Por Enrique Ubieta (1910)
Cuando intervino España en Santo Domingo, residía en Baní. Allí de simple escribiente de la Administración Militar, ascendió a comandante de las Reservas dominicanas y al evacuar el Ejército Español, con él lo efectuó, viniendo a Cuba, donde libró la subsistencia honradamente.
En el Dátil, dos días después del Alzamiento de La Demajagua lo encontraron a su paso el abogado Lucas Castillo y el poeta José Joaquín Palma, que iban reclutando personas para la revolución.
Máximo Gómez ingresó en las filas del Ejército Libertador con el empleo de sargento que le otorgaron los reclutadores en el acto de filiarse.
Marchó hacia Bayamo y en este punto Modesto Díaz y Marcano lo ascendieron y ya como segundo jefe de Donato Mármol, partió con éste para operar por Santiago de Cuba.
Por primera vez trabó combate en Baire o Ventas de Casanova, cargando el machete contra la columna Quirós, compuesta de soldados veteranos procedentes de las campañas de África, México y Santo Domingo.
No voy a seguir paso a paso al valeroso soldado del Dátil, bástame apuntar sus hechos más sobresalientes en la Guerra Grande.
1868._ Acción de Baire o Ventas de Casanova contra la columna al mando del coronel Quirós.
1869._ Campaña de Charco Redondo (Jiguaní) y combates de la jurisdicción de Holguín.
1870._ Toma del poblado de Santa Rita. Charco Redondo otra vez; ataque a la Socapa (Cuba), combate del cafetal Cristal y de Ti-Arriba.
Con el asalto y toma al cafetal La Indiana, verificó la invasión a Guantánamo, efectuándose también los combates de Oasis, Manguán y Tiguabos.
1872._Llevando a sus inmediatas órdenes a Calixto García, atacó a Holguín.
1873._ Campaña de Camagüey y combates de San Miguel, Nuevitas, Santa Cruz, Cascorro y Guásimas.
1874._ Sangrienta acción de Palo Seco (5 de noviembre), toma de Sibanicú, y la batalla de La Sacra, Naranjo, Moja-Casabe y Las Guásimas.
1875._ Enero 5. Paso de la Trocha de Júcaro a Morón, donde fue herido Gómez de un balazo en el cuello.
Invasión de Las Villas: Acciones del Jíbaro, Arroyo Blanco y Ceja de Guanabo.
1876._ Ataques a diferentes poblados en las jurisdicciones de Trinidad, Remedios y Villa Clara.
Acción del cafetal González, donde derrotó la numerosa columna al mando del Capitán General Jovellar.
Desde 1876 a 1878, lo mismo en Las Villas que en Oriente y Camagüey prestó importantes servicios hasta la paz del Zanjón.
Después de ella y ya en la emigración, no cesó un solo instante de velar por la causa cubana hasta el 11 de abril de 1895 que junto con Martí y otros compañeros llegó a Playitas. _ “Como Colón”, dijo, “besé aquella tierra después de saltar a ella, echando a fondo la embarcación, borrando, además, todo vestigio que pudiera indicar que allí hubiese desembarcado alguien”…
Se internaron sierra adentro, y el 14 de abril llegaron al campamento del coronel Félix Ruenes, en Vega-Batea y más tarde, el 5 de mayo, en la Mejorana, conferenciaron con Maceo, trazando el plan de guerra.
Desde Dos Ríos, donde murió Martí, marchó a Camagüey y asaltó a Altagracia, perdiendo en el combate a Paquito Borrero.
Tuvo en su escolta, entonces, conato de sedición, pero no desmayó, intrépido prosiguió cuesta arriba, y en la cumbre enarboló el Pendón Cubano, arengando sus huestes, llamando a las armas a todos los que se sintieran libres.
Llega el 30 de noviembre y a las 6 de la mañana todas las fuerzas estaban formadas en la llanura. Gómez las arenga y dice:
“En esas filas que veo tan nutridas, la muerte abrirá grandes claros. No os esperan recompensas, sino sufrimientos y trabajos. El enemigo es fuerte y tenaz. El día que no haya combate será un día perdido o mal empleado. El triunfo solo puede obtenerse con el derramamiento de mucha sangre. ¡Soldados! No os espante la destrucción del país, no os espante la muerte en el campo de batalla, espantaos sí, ante la idea horrible del porvenir de Cuba, si por nuestra debilidad España llegara a vencer en esta contienda. Los manes de tantas víctimas inmoladas por la tiranía os exhortan a que luchéis con decoro y vigor, para que la rapidez del triunfo no dé ocasión a levantar nuevos cadalsos…
“Poco se ha hecho hasta ahora. Poco hemos andado; no estamos aún en Las Villas donde nos esperan las grandes peleas… España ha mandado para combatirnos al más entendido de los generales. ¿Y bien? Con eso demuestra nuestra pujanza, porque empieza por donde acabó la otra vez. Yo le auguro a Martínez Campos un fracaso cabal, que ya empezó para él en las sabanas de Peralejo, pronóstico que habrá de cumplirse al llegar los invasores a las puertas de La Habana con la bandera victoriosa, entre el humo rojizo del incendio y el estrépito de la fusilería. ¡Soldados! Llegaremos hasta los últimos confines occidentales, hasta donde haya tierra española: ¡allí se dará el Ayacucho cubano!”.
Dio orden de marchar. Se baten en Río Grande, después de Iguará, Taguasco y Pelayo. Despide al Gobierno en Fomento; combate en Los Indios; el 11 de diciembre en Manacal; el 12 en lomas de Quirro; el 13 camino de la Siguanea; el 15, la sangrienta acción de ‘Mal Tiempo’; el 20 en la Colmena, luego en el fuerte “La Antilla”, atraviesan, con pequeños combates, la zona de Jovellanos, acción de Coliseo contra Martínez Campos, y también en río Hanábana, Calimete, etc., etc.
En enero de 1896 se baten en “El Estante”, penetran en Guara y Melena del Sur, Güira de Melena, Alquízar, Ceiba del Agua, Vereda Nueva y Hoyo Colorado.
En la mañana del día 7 de enero conferenciaron Gómez y Maceo y acordaron que Maceo continuara hacia occidente y Gómez en la provincia de La Habana. Así lo hacen y la guerra sigue, plantando en Guanes y en Mantua la enseña de Cuba Libre.
Gómez vuelve hacia Las Villas y después a Camagüey y Oriente. En todas partes está y todo lo ve y dispone hasta la intervención americana, de la cual no fue muy partidario.
Alcanzada la paz, se retira al central Narcisa y allí dio su famosa proclama de paz y fraternidad diciendo:
“Pueblo cubano: Para andar más pronto por el camino de la organización nacional, elegid para directores de vuestros destinos a hombres de grandes virtudes probadas, sin preguntarle en dónde estaban y qué hacían mientras Cuba se ensangrentaba en la lucha por la independencia.
“Debéis ser atinados en la elección de Ministros, administradores de los intereses del país, que no alfombren sus casas ni sean arrastrados por carrozas antes que las espigas maduren con abundancia en los campos de la patria que habéis regado con vuestra sangre para hacerla libre.
“No tengáis ministros con mujeres que vistan de seda, mientras que la del campesino y sus hijos no sepan leer y escribir”.
Muchas amarguras tuvo que devorar el Padre de la Patria durante la paz. Paso por alto sobre ellas y consigno solamente que días antes de morir expresó:
“Debajo de las palmeras de los campos de Cuba, en donde se amasaba con sangre la República, recuerdo que siempre decía que temía sucediese en Cuba la inmoral escena del ‘Hijo Pródigo’. Muchos días hace que eso se viene repitiendo, porque la fortuna no sonríe sino a los osados.
“No basta triunfar, es preciso hacer muy simpática la santa obra del triunfo, por el fondo de amor y justicia que ella encierra. Lo demás es fabricar sobre arena. Quédese ese trabajo para los que no supieron ser hombres para ayudar a salvar la patria en las horas de mayores congojas,
“En estos días se ha insultado la Revolución. Lo siento por el que lo hizo, no por ella que es inmaculada. Un hombre educado no necesita haber nacido en el seno de una gran matrona para hablar de ella siempre con respeto y veneración. Recuerdo ahora las frases que una vez oí a un montuno en días de campamento revuelto.
–“General, me dijo, la ignorancia de estos hombres que saben tanto es la que nos hace daño”.






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