CAPÍTULO I
Por J. A. Albertini, especial para LIBRE
—Te confieso que me falta honestidad para reconocer, ante Carmela, que Polución Mental es una sarta de mentiras. En parte, para mitigar el dolor que el olvido de nuestros hijos le ocasionó, la convencí de la autenticidad de la teoría. A estas alturas no tengo valor para sacarla del error inducido. Para ella sería un trauma doble y no sé si lo resista.
Si muero primero, como espero, con el tiempo y la vejez, el engaño languidecerá en Carmela, porque ninguna mentira supera el pensamiento real. Fui un farsante y como buen ser humano que soy prefiero que no lo sepa.
—¿Y si me pregunta por qué he de llevarme el atado de hojas…?
—Le dices que un editor, del otro lado del río, está interesado en publicar la teoría y que serás el intermediario. Creo que esa idea le agrade.
—La mentira sigue y me involucra.
—Lo sé, pero será un engaño blando. Carmela no me sobrevivirá por largo tiempo. Para entonces las cenizas del texto de Polución Mental justificarán tu actuación. A la mentira, con un acto de corrección, le pondrás fin.
Una semana después, una noche de abril, tal y como profetizó, el notario muere de un súbito paro cardíaco.
Según lo acordado, a días del funeral, Cándido acompañado de Bartolo concurre varias veces al hogar del difunto. En la primera visita Carmela pide tiempo para poner orden en la biblioteca del esposo. En otra ocasión es evasiva, pero en entrevistas subsiguientes, además de mostrar signos de una rápida enajenación mental, se niega a ceder el texto, alegando que ningún editor perverso, del otro lado del río, lugar en que perdió a sus hijos, va a robarle la fuente de la verdad.
No obstante, en la última entrevista que sostienen Carmela, de mala gana, le entrega una carta de puño y letra de don Pascual. En la misiva, escrita a escasas horas de fallecer, el notario le reitera al amigo, valiéndose de un subterfugio previamente acordado, que destruya el volumen de Polución Mental. También, de manera imprevista, le recomienda que apuntale el apego que Bartolo muestra por los papalotes y que le siembre, según consta en la carta “El deseo de construir, construir siempre sobre todo puentes porque, unidos al vuelo de los papalotes, son vías de comunicación difíciles de extinguir”.






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