Y yo me pregunto, y le pregunto a los amables lectores: ¿Y a quiénes pretenden engañar estos “profesionales del cinismo”?
Un ejemplo simple de su clara falta de imparcialidad es el uso de la coletilla de moda de la prensa liberal: “sin prueba alguna”.
Esa coletilla se ha convertido en el “Amén» de la prensa izquierdista. Cada vez que el presidente Republicano hace algún comentario o declaración, le agregan todos los parcializados periodistas la famosa coletilla. “El presidente declaró sin prueba alguna tal o más cual cosa”. Lo escuchamos y vemos a diario en todas las noticias que incluyen algún comentario del presidente Republicano. ¡Eso nunca falta!
Pero, hace años, cuando un presidente Demócrata declaró en televisión nacional que nunca había tenido relaciones íntimas con una becaria de la Casa Blanca, a ningún periodista en todo el país se le ocurrió decir: “El presidente ha declarado sin prueba alguna que nunca tuvo relaciones con la becaria”. Más, sin embargo, ¡el presidente había mentido!
Y cuando otro presidente Demócrata prometió una reforma migratoria en los primeros cien días de su mandato —algo que jamás hizo, ni en los últimos cien días—, nunca escuché siquiera a un periodista informar: “El presidente ha declarado sin prueba alguna, que hará una reforma migratoria en los primeros cien días”.
Finalmente, cuando hace pocos años el reciente presidente Demócrata mostraba signos palpables de una acelerada senilidad que el pueblo norteamericano presenciaba claramente, la prensa liberal callaba. Y cuando dicho presidente declaró en varias ocasiones que gozaba de buena salud y estado mental, jamás escuché a ningún periodista, al dar la noticia, decir: “El presidente ha declarado sin prueba alguna, que goza de buena salud”.
Pero si el presidente Republicano muestra una mancha propia de la edad en el dorso de su mano, y le resta importancia, la prensa repite hasta el cansancio que “el presidente ha dicho, sin prueba alguna, que no tiene problemas de salud”.
Por eso, señores, a la perniciosa prensa liberal y parcializada ¡ya nadie le cree absolutamente nada! ¡Está totalmente desprestigiada!
Y lejos de unificar a la nación, lo que hace es dividirla más y más, incluyendo las “falsas encuestas” que se suman a la comparsa de fantasías.
Cuando efectúan alguna de esas, nos informan que participaron, por ejemplo, 1,800 personas. ¡Pero jamás nos desglosan su composición, la cual quizá incluía a 1,200 Demócratas activistas, 300 Republicanos y 300 Independientes!
¡Qué maravillosa y objetiva encuesta! ¿Cierto? Y también, —debemos agregar—: ¡Qué bochorno!
Posiblemente, varias de ese tipo fueron llevadas a cabo durante el otoño del año 2016 cuando indicaban que la candidata del Partido Demócrata, apoyada por todos los grandes medios de difusión en inglés y español, marchaba a la delantera con más de cuatro puntos de ventaja sobre su oponente Republicano. Todos los medios nacionales intentaban hacernos creer que era así, a fin de influir en el resultado.
Pero todos sabemos lo que finalmente ocurrió el día de las elecciones, cuando concluyó el espejismo, ¡y ella terminó sepultada bajo una avalancha de votos electorales!
En la guerra salvaje desatada desde el advenimiento de las redes sociales y las múltiples plataformas de información, la lucha encarnizada por obtener mayoría de audiencia, o retener la que tienen, se ha convertido en el único objetivo, además de diseminar a toda hora sus ideas liberales y extremistas, sin el menor recato. ¡El mayor enemigo de nuestro país, está aquí dentro! ¡Y ellos anhelan abrazar el “socialismo”!
Felipe Lorenzo
Hialeah, Fl







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