Por J. A. Albertini, especial para LIBRE
QUEMA DE PERIÓDICOS, REVISTAS Y LIBROS
En 1953, Batista clausura, definitivamente, el periódico HOY. Y en 1955, dando pruebas de su alineación total con los Estados Unidos, crea el Buró de Represión Anticomunista, BRAC, por sus siglas.
No obstante, siempre protegió y en ocasiones ayudó económicamente al núcleo de “camaradas leales” del PSP que le asesoraron y acompañaron en su primer y único mandato constitucional.
Con el desembarco el 2 de diciembre de 1956, de Fidel Castro y 82 expedicionarios, por la costa sur de la provincia de Oriente, se inició la fase armada de la insurrección que terminaría por derrocar, el 1 de enero de 1959, al gobierno de Batista.
Convencido el PSP, en los primeros meses del año 1957, que el gobierno de Batista y sus corruptas, a niveles superiores, fuerzas armadas terminarían siendo derrotadas por la rebelión que, además del Movimiento 26 de Julio, encabezado por Fidel Castro, contaba con activas y aguerridas organizaciones democráticas como el Directorio 13 de Marzo, el Segundo Frente Nacional del Escambray y la Organización Auténtica propiciaron, con fachada de social democracia, la entrada de elementos del partido en dichas agrupaciones.
Ya en las postrimerías de 1958, el PSP se despoja de la simulación y envía a la Sierra Maestra a Carlos Rafael Rodríguez, uno de sus más conspicuos dirigentes y connotado agente moscovita.
Quizá, consecuencia de la participación, ya a cara descubierta, de los comunistas criollos en la lucha frontal fue aquella opinión popular, de raíz aviesa, que rápidamente, caló en la ciudadanía: “Aquí lo que hace falta es que se caiga Batista. Después, ¡que venga cualquier cosa!”.
Y, por supuesto, la vorágine oposicionista armada y cívica fue de tal magnitud que Fulgencio Batista, el 1 de enero de 1959, en horas de la madrugada, acompañado de su familia y colaboradores cercanos, en tres aviones militares DC-4, conducidos por pilotos civiles de Cubana de Aviación, escapó rumbo a República Dominicana.
Apoteósica, de todos es sabido, fue la festiva alegría que sacudió al pueblo cubano la mañana del 1 de enero de 1959. Como, también, de todos es conocido, el temprano baño de sangre y represión selectiva que la revolución triunfante le endilgó a la ciudadanía.
La influencia marxista fue tan obvia, desde el mismo instante del triunfo revolucionario, que Fidel Castro, percatado que tan tempranamente, no debía enajenarse el apoyo de la respetada prensa libre cubana y los demócratas genuinos, declaró: “Esta revolución es más verde que las palmas”.
Empero, el 24 de octubre de 1959, Armando Hart Dávalos joven ministro de educación y partidario de Castro, en un encuentro con la prensa que se llamó “Día del Reportero” dijo: “La objetividad es un mito de la civilización. La única base de la objetividad es aquella que refleja a la opinión pública. ¿Y dónde está la opinión pública? Cuando habla el Dr. Castro lo hace en nombre del pueblo y por lo tanto expresa la opinión pública. Aquellos que ignoren la opinión pública defienden los intereses de la oligarquía”.








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