Enrique Ros pone al descubierto la zigzagueante política del presidente Kennedy hacia Cuba que fluctuó de “una solución no comunista en Cuba, por todos los medios necesarios” hasta “el desarrollo gradual de un acomodo con Castro”.
Ros hace una verdadera contribución a la verdad histórica al destacar -precisando hechos y nombres- los incontables esfuerzos realizados por los cubanos anticastristas, dentro y fuera de Cuba, para derrocar al tirano.
Este libro debe ser lectura imprescindible no solo para los cubanos, víctimas directas de la bárbara tiranía de Castro, sino para todos aquellos que en este planeta se preocupan por la libertad y la dignidad del ser humano.
El juicio de Marcos (Marquitos) Rodríguez (VII)
ORDOQUI Y LA VIEJA GUARDIA EN EL BANQUILLO
Luego del extenso y rectificador testimonio de Chomón, declararon ante el tribunal, en la segunda sesión del martes 24, varios testigos de relevancia. Entre ellos, Joaquín Ordoqui, quien afirma haber conocido a fines de 1958, en México, a Marcos Rodríguez, cuando este carecía de lo más elemental: “Tenía poca ropa; una situación difícil… Lo único que tenía era miseria en México”.
En su comparecencia, Ordoqui hace mención de la carta que Marcos, estando ya preso en Cuba, le había dirigido y en la que el procesado afirma que existe abuso de poder y que en la isla no hay garantías; “en fin —señala él—, lo que llama arbitrariedades”. Es la misma carta cuya copia llegó a manos de Faure Chomón y que este había desmenuzado en la corte, “por cierto, sin la presencia mía”, dice ahora Ordoqui.
La carta a la que Ordoqui se refería había estado circulando por las calles. Para quejarse, fue a ver a Ramiro Valdés, ministro del Interior, quien lo remitió a Osvaldo Dorticós, presidente de la República. Este último le dijo que investigaría el caso y le daría una respuesta al día siguiente. Así fue.
A las veinticuatro horas, Dorticós llamó a Ordoqui y le dijo, en palabras textuales del viejo dirigente comunista:
“Marquitos hace más de seis o siete meses que ha confesado; no puedo decirle el tiempo con exactitud; hace algún tiempo que ha confesado todo lo que ha hecho y, además, ha acusado a su compañera Edith García Buchaca, de que conocía este hecho”.
Edith García Buchaca, que se encontraba en aquel momento en la provincia de Oriente, regresó a La Habana, habló con Dorticós y pidió una reunión en la que participaran todos, incluyendo a Marcos y a Chomón. La reunión se produjo.
Recuerda Ordoqui: “Fue así como se planteó el problema; y es realizada tal cosa; es discutido el problema; estaban Chomón y los demás compañeros; allí no hubo nada más que retractación de Marcos Rodríguez de lo que había dicho, acusando a uno de los que lo estaban interrogando de que había insinuado el nombre de mi compañera. Es así como se resuelven los problemas con los hombres de principios y me parece que así es como hemos sido educados en el Partido”.
Aquella reunión, para Ordoqui, había dado por terminado el incidente.
Antes de Ordoqui había testificado Edith García Buchaca; después, como si el destino los mantuviese aún ligados, lo hizo Carlos Rafael Rodríguez, quien, en sus primeras palabras, aclaró que, contrario a los rumores que circulaban en la calle, no tenía parentesco alguno con Marcos Rodríguez.
Inmediatamente lanzó, sin mencionarlos, una andanada contra Faure y el Directorio:
“Los miserables, los infames han estado —como decía Fidel— intrigando; han manejado como argumento en estos días la idea de que el Partido Socialista Popular podía amamantar, podía producir delatores. ¡No!”.
Pasó después a analizar el primer discurso de Faure Chomón y el posterior, del día 23 de marzo:
“Yo digo que no estoy de acuerdo con aquel primer discurso; no podía haberlo aceptado. Pero Faure Chomón ha rectificado su posición. Se ha producido su interpretación ayer, clara, cuyas intenciones reconozco… La explicación de Faure es una explicación categórica de sus intenciones”.
Y agregó:
“Porque yo hubiera venido aquí a debatir con el Directorio, frente a frente, estas cosas, si el Directorio hubiera mantenido esos criterios; y como no los mantiene, lo que me gusta es el llamado a la unidad que hizo el compañero Chomón”.
Carlos Rafael hacía clara y pública la rectificación de Faure, acondicionando así el terreno por el que avanzaría, dos días después, Castro.
En esta segunda vista, efectuada el martes 24, testificaron también Raúl Valdés Vivó, subdirector del periódico Hoy, y Antonio Carcedo Ferrer, quien había sido responsable del trabajo de la Juventud Socialista en la Universidad de La Habana.
¿Razón de su comparecencia? Que afirmara, como lo hizo, que “este sujeto jamás perteneció a la Juventud Socialista”.
Declaró también César Gómez, quien fuera secretario general de Juventud Socialista a partir de enero de 1957. ¿Razón de su comparecencia? Que pudiera hacer constar que “en ningún momento Marcos Rodríguez militó en aquella organización”. Se jactó, además, de los militantes de la Juventud Socialista que ocuparon altas posiciones en la FEU.
El siguiente testigo fue Hirám Prats, organizador del Buró Ejecutivo de la Juventud Socialista, quien afirmó que, a principios de 1957, Marcos Rodríguez solicitó el ingreso a la Juventud Socialista a través de César Gómez, pero le fue denegado, entre otras cosas, debido “a su actitud personal que daba a pensar que era homosexual”.
El siguiente testigo fue José Novo Jiménez, quien se refirió a un viaje que su amigo Eugenio Pérez Cowley realizó a Holguín junto con Marcos Rodríguez. Afirmó que, en aquella ocasión, Eugenio Pérez Cowley durmió en el cuartel del Ejército en Holguín, donde su tío, el coronel Fermín Cowley, era el jefe.








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