero muy cerca de la Tierra en su ruta alrededor del Sol. Eso es más que suficiente por ahora para ellos. No es tiempo todavía de precisar la fecha en que el encuentro habrá de producirse. Pero date cuenta, Tony, de que el simple paso próximo será algo terrible.

—¿Por qué?

—Por causa de las mareas, entre otras cosas. La Luna, que escasamente tiene una octava parte del volumen de la Tierra, levantará mareas que alcanzarán de cuarenta a sesenta pies en lugares como la bahía de Fundy.

—Desde luego, las mareas —comprendió Tony y lo expresó en alta voz.

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