Caitlin Clark es una jugadora de baloncesto profesional estadounidense que en la actualidad es miembro del equipo de Indiana de la Liga Profesional Femenina, WNBA. Considerada una de las mejores jugadoras universitarias de todos los tiempos. Obtuvo el premio de la mejor jugadora del año en dos ocasiones mientras era estudiante en la Universidad de Iowa; Además, es la máxima anotadora en los anales de la Primera División de la organización deportiva universitaria, NCAA.
Reconocida como una gran tiradora, su liderazgo en la cancha va desde su capacidad de controlar el partido hasta el de elevar las contribuciones de sus compañeras de equipo. Todo esto con un juego elegante nunca antes visto.
Su presencia ha logrado popularizar el baloncesto femenino al nivel más alto desde sus comienzos. Inclusive la prensa ha bautizado este fenómeno como “El Factor Caitlin Clark”.
Su historia es difícil de creer, pero aún más, es imposible de comprender.
La joven nacida en el centro del país es víctima de su propio éxito. Una muchacha que ha roto el molde de lo que una atleta femenina debe ser, especialmente en el riguroso deporte del baloncesto.
En mi opinión, toda la envidia y, en una gran parte, el odio a su persona residen en sus orígenes. Nacida en el conservador estado de Iowa, de padres blancos, criada en el seno de un matrimonio católico donde no han existido escándalos familiares y dueña de grandes principios morales.
Raza
El primer problema radica en que el baloncesto femenino profesional es prácticamente dominado por las jugadoras afroamericanas y Clark siendo blanca ha creado un punto de tensión dentro de la WNBA y en particular el baloncesto femenino estadounidense en su totalidad.
Identidad de la WNBA
El otro inconveniente que su persona trae es su heterosexualismo; esto en una liga donde un buen número de atletas se han declarado homosexuales, crea una enorme tensión.
La WNBA siempre ha sido mercadeada como un espacio de aceptación y visibilidad del movimiento LGBTQ+, de cultura progresista y de activismo social; tres aspectos que con la llegada de Clark son desafiados y dan el aspecto de que la liga está cambiando su identidad para atraer nuevos públicos.
Percepción política
Por último, el concepto que los liberales han creado de que Clark es un símbolo conservador a pesar de que ella evita hablar de política.
En unos tiempos donde la libertad de expresión, base fundamental de esta gran nación, es atacada por el ala izquierda aun cuando no se expresa, es motivo de preocupación.
Un atleta que no se declare liberal es inmediatamente catalogado como persona non-grata para la prensa y este es el caso de esta joven.
El simple hecho de que sea blanca, heterosexual, nativa del centro del país la coloca en el centro de una batalla cultural que ella no pidió, pero que influye en cómo se percibe su figura.
Es increíble cómo esta joven de 24 años de edad no solo rompe récords dentro del tabloncillo, sino que desde su llegada ha triplicado las audiencias de televisión, ha disparado las ventas de entradas a los encuentros y ha convertido los partidos de la WNBA en eventos nacionales.
Su impacto económico es tan grande que más de una cuarta parte de los ingresos de la liga provienen de su propia imagen y patrocinadores.
Su aporte ha traído más visibilidad, más inversión, más interés en los medios de prensa y con esto ha levantado el deporte inspirando a que más niñas lo practiquen.
Sin embargo, su raza, el hecho de que es una dama y para colmo una percepción de sus ideales políticos, son causa para criticarla y odiarla al punto de justificar los abusos físicos que sufre dentro de los juegos.
Es insólito pensar que todos los triunfos que ha logrado para beneficiar un deporte que se hallaba en la obscuridad sean razón para odiar a esta muchacha.
Desafortunadamente vivimos momentos donde el sentido común y los valores morales están en declive. Esperemos que existan muchas otras Caitlin Clarks, pero a diferencia no tengan que sufrir las consecuencias.








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