Por Álvaro J. Álvarez. Exclusivo para LIBRE
Su fundación data de 1803 cuando se trazó la Calzada del Cerro, y con el florecimiento de sus palacios y quintas alrededor de la Calzada, hacia 1840, El Cerro comenzó a considerarse como parte de San Cristóbal de La Habana.
La urbanización de esta región y, en especial, la barriada residencial que surgió a lo largo de la Calzada del Cerro alcanzó, por sus valores artísticos y arquitectónicos, relevancia nacional en el siglo XIX. Era el barrio residencial de moda del siglo XIX habanero.
Se llenó de suntuosos palacios rodeados de jardines, casas quintas que hicieron que esta población se urbanizara bajo un trazado irregular a lo largo de la Calzada, donde las calles interiores se pueden ver interrumpidas frecuentemente por los muros de estas grandes propiedades.
Fue en 1589 que Hernán Manrique de Rojas, dueño en esa época de gran parte de Cuba, solicitó al cabildo de la Villa de San Cristóbal de La Habana establecer una estancia en la zona de extramuros con el objetivo de construir la Zanja Real, primera obra de ingeniería que se llevó a cabo en la Isla.
La estancia llevó por nombre El Cerro y demostró su importancia para el desarrollo de la ciudad, pues gracias a la Zanja Real se conformaría la incipiente economía insular.
La frase El Cerro tiene la Llave se debe a que en el Cerro estaba ubicada la llave que daba la entrada de agua a la ciudad desde el acueducto que aún existe hasta nuestros días. Allí se encontraba el Canal de entrada de La Zanja Real, primer acueducto habanero, que llevó el agua a la ciudad desde 1592 hasta el siglo XIX.
Como los ingenios primitivos se orientaban hacia la cuenca o ribera de los ríos para facilitar la obtención del agua imprescindible para la elaboración de azúcar, Manrique de Rojas aprovechando la ubicación de su estancia, se le ocurrió levantar allí un ingenio, al que al parecer llamó del mismo nombre: Cerro.
Desde que se inició la construcción de las murallas en 1640 ya existían caseríos en la zona de extramuros, la mayor parte al oeste de La Habana, ocupados por negros, mulatos, y gente de mala reputación, los que nadie quería dentro de los espacios exclusivos del recinto intramural. Pero a finales del siglo XVIII debido a la escasez de tierras y el aumento de la población dentro de la ciudad, este territorio se convirtió en una prioridad para la administración española.
Aún en 1754 seguía siendo un paraje semiurbano en que se habitaba generalmente en casas de paja, pero para finales del siglo ya existía un Plan de Obras Públicas, a cargo del Marqués de la Torre, para la construcción de la Alameda de Extramuros, ubicada al oeste del muro, junto a la Puerta de Tierra. La amplia avenida se convertirá en un popular paseo y transformará esa área de extramuros en un exclusivo espacio, alejado de sus orígenes marginales.
El Cerro, fundado en el año 1803, para 1840 ya se consideraba parte de la capital. Posteriormente, también en El Cerro, se construyeron los acueductos Fernando VII (1835) y Francisco de Albear (1893).
A fines del siglo XVIII la población no pasaba de 500 habitantes, pero ya en 1810 se había multiplicado por cuatro. Ese crecimiento fue posible por el desarrollo de una infraestructura ingeniera. Los caminos que salían del antiguo recinto amurallado fueron mejorados, incluyendo la pavimentación de las calles de la ciudad con el sistema McAdam, introducido en 1818. Se construyeron varios puentes que facilitaban el acceso al Cerro y por allí hasta Vuelta Abajo: el de Chávez (1795) sobre el arroyo de ese nombre, donde después se edificó el Mercado Único; el puente Cotilla (1830) sobre la Zanja Real y el Villarín (1848), en la Calzada de Infanta. La toponimia alrededor de esa especie de sumidero de la ciudad que se conoce como los Cuatro Caminos recuerda un pasado cenagoso: Manglar, Arroyo, Pontón y explican las inundaciones que se producen todavía.
A inicios del siglo XIX, se comenzó a ver la zona con mayores potencialidades urbanas, sin las murallas que limitasen su crecimiento y la ciudad creció siguiendo la dirección de sus vías principales. El más importante de esos ejes partió desde la propia muralla con la Calzada de Monte, para tomar el nombre de Calzada del Cerro (con sus más de 3 km de extensión) en el punto que después conoceremos como la Esquina de Tejas.
En 1803, dos potentados propietarios de grandes extensiones de terreno, José María Rodríguez y Francisco Betancourt, construyeron sus residencias y fomentaron un reparto residencial. Dividieron la finca en lotes que fueron vendidos en poco tiempo por la belleza del entorno. No tardaron en aparecer las residencias veraniegas rodeadas de jardines y con amplios portales de columnas, verdaderos palacetes al estilo neoclásico.
El Cerro se llenó de señoriales mansiones y casas quintas que le convirtieron en el barrio residencial de moda del siglo XIX, con las casas fabricadas por los habitantes más acomodados de la ciudad, en forma de mansiones, residencias y casas quintas con jardines y patios arbolados, donde pasaban los meses de mayor calor o las habitaban todo el año, trasladándose a La Habana únicamente para sus ocupaciones y negocios.
En realidad, constituía un barrio extramuros, separado por espacios despoblados.
El Cerro comenzó a desarrollarse a partir de dos barrios: El Horcón o Carraguao, y el de San Salvador.
El Horcón se extendió a partir de la Esquina de Tejas y con un carácter más humilde, aunque allí podemos ver algunas de las quintas más significativas.
El barrio de San Salvador, mucho más elegante, se desarrolló alrededor de la pequeña iglesia del Salvador del Mundo y la Calzada del Cerro, a la altura de Palatino.
En 1807 estaba lo suficientemente habitado para que se construyera una pequeña iglesia, de tablas y guano, en Santo Tomás entre Peñón y Arzobispo.
En 1843 fue reemplazada por otra, de una sola nave, a la que se le dio el nombre de San Salvador del Cerro, en honor del Capitán General Don Salvador del Muro y Salazar, Marqués de Someruelos (1754-1813), quien no solo ayudó económicamente a la construcción de la iglesia, sino también favoreció el fomento urbano de la barriada.
Según estadísticas en 1810, El Cerro contaba con 2,000 habitantes, siendo el 54% de la raza blanca y el 46% de negros o mulatos, tanto libres como esclavos.
El Cerro estuvo asociado con el nacimiento de la identidad nacional y el surgimiento de las ideas autonomistas y después independentistas en gran parte del patriciado criollo que allí se asentó. Sin embargo, algunas grandes familias se mantuvieron proespañolas. Un ejemplo fue el memorable baile que los Condes de Fernandina ofrecieron en honor de la Infanta Eulalia, cuando ya José Martí estaba metido de cabeza en la organización de la Guerra de Independencia. Pero la afinidad de clase y los valores relacionados con honor, familia y amistad pudieron más que las diferencias políticas; y esos integristas miraban hacia otro lado para no ver las cintas tricolores que usaban muchas damas criollas en el peinado.
En 1848, José de la Luz y Caballero fundó el Colegio El Salvador en la antigua Quinta de la Condesa de Lombillo, en la Calzada del Cerro # 1913 entre Palatino y Zaragoza.
En 1875 se fundó la Sociedad de Recreo, La Caridad del Cerro, en Calzada del Cerro # 1967 entre Zaragoza y Santa Teresa.
En abril de 1899 concluyó en la Calzada del Cerro entre Santa Teresa y Monasterio la polémica Asamblea de Representantes del Ejército Libertador que, había comenzado en octubre del año anterior en Santa Cruz del Sur, Camagüey. Los jefes que participaron acordaron el licenciamiento de las fuerzas patriotas y la destitución del Generalísimo Máximo Gómez. Ya desde 20 años antes la aristocracia criolla había dejado de construir en El Cerro sus mansiones señoriales.
Con el tiempo el Cerro decayó, debido principalmente a la insalubridad de la Zanja Real, que constituía un foco contaminante. Muchas familias pudientes se trasladaron hacia el nuevo barrio del Vedado. El Cerro pasó entonces a ser un barrio ocupado por comerciantes, hombres de negocio y diplomáticos, encontrándose en el mismo las residencias de los cónsules alemán, inglés y ruso y, ya en el siglo XX, la embajada de Estados Unidos en la antigua quinta de Echarte, en la manzana comprendida entre las calles Falgueras, Domínguez, Santa Catalina y San Pedro, a unos 100 metros de la Calzada del Cerro.
Posteriormente, las principales edificaciones fueron transformadas en comercios, empresas industriales, colegios y casas de salud. El Cerro, en sus momentos de esplendor, llegó a atesorar el conjunto de arquitectura del neoclásico colonial más importante del país.
Para adentrarnos en la Calzada del Cerro, hay que comenzar por el llamado Camino de Guadalupe, que salía del extremo de la calle Muralla, después de la Puerta de Tierra, al cual se le denominó así porque pasaba junto a la primitiva ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, que ocupaba la actual esquina de Monte y Águila.
Posteriormente, este primer tramo hasta el Puente de Chávez, que se encontraba a la altura del Matadero, recibió el nombre de Calzada de Monte; el segundo, desde este lugar hasta el barrio del Pilar, que entonces se llamaba del Horcón, Calzada del Horcón; el tercero, desde este lugar hasta el Puente de Cotilla, que se encontraba entre la Calzada de Palatino y la calle Zaragoza, Calzada del Cerro. El cuarto tramo, que es una continuación de la Calzada del Cerro, se denominó Calzada de Puentes Grandes. Las cuatro calzadas, después reducidas a tres, poseen una única numeración continua en sus edificaciones. En resumen, la Calzada del Cerro se extiende desde la Esquina de Tejas hasta la Avenida de Rancho Boyeros o de la Independencia, como también se conoce.
El Cerro incluye los Repartos Canal, Cerro, Las Cañas, Ayestarán (parcialmente), Habana, Jesús del Monte (parcialmente), Antonio Maceo, Casino Deportivo, Martí, Palatino y Santa Catalina. Se encuentra enclavado entre la intersección de las Avenidas de Infanta y Ayestarán, Río Almendares, Vía Central, Calzada de Vento, Vía Blanca y Calzadas de Cristina e Infanta.
Sus principales calles son: la Calzada del Cerro y las calles Buenos Aires, Tulipán, Monte (parcialmente), Aranguren, San Joaquín, Omoa, Cádiz, Magnolia, Palatino, Primelles, Lombillo, San Pedro, Clavel, San Salvador, Patria, Pila, Serafines, Falgueras, entre otras.
En la Calzada del Cerro fueron famosas en su tiempo las casas quintas de los Condes de Villanueva, en la Esquina de Tejas #1217; la quinta San José en el #1220 propiedad del Marqués de San Miguel de Bejucal; la lujosa quinta de los Condes de Fernandina en el #1257, construida en 1819 y después ampliada, quienes la perdieron por problemas económicos; la quinta del Marqués de la Gratitud, de la que fuera la Clínica La Bondad, en el # 1263.
Un poco más adelante, con los # 1357-1359, la residencia del Marqués de Pinar del Río, Leopoldo González Carvajal, con sus dos leones de mármol blanco. En el #1424, la quinta de los Condes de Santovenia, la más elegante y lujosa residencia de su tiempo, donde se hospedaron en marzo de 1872, el archiduque Alejo, hijo de Alejandro II, Zar de Rusia, y también dos príncipes de la Casa de Orleáns, que luego serían Reyes de Francia con los nombres de Luis Felipe y Carlos X. Pero desde hace años fue convertida en el Asilo Santovenia para ancianos atendido por las Hermanas de la Caridad y del cual forma parte también la residencia de Leopoldo González Carvajal.
Esta mansión la ocupó durante algún tiempo la familia del II Conde de Santovenia, quien la cedió luego al señor Manuel Arredondo, Conde de Vallellano, que estaba casado con la señora Lutgarda Valdés y Díaz Albertini, prima hermana del eminente médico doctor Antonio Díaz Albertini. Fueron hijos de este matrimonio, Manuel y Lutgarda, a quien se conocía por el nombre de “La Niña”.
En la esquina de la calle Clavel estaba la quinta El Factor de Ramón Peñalver luego fue la quinta del Obispo Espada, pero al morir este en 1832, fue recuperada por los Condes de Peñalver.
En La Calzada del Cerro, esquina a Zaragoza, estaba la quinta del Conde de Lombillo, donde residió después José de Armas y Cárdenas, más conocido como Justo de Lara, seudónimo con el que firmaba sus trabajos.
La Mansión de Doña Leonor Herrera en la Calzada del Cerro #1551 luego sería la Quinta Covadonga.
La del Marqués de Almendares construida en 1858 fue la Quinta Asociación Cubana La Milagrosa en el #2002.
En el #1854 de la Calzada del Cerro había una casa antigua, de amplio portal y balaustrada, que se caracterizaba por elevarse más allá del nivel de la calle con dos escaleras piramidales de acceso que parten desde la acera.
En la Calzada del Cerro esquina a Zaragoza estaba un edificio con doble hilera de columnas más numerosa de toda la Calzada, allí había negocios estatales y particulares.
El 29 de abril de 1907 surgió el Club de Cazadores del Cerro, fue una de las principales organizaciones de tiro deportivo en el país, integrada por asociados de alta posición económica.
Algunos Negocios y Fábricas en El Cerro
El Cerro concentró en su territorio la mayor cantidad de fábricas de fósforos del país como: Fósforos Pavo Real en Falgueras #201; La Estrella en Cañongo #70; Fósforos Acebo en San Pablo #316 y la Luz de Oriente en la Calzada de Puentes Grandes #29, entre otras.
La vieja casona en la Calzada del Cerro # 1417 entre Patria y Auditor convertida hace muchos años en la fábrica del Ron Bocoy con sus balaustradas de bronce en forma de cuellos de cisnes.
Edificio donde se imprimían las revistas Selecciones y Life en español.
El Ron Mi Bohío en la calle Clavel #414.
La fábrica de cerveza y hielo Tívoli, adquirida por la Nueva Fábrica de Hielo S.A., fabricantes de la cerveza La Tropical y la fábrica de botellas de esta misma firma, ambas situadas en la Calzada de Palatino, donde también estaba la embotelladora de la Coca Cola.
En Cocos # 251 estaba la Fábrica Paz, donde se elaboraba el refresco Materva y llegando a la calle Domínguez estaba la gaseosa Salutaris.
En Falgueras #414 se embotellaba el Ironbeer.
La fábrica de Cerveza Polar y Malta Trimalta y la fábrica de hielo en la Calzada de Puentes Grandes.
La Fábrica de Chocolate La Española en la calle Estevez #222.
El Mercado Libre del Cerro, situado entre las calles Washington, Velarde, Colón y Desagüe.
Las Vitrolas Wurlitzer estaban en Ayestarán #401.
Hubo dos grandes fábricas de papel: La Papelera Moderna, junto a la presa del Husillo y la Papelera Cubana de Puentes Grandes.
Cines: City Hall en Ayestarán y San Pablo; Coloso en Prensa #315; Edison en C. Cerro #1951 esquina Zaragoza; Maravillas en C. Cerro #1903 y Palatino; México en Salvador y San Anselmo; Principal en la C. Cerro #1665 y La Rosa y Valentino en la Esquina de Tejas.
La fábrica del famoso calzado Bulnes propiedad de los hermanos asturianos Benigno y José Herrero Bulnes en la Calzada del Cerro #1374.
Fábricas de Calzado Valle’s (de Huerta y Anticó) en Santo Tomás #367. Ingelmo y Hermanos en la calle Pedroso #102. Benjamín Margolín en Peñalver # 66. Marcial Novo en Calzada del Cerro # 1461. Pomar en Calzada el Cerro #1655. La fábrica de los famosos zapatos Amadeo en la calle Mariano #460.
Fábrica de Galletas La Estrella en Calzada de Buenos Aires # 35 y La Ambrosía en Buenos Aires #251.
La grande del jabón y la perfumería, Crusellas en la Calzada de Buenos Aires.
Fábrica de embutidos El Miño en Ayestarán #361.
Tasajera La Ambrosía en Buenos Aires # 213. Las toallas Telva se fabricaban en la calle Real y Velázquez.
Laboratorios Geros en Peñalver # 421. Magnesúrico en Calzada del Cerro # 1405. Om en Ayestarán # 196. Rivart en Ayestarán #665. Squibb en Ayestarán # 239.
Iglesia Convento del Servicio Doméstico en Calzada del Cerro #1239. Misioneros del Corazón de María (Iglesia de San Salvador del Mundo) en Calzada del Cerro #1708. Monseñor Alfredo Muller y San Martín (1902 -1993) fue párroco de esta Iglesia desde 1927 en la que realizó una gran labor social en favor de los más necesitados. (Como anécdota, en esa pequeña parroquia, a mediados de la década de 1940, el astro del cine mexicano, Jorge Negrete, concurrió como padrino en un bautizo, lo que provocó un gran revuelo entre los habitantes del barrio).
Iglesia Nuestra Señora del Pilar en San Jacinto # 11 entre Estévez y Santa Rosa. En 1960 estaban el párroco Ismael Testé y el padre Hualde.
Helados Guarina en Concha y Marina. Helados Hatuey en Concha #1 esquina Cristina.
Los Colegios: Academia Pitman en Calzada del Cerro #1266-1270; Álvarez Sáenz en Salvador #118; Escuela Pública # 2 en C. del Cerro #1309: Escuela Pública #66 en C. del Cerro #2052; Escuela Pública
# 72 en Tulipán #256; Escuela Pública #94 en C. del Cerro #1220; Instituto Lexis en C. del Cerro #1592; Colegio Maristas en Ave. Independencia # 807, San Vicente de Paul en C. del Cerro #1913; Academia Arteche en la calle Omoa # 283; Academia de Música Herminia Pertierra en C. del Cerro #1819; La Escuela Profesional de Comercio en Ayestarán y la calle Néstor Sardiñas.
Cafés: Patria en C. del Cerro #1402; Riverside en C. del Cerro #1874; Covadonga en C. del Cerro #1552; Pan American en Ayestarán # 235.
Las Farmacias en la Calzada del Cerro: Dra. Mercedes Llana #1310, Dra. Cruz María Cobo
# 1458, Dr. Sebastián Artiles #1851, Dr. Sergio Roca #1867, Dra. Margarita Sierra # 1969, Dr. Antonio San Pedro # 2054, Dr. Rafael Corrons #2081 y Dr. Leonides Nodarse # 2203.
También se destacó por la cantidad de Centros Médicos o “Quintas” como se les decía: Asociación Cubana de Beneficencia en la Calzada del Cerro #1316; Quinta Covadonga en la Calzada del Cerro #1551; La Milagrosa en la Calzada del Cerro #2002; Quinta Dependientes La Purísima Concepción en Diez de Octubre #130; Quinta Nuestra Señora de Lourdes, Diez de Octubre #1302 y Quinta Cubana y Nacional en Diez de Octubre #857.
En la Quinta Dependientes, en 1907, el Dr. Bernardo Moas realizó por primera vez en Cuba y por segunda vez en América una sutura de corazón. Dicho cirujano y su equipo fueron muy elogiados por los eminentes doctores Joaquín Albarrán y Carlos J. Finlay, quien tenía un laboratorio en la calle Tulipán. Fue también en este centro donde funcionó, en 1958, el primer servicio de parto sin dolor que existió en Cuba.
Cuando estuvo de visita en Cuba en 1930, el poeta español Federico García Lorca fue operado de un quiste en un glúteo en la Clínica Fortún Souza situada en Lugareño # 15.
Imposible no mencionar al Coloso del Cerro, el mayor estadio de béisbol de Cuba, que se conocía como el Gran Estadio de La Habana o Estadio del Cerro. Su construcción se desarrolló en 1946, inaugurándolo el 26 de octubre de ese mismo año, ante una fanaticada de 31,000 personas. Con su inauguración desplazó al de La Tropical, anteriormente el mejor estadio de La Habana.
La Finca Las Delicias o de los Monos, en Santa Catalina y Palatino era de Rosalía Abreu (González) (1862-1930) hermana de Marta Abreu y famosa por sus crías de chimpancés.
Por solo mencionar algunos personajes destacados nacidos en El Cerro, recordemos al general Juan Bruno Zayas, uno de los altos oficiales más jóvenes del ejército mambí. Nuestro primer campeón mundial de boxeo, Eligio Sardiñas (Kid Chocolate) y René Portocarrero, una de las más destacadas figuras de la plástica cubana.
Cuando José Martí regresó a Cuba después de terminada la Guerra de los Diez Años, en 1878, vivió en la calle Tulipán #410 esquina Clavel, junto a su esposa Carmen Zayas Bazán, lugar donde nació su hijo José Francisco. Durante su breve estancia en este barrio, pudo participar en tertulias de la entonces Sociedad del Pilar y compartir la vida con los habitantes del Cerro de entonces.








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