La Habana, Cuba — Miami, Florida
Con profundo pesar, sus familiares, amigos y compañeros del exilio cubano comunican el sensible fallecimiento del Dr. Andrés Mauricio Candela, ocurrido apaciblemente el día 17 de junio del año en curso, a los 94 años de edad, dejando un vacío imposible de llenar entre quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.
Nacido en La Habana, hijo de don Hilario Candela y doña Carmen Roig, fue hermano mayor del prominente arquitecto Hilario Candela, quien le precedió en el viaje a la eternidad. El Dr. Candela atesoró durante toda su vida los recuerdos de la Cuba en que se forjó su carácter. Cursó sus estudios en el Instituto Edison de La Habana y se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, alma máter de tantas generaciones de profesionales que honraron el nombre de nuestra patria dentro y fuera de la isla.
Tras completar su residencia médica en el Hospital Johnson-Willis de Richmond, Virginia, se estableció en Miami con su joven familia para emprender lo que sería una distinguida carrera de casi cuarenta años como gastroenterólogo. Sirvió con orgullo como Presidente del Cuerpo Médico del Hospital Mercy, donde fue admirado por su juicio clínico, su intachable profesionalismo y la sincera preocupación que demostraba por cada uno de sus enfermos. No se limitó a curar cuerpos: curó almas. Sus pacientes no eran expedientes ni números; eran sus amigos. Siempre tuvo tiempo —ese bien tan escaso en estos días— para escucharlos, conversar con ellos, conocer sus alegrías y acompañarlos en sus penas. Fue de aquellos médicos de antaño, formados en la mejor tradición cubana, que entendían el ejercicio de la medicina como un sacerdocio.
El Dr. Candela fue, ante todo, un cubano de corazón entero. Llevó hasta su último día el amor inquebrantable por su patria y la esperanza ardiente de verla libre del oprobio de la dictadura que, desde hace sesenta y siete años, mantiene cautivo al noble pueblo cubano. Soñó, como tantos hermanos del destierro, con regresar a una Cuba libre, soberana y democrática. Su devoción por lo cubano se reflejó también en su pasión por nuestro arte, del que llegó a ser ávido coleccionista, y en el cariño con que abría las puertas de su hogar a familiares y amigos.
Hombre de fina ironía, de generosidad sin alardes y de bondad serena, disfrutó del mar, del cuidado de su jardín y de los viajes que lo llevaron a casi todos los rincones del mundo. Más por encima de todo, fue esposo ejemplar y padre amorosísimo. Durante más de sesenta y seis años compartió la vida con su amada esposa, Teresita López Candela, en un matrimonio que fue ejemplo luminoso de fidelidad y compañerismo. Sembró en sus hijos los valores que recibió de sus mayores: la honradez, el trabajo, la fe y el amor a Cuba. Hoy sus hijos honran su memoria como profesionales distinguidos en sus respectivos campos, vivo testimonio del legado de un padre que enseñó más con el ejemplo que con las palabras.
Le sobreviven, además de su amantísima esposa Teresita, sus hijos Andrés (Bonnie), William (Sylvia), Larry (Calene) y Ana María (Michel), así como sus once nietos, en quienes perdura el orgullo profundo y constante que siempre les profesó.
La Santa Misa de cuerpo presente se celebrará el jueves 25 de junio, a las 11:00 a.m., en la Iglesia Epiphany, sita en el 8235 SW 57th Avenue, donde sus familiares y amistades podrán darle el último adiós.
En lugar de flores, la familia agradecerá que las donaciones sean dirigidas a la SSJ Health Foundation, brazo recaudador de la Clínica San Juan Bosco, en memoria del Dr. Andrés Candela.
Descanse en paz este buen cubano, este médico ejemplar, este caballero íntegro. Que el Señor lo reciba en su gloria y conceda a su afligida familia la fortaleza cristiana necesaria para sobrellevar tan irreparable pérdida.
Hasta siempre, doctor. Hasta la Cuba libre que tanto soñó.







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