Juan Pablo Cebreco y Sánchez (1856-1930)

Written by Libre Online

14 de julio de 2026

Por Jorge Quintana (1956)

Entre las figuras más sobresalientes de nuestras guerras de independencia figura el general Juan Pablo Cebreco y Sánchez, de la noble estirpe de los Cebreco, que, como los Maceo, constituyeron una familia en la que no hubo traidores.

Juan Pablo Cebreco y Sánchez nació en la finca “Curó”, término municipal de El Cobre, en la provincia de Oriente, el 26 de junio de 1856. Desde luego, es bueno aclarar que en su hoja de servicios, conservada en el Archivo del Ejército Libertador, se hace constar que nació en Santiago de Cuba. Su padre era el castellano Francisco Candelario Cebreco; su madre, natural de El Cobre, Librada Sánchez.

En El Cobre transcurrió la niñez de Juan Pablo Cebreco. Recibió instrucción primaria y compartió, a veces, con sus mayores las labores de la finca donde vivía. Cuando el 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes lanzó la clarinada patriótica en su ingenio La Demajagua, los Cebreco no vacilaron en escoger el camino por el cual habrían de servir a la patria. Unas semanas más tarde, el mayor general Máximo Gómez avanzó hasta El Cobre y puso sitio a la villa. Se dilataron las negociaciones para su entrega. En los primeros días de diciembre, sigilosamente, los españoles abandonaron la defensa de aquella población y las fuerzas mambisas, al mando del general Gómez, entraron en la ciudad, procediendo a su ocupación.

Los hermanos José Candelario, Agustín, Hermenegildo, Antolín y Juan Pablo Cebreco se incorporaron a las huestes insurrectas. El padre, herido en lo vivo de su intransigencia, condujo a su mujer y a su hija Leandra a un campamento español, dejándolas abandonadas y partiendo inmediatamente para España. Juan Pablo Cebreco tenía tan solo doce años y ya poseía un claro entendimiento de su concepto del deber.

Como soldado figuró en la campaña desarrollada por los orientales en aquella región. Junto a los Maceo fue creciendo, haciéndose hombre y haciéndose soldado. El 10 de febrero de 1874 le encontramos combatiendo a las órdenes del general Maceo en la batalla de El Naranjo, uno de los combates con que los españoles trataron de cerrar el paso a los propósitos invasores del occidente de la Isla que el mayor general Máximo Gómez pretendía llevar a cabo. En Las Guásimas, un mes más tarde, volvió a combatir a las órdenes del general Maceo, resultando herido en el pecho por una bala enemiga.

Al concluir la campaña, en 1878, era un joven y brillante oficial que se había forjado entre el humo de los combates y el dolor de los muertos y heridos. Fue de los que secundaron al mayor general Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá. Continuó en el campo insurrecto hasta que, por orden del propio general Maceo, tuvieron que capitular. Era ya todo un teniente coronel.

Su hermano Antolín había caído combatiendo a las órdenes del mayor general Modesto Díaz, en el combate de Los Canjilones. Su otro hermano, Hermenegildo, había muerto con el grado de alférez en las inmediaciones de San Juan de los Remedios, cuando, formando parte del contingente oriental, trataba de secundar los planes del general Gómez de llevar la guerra a la provincia de Las Villas.

Una vez liquidada aquella larga campaña, el teniente coronel Juan Pablo Cebreco, que ya se había casado y tenía cinco hijos —Manuel, José, Emilio, Fidencio y Juan—, se retiró a una finca en las cercanías de El Cristo, dedicándose a la venta de carbón, entre otras razones porque ese comercio le permitía mantener sus contactos con sus antiguos compañeros de armas y estar alerta para la nueva oportunidad de empuñar las armas en defensa del derecho de la patria esclavizada a su libertad.

El 18 de mayo de 1880 su hermano Agustín fue detenido e internado en el Castillo de El Morro, de Santiago de Cuba, acusado de tomar parte en el levantamiento de la Guerra Chiquita. Juan Pablo Cebreco se dirigió entonces a la ciudad para inquirir detalles y recibir órdenes. En Loma de Quintero, cerca de Santiago de Cuba, fue arrestado. Lo encerraron en un fortín, del cual logró escapar en horas de la madrugada. Tomó la dirección del campo y permaneció en él en plan insurrecto hasta que, una vez más, se vio forzado a capitular. Retornó entonces a la finca de El Cristo, donde trabajaba, mientras su hermano Agustín se trasladaba a Centroamérica.

Cuando los patriotas cubanos reanudaron los trabajos conspirativos, Juan Pablo Cebreco tomó parte en ellos, manteniéndose en contacto con sus hermanos, dispuesto una vez más a empuñar las armas en defensa de la patria. El 24 de febrero de 1895 se produjo el levantamiento del pueblo cubano, siguiendo las órdenes de José Martí y Máximo Gómez. En Manzanillo había salido al campo el mayor general Bartolomé Masó; en Guantánamo ya estaba alzado, desde antes de la fecha fijada, Periquito Pérez; en Baire serían los hermanos Lora quienes tomarían la iniciativa.

Juan Pablo Cebreco no esperó más tiempo y salió al campo para sumarse a los soldados del Ejército Libertador. De Costa Rica partió el mayor general Antonio Maceo, en unión de los generales Flor Crombet, José Maceo y Agustín Cebreco. El 1 de abril desembarcaron los expedicionarios en las costas de Baracoa. Juan Pablo Cebreco se unió a ellos, pasando, junto con su hermano Agustín, a combatir a las órdenes del mayor general José Maceo.

El 6 de mayo tomó parte en el ataque a El Cristo. Los españoles tuvieron dos muertos y dos heridos. Los cubanos, sin ninguna baja, ocuparon el poblado, incendiando varias casas durante la retirada. Después, el día 13, combatió en la acción de El Jobito, dirigida por los generales Antonio y José Maceo y Periquito Pérez. Allí quedó en el campo de batalla el teniente coronel español Bosch, que mandaba las fuerzas enemigas. Fue una acción preparatoria de la proyectada invasión a las regiones occidentales, que ya estaba poniendo en ejecución el mayor general Máximo Gómez.

Posteriormente tomó parte en el ataque a Palmarito de Cauto. El 13 de julio de 1895, junto con su hermano Agustín, combatió en Peralejo, donde el mayor general Antonio Maceo derrotó al propio capitán general Arsenio Martínez Campos, quedando muerto en el campo de batalla el general español Fidel Alonso de Santocildes. Fue aquella una sonada victoria de las armas cubanas, en la que faltó muy poco para que el general Martínez Campos quedase prisionero en manos de su noble adversario, el general Maceo.

El 29 de agosto combatió en Sao del Indio. Las fuerzas cubanas estaban mandadas por los generales Antonio y José Maceo y por Agustín Cebreco; las españolas, por el coronel Canellas. Los cubanos sufrieron ochenta y nueve bajas; los españoles, doscientas.

Al partir la columna invasora de Baraguá, el 22 de octubre de 1895, al mando del general Antonio Maceo, los hermanos Cebreco permanecieron en Oriente combatiendo a las órdenes del mayor general José Maceo. 

El 1 de noviembre de aquel mismo año, el general José Maceo le reconoció el grado de teniente coronel con el que había terminado la campaña de 1868-1878. Unas semanas más tarde, en los primeros días de 1896, lo comisionó para viajar al extranjero. Logró salir de Cuba con rumbo a Nueva York. Una vez cumplida su misión, se embarcó con el mayor general Calixto García en el Hawkins, que naufragó el 27 de enero de 1896 muy cerca de las costas norteamericanas, siendo él uno de los náufragos que lograron salvar la vida. Finalmente pudo embarcarse en la expedición del Bermuda, que arribó a las costas de Baracoa el 24 de marzo de 1896.

Inmediatamente se trasladó al campamento del mayor general José Maceo, a quien dio cuenta de la forma en que había desempeñado la comisión. En atención a sus servicios se le ascendió a coronel, ordenándosele que pasara a sustituir al entonces coronel Vicente Miniet en el mando de los regimientos Moncada y Aguilera.

En Fray Juan, el coronel Miniet le hizo entrega de sus fuerzas, comenzando el coronel Cebreco las operaciones en la zona que se le había indicado. Muy pronto hizo sentir su presencia a los españoles al librar los combates de Palo Picao y el ataque a Dos Caminos de San Luis.

El 5 de junio de 1896 se encontró presente en Loma del Gato. Mientras su hermano, el mayor general Agustín Cebreco, sostenía la acción en un flanco, caía muerto el mayor general José Maceo. Correspondió entonces a Agustín Cebreco asumir el mando de aquellas fuerzas, mientras la superioridad disponía lo que estimase conveniente. El coronel Juan Pablo Cebreco quedó, momentáneamente, a las inmediatas órdenes de su hermano.

Con él pasó a operar bajo las órdenes del mayor general Calixto García, quien se hizo cargo del mando del Departamento Oriental. Participó en el ataque a Palma Soriano y, posteriormente, se trasladó a Guáimaro, plaza que sitió el general García desde el día 17 hasta el 28 de octubre de 1896, logrando al fin otra sonada victoria para las armas mambisas.

El 31 de diciembre de aquel mismo año, el Consejo de Gobierno, presidido por el Marqués de Santa Lucía, aprobó el ascenso a coronel, reconociéndole la antigüedad desde la fecha de la propuesta. Continuó a las órdenes del general García, con quien participó, el 12 de marzo de 1897, en el ataque a Jiguaní.

La campaña de Santiago de Cuba le encontró en la región oriental. A las órdenes de su hermano Agustín combatió en El Caney. Se distinguió en el ataque a la ciudad de Santiago de Cuba, donde tuvo la satisfacción de contar entre sus subordinados a sus hijos Manuel, José y Juan.

La campaña concluyó con la protesta del general García ante la ofensa gratuita que le infirió el general Shafter, al negarse a permitirle participar en las negociaciones para la rendición de la ciudad y a entrar en ella al frente de sus tropas, que, por esa razón, permanecieron en el lugar donde se encontraban.

El mayor general Calixto García premió sus heroicos servicios a la patria proponiéndolo, con fecha 18 de agosto de 1898, para el grado de general de brigada. El 24 de agosto se retiró definitivamente del Ejército Libertador, entrando en Palma Soriano. Había concluido la campaña al mando de la Segunda Brigada de la Segunda División del Primer Cuerpo.

El 29 de enero de 1899 el mayor general Máximo Gómez impartió su aprobación a la propuesta del general García a favor del coronel Cebreco y la elevó a la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes del Ejército Libertador, la cual, en su reunión del 4 de febrero de aquel mismo año, bajo la presidencia del general Rafael Portuondo, procedió a aprobarla definitivamente.

En Palma Soriano residió el bravo guerrero. Allí contrajo matrimonio con la señorita Dolores Isaac Bravo, hija del teniente coronel Pascual Isaac Fuentes, quien había combatido a sus órdenes en la campaña de Oriente. Vivió en la calle del Rosario.

Tomó parte en los trabajos de organización de la Delegación de Veteranos de la Guerra de Independencia de Palma Soriano, resultando electo su primer presidente. Fue esta, en realidad, su única actividad pública.

Al fundarse, en 1907, el Partido Conservador, se afilió a él, siguiendo la línea política del mayor general Mario García Menocal. Sistemáticamente se negó a tomar parte en revueltas y, menos aún, a aspirar a cargo alguno.

Vivió modestamente de su trabajo en las haciendas Unión y Venzant, en el barrio de Dos Palmas, en El Cobre.

El 19 de diciembre de 1924 falleció su hermano, el mayor general Agustín Cebreco. Él habría de sobrevivirle cinco años. Se trasladó a Santiago de Cuba, donde le sorprendió la muerte el 11 de abril de 1930, en la casa situada en la calle Morúa Delgado número 100.

Sus restos fueron sepultados en el Retablo de los Héroes, en el Cementerio de Santa Ifigenia, de aquella ciudad.

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