Por Luis de la Paz
Al principio de mi exilio en 1980, mientras atravesaba las vicisitudes propias del recién llegado, necesidades básicas, desde la cuchara con la que se ha de comer, hasta la cama para descansar cada noche, incluí en mis prioridades informarme, algo que representaba para mí levantar el puente que el castrismo había derrumbado a base de desinformación, omisión y tergiversación del pasado republicano en Cuba.
Así, entre agotadoras jornadas laborales, desplazamiento en ómnibus y contando las monedas en el bolsillo, comencé a comprar los periódicos locales, primero Diario Las Américas, luego accedí al Herald, más tarde recogía en los comercios los llamados “periodiquitos” comunitarios, entre ellos El Matancero Libre, medio fundado un 4 de julio de 1966 por el educador Demetrio Pérez, Jr.
Es una notable coincidencia que dos de los medios hispanos más antiguos de Miami se hayan fundado un 4 de julio, día de la Independencia de Estados Unidos; Diario Las Américas en 1953 por los hermanos Horacio y Francisco Aguirre, y El Matancero Libre en 1966 por Demetrio Pérez, Jr., un pedagogo exiliado, lleno de sueños y creador de los centros educativos, las escuelas Lincoln-Martí que poseen casi medio centenar de centros y es un referente educacional en el condado Miami-Dade.
Estos hombres visionarios de raíces hispanas, quizás a modo de gratitud al país que los acogió, comenzaron sus empresas informativas en español en Miami homenajeando el 4 de julio de 1776, día de la firma de la Declaración de Independencia. Este día 4 de julio el país celebra 250 años de aquella memorable e histórica jornada.
Con el tiempo, El Matancero Libre, dio paso a Libre, simplificando y a la vez extendiendo el nombre del periódico para dejar a un lado el regionalismo, y así abarcar toda Cuba y la humanidad en su conjunto, pues el más preciado valor del ser humano y que une al hombre es la libertad, es ser Libre.
Siempre he sentido admiración por los fundadores, por aquellos que apuestan por algo sin saber si tendrán éxito y luego se convierten en parte de la historia de una comunidad. Demetrio Pérez, Jr. (Agosto 7, 1945 – Marzo 10, 2023), fue un maestro, empresario y servidor público desempeñándose como edil de la Ciudad de Miami y posteriormente miembro de la Junta Escolar del Condado Miami-Dade. A esos aportes personales hay que añadir su vocación de pedagogo, forjador de las nuevas generaciones a través de sus escuelas Lincoln-Martí y de un periódico Libre, hecho por amor a Cuba, a la libertad. En sus páginas está parte de la historia de los cubanos en el exilio y también la de Cuba. El medio recoge semanalmente el acontecer, las inquietudes, los sueños y esperanza de un pueblo en el destierro.
A través de las distintas ediciones de Libre, al que, cuando ya logré asentarme en Miami me suscribí para recibirlo directamente en mi casa, el puente de mi propia identidad, de la historia de mi país, se fue construyendo a través de los artículos de Roberto Cazorla, que desde Madrid no solo transmitía en sus textos su amor y nostalgia por Cuba, por el pasado de un país roto, aportando datos sobre sus experiencias de vida durante la República, sino también escribía con energía y un lenguaje directo y sin cortapisas en su columna La Espuela sobre los desmanes del acontecer diario en Cuba. Sus artículos sobre farándula, tema que dominaba pues trabajó 40 años para la agencia EFE en Madrid entrevistando a artistas y actores, eran deliciosos y divertidos.
Apasionadas por la historia y el presente, quizás algo incendiarias pero muy documentadas, eran las columnas de Roberto Luque Escalona. Apasionados los Tome Notas de Armando Pérez Roura. El desaparecido escritor Reinaldo Bragado Bretaña, cubría en sus textos de opinión lo más contemporáneo en la Isla, con los movimientos de derechos a los que él mismo perteneció y por los que sufrió cárcel y exilio.
Las columnas del Reverendo Martín Añorga, que aún se pueden leer en Libre a pesar de su fallecimiento, pues se trata, en muchas ocasiones, de mensajes de amor y de patriotismo, fueron de mis lecturas semanales, pues su voz encerraba sabiduría, reflexión y vida vivida. Sobre la importancia de la historia expresó en uno de sus trabajos: “La historia no es tan solo para recordarla sino también para aprender de sus lecciones. La historia es voz que alerta, ejemplo que reta, experiencia que estimula. No es un retazo de pasado que insertamos en un esquema de efímera atención, sino vida de ayer que tiene que injertarse en la vida del presente”.
En una ocasión escribí que la prensa de Miami me ayudó a conocer a Cuba, incluso a amarla. Libre fue uno de esos medios, me dio la oportunidad de reconectar con Cuba, entender y tener respuestas.
El semanario, en los últimos años, ha estado publicando por entregas los libros del historiador Enrique Ros, algo que permite volver sobre esas investigaciones históricas que realizó, documentó y editó con Ediciones Universal, de otro cubano que contribuyó a la memoria colectiva con su casa editorial, Juan Manuel Salvat.
De historia viva son los capítulos de Memoria Constante de José A. Albertini, que aparecen cada semana con su poderoso subtítulo de Relatos Verídicos. Episodios de los que fue testigo el autor en los primeros años del régimen castrista.
Otro autor, Álvaro J. Álvarez, enriquece cada semana las ediciones de Libre, y nos remite a eventos históricos, a figuras de la vida política, social y económica de Cuba que dejaron un legado perdurable entre los cubanos, valga añadir, algunos de ellos emigrantes que se establecieron en la Isla. Personalidades que hicieron Cuba, la levantaron y que el castrismo forzó a tomar el camino del exilio, le robaron sus propiedades, muchas de las cuales hoy ya no existen o solo queda el cascarón vacío de sus estructuras. Páginas que al leerlas vuelven a enseñarme parte de la historia de mi país que desconocía, o al menos con tantos detalles como los aportados en los artículos.
Como nací apenas 2 años antes de que el castrismo tomara el poder, crecí “aprendiendo” que en Cuba había dictaduras, la de Batista, Machado, gobiernos corruptos, censura y persecución a los opositores. Tras mi exilio, en ese aprendizaje constante y que no ha terminado, pude comprobar a través de la prensa y lecturas, la gran Cuba que había durante la República, incluso la libertad que se respiraba. Los artículos que aparecen en Libre que fueron publicados en los medios cubanos de los años 40 y 50, demuestran la gran libertad de expresión que había en la Isla. Articulistas que enfrentaban al gobierno y sus instituciones, que exigían respuestas a aquellos que ostentaban el poder. Artículos que retienen un tiempo, un ambiente social y político. Esa es la historia, la importante historia a la que se refería el Rev. Añorga, “la vida de ayer que tiene que injertarse en la vida del presente”.
Seis décadas de Libre, una publicación periódica, que desafía al lector y lo incita a aprender. Libre es como un aula más de las escuelas Lincoln-Martí, pero para adultos. Reconozcamos a sus fundadores, Demetrio Pérez, Jr.; a su equipo de periodistas; a su grupo de mesa semanal preparando cada entrega, y a su director actual Demetrio J. Pérez, que ha continuado sirviendo a la historia.








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