En una caja sellada con esta designación: “Libros para leer en el avión”. Se trata de un recuerdo de varios años que debido a un trabajo en el que estaba involucrado con la Iglesia, apenas me bajaba de un avión para subirme a otro. En esa caja me encontré con un simpático libro titulado “Never, así de simple”.
El libro consiste en decenas de consejos que empiezan con la palabra “Nunca”, y quiero compartir con mis queridos amigos de LIBRE, una selección de esas interesantes reflexiones.
Nunca esperes respeto sin estar dispuesto a darlo.
Nunca confundas la atracción con el amor.
Nunca ores para que tu equipo deportivo sea el ganador.
Nunca repitas tu historia, especialmente si es con la misma persona.
Nunca trates a los demás de una manera distinta a como quisieras ser tratado.
Nunca permitas que una pequeña discusión destruya una gran amistad.
Nunca conduzcas más despacio que todos los demás en la autopista.
Nunca vistas de blanco si vas a comer espaguetis.
Nunca confundas la inteligencia con la sabiduría.
Nunca pierdas la oportunidad de agradar a tus amigos, a tu familia y, sobre todo, a la persona que amas.
Nunca le mientas a tu abogado.
Nunca engañes a quien prepara tu declaración de impuestos.
Nunca subestimes el poder de Dios.
Nunca sobreestimes tu propio poder.
Nunca dudes en ofrecer disculpas cuando cometas un error.
Nunca hables por teléfono celular en un restaurante.
Nunca gastes un dinero que aún no tienes.
Nunca corras detrás de un autobús; siempre vendrá otro.
Nunca dejes pasar la oportunidad de contemplar los colores del otoño.
Nunca intentes medir la profundidad del agua con los dos pies.
Nunca desperdicies una buena oportunidad por permanecer callado.
Nunca sigas cavando cuando ya estás dentro del hoyo.
Nunca abuses de un privilegio.
Nunca te sientas obligado a estar de acuerdo con todos.
Nunca uses tu tarjeta Mastercard para pagar la deuda de una Visa.
Nunca confundas tu profesión con tu vida.
Nunca culpes a otros de tus propios errores.
Nunca cometas dos veces la misma equivocación.
Por ética y humildad debo atribuir estas expresiones a su verdadero autor: Michael Levine, reconocido relacionista público, autor de decenas de libros y presidente de Levine Communications Office (LCO), con sede en Los Ángeles, California.
Sin pretender imitar a Levine —la distancia entre ambos no lo permite— dedicaré la segunda parte de este singular artículo a una serie de reflexiones que comienzan con la palabra “Siempre”. A partir de este momento, asumo toda la responsabilidad por lo que sigue.
Siempre presta atención a quienes saben más que tú. Escuchar también es una forma de aprender.
Siempre ora antes de acostarte. Dios nunca estorba.
Siempre da las gracias a quienes te sirven, aunque estés pagando por su trabajo.
Siempre haz las paces con tu pareja antes de dormir. La armonía hace más plácido el descanso.
Siempre sé generoso con quienes tienen menos que tú. Dar no empobrece; enriquece el espíritu.
Siempre espera unos minutos antes de levantarte de la cama al despertar.
Siempre paga tus deudas a tiempo. Ahorrarás intereses y fortalecerás tu crédito.
Siempre sé cortés con los demás. Aunque no recibas agradecimiento, te convierte en una mejor persona.
Siempre reserva tiempo para Dios. No corras el riesgo de pasar la eternidad con un desconocido.
Siempre cultiva la amistad de tus vecinos. Compárteles un postre, salúdalos. Algún día podrían salvarte la vida si ocurre una emergencia en tu hogar.
Siempre conduce con prudencia y a la defensiva. Deja que otros actúen mal sin caer en la tentación de imitarlos.
Siempre atiende a los mayores de tu familia. Cuando llegues a esa etapa de la vida comprenderás cuánto se necesita ese afecto.
Siempre sigue las recomendaciones de tu médico. Las consultas son demasiado costosas para ignorarlas.
Siempre elogia con sinceridad. La honestidad es el mayor valor del elogio.
Siempre sé puntual. El tiempo de los demás no te pertenece.
Siempre ve a la iglesia los domingos. Habrá otro día para lavar la ropa, cortar el césped o ir al supermercado.
Siempre compórtate con dignidad en un funeral. Las bromas y las risas tienen su lugar y su momento.
Siempre recuerda a quienes contribuyeron a tu crecimiento personal. Si viven, comunícate con ellos con frecuencia; si han partido, hónralos con gratitud.
Siempre respeta tus raíces. Aprende el himno de tu patria y saluda su bandera con respeto.
Siempre habla bien de los demás. Recuerda que hasta un reloj detenido acierta la hora dos veces al día.
Siempre sé tú mismo. Llora sin vergüenza, compadécete del que sufre y respeta tu propia vida.
Siempre vence la tentación. Esa lucha siempre te hará mejor.
Siempre di la verdad. Aunque no te crean, seguirá siendo la verdad.
Siempre trata a los animales con ternura; ellos también son criaturas de Dios.
Siempre practica la humildad. La soberbia suele hacerse insoportable.
Siempre guarda silencio antes de decir un disparate.
Y aquí concluye esta doble colección de pensamientos, que seguramente nuestros lectores podrían enriquecer con muchos más.
Nunca eches a perder algo bueno.
Siempre sé generoso, procura sobresalir por tus valores y, sobre todo, sé feliz.






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