SI NO NOS HUBIERAN TRONCHADO LAS VIDAS

18 de agosto de 2026

No era como ahora, cuando todos los cubanos dentro del archipiélago insisten en repetir que “en Cuba no hay futuro”.

Todos dábamos por sentado que tendríamos un porvenir mejor. Hasta luminoso.

Si bien mi padre había decidido que sería “abogado”, como el resto de la familia, yo tenía veinte ilusiones diferentes.

Cada vez que soñaba pensaba diferente: desde que sería cantante de “Rock and Roll”, como Elvis, hasta que me veía vestido de cowboy, como Hopalong Cassidy, con mis espuelas de plata, o domador de leones en el circo “Santos y Artigas”… Y al próximo año, trapecista del Ringling.

A cada rato, mi amigo Milton Sorí se pregunta: “¿Qué hubiera sido de nosotros en Cuba si Fidel Castro no nos hubiera tronchado la vida?”.

Lo más seguro y lógico es que hubiera acatado los deseos de mi padre, hubiera estudiado Leyes y hubiera sido abogado, como Perry Mason en la televisión, o como mi abuelo Manuel Fernández Valdés, juez de Güines, o mi primo Enrique Fernández Barros, criminalista.

Es que, entre el millón de motivos que tengo para detestar al castrismo, le sumo la incertidumbre de no haberme permitido saber qué hubiera sido de mí si el monstruo hubiera nacido en Pakistán.

Todos aquellos sueños de querer ser corredor de autos, como Dieguito Febles; chulo, como Mingo Troya; sacerdote, como monseñor Eduardo Boza Masvidal.

Desde luego, hoy intento vivir en paz conmigo mismo, conforme, y me tranquiliza pensar que allá —sin Fidel— hubiera sido simplemente un hombre de bien, buen hijo, buen padre y buen cubano. Todo menos güinero ausente.

Y quizás, en el mejor de los casos, me hubiera esforzado por ser un buen pelotero, como mi amigo, el héroe del Central Gómez Mena, Miguelito de la Hoz. EPD.

Gracias a Dios y a nuestros padres, que tuvieron la visión y la precaución de sacarnos de aquel infierno en busca de un futuro mucho mejor en USA.

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