Cuando Eduardo Rodríguez decidió abandonar su nativo Perico en la provincia de Matanzas y marcharse al exilio con su esposa Blanca y sus hijos María Elena y Eduardo Jr., jamás se imaginó que esa acción tuviera tanta repercusión en la historia del béisbol juvenil de Miami.
Mientras el joven matrimonio se aclimataba en su nuevo hogar y luchaba por mejorar sus vidas, él como jardinero trabajando de sol a sol y ella en los quehaceres de la casa, sus hijos estudiaban y crecían bajo el sueño americano que ellos habían anhelado y por el cual se habían sacrificado como tantas familias cubanas.
Su hijo Eduardito nació con una pasión por el deporte de las bolas y los strikes. En Cuba lo aprendió y aquí en su nueva ciudad continuó practicándolo en las diferentes competencias y terrenos que tenía acceso.
Participó en la liga de Los Cubanitos y más tarde en la de los Cubanos Libres, ambas, creaciones del ex pelotero cubano y periodista Emilio Cabrera. Fue el mismo Cabrera que observando con la pimienta que jugaba el pequeño matancero, lo bautizó con el apodo que desde ese momento es conocido, “El Gallo” Rodríguez.
El joven se destacó de una manera que lo llevó a ganar un sinfín de trofeos y ser escogido a diferentes juegos de estrellas o selecciones que representaban a Miami en competencias frente a otras ciudades. En muy pocas ocasiones el jardín central de esas novenas miamenses no fue patrullado por ‘El Gallo’. Su nombre repercutió enormemente en los círculos beisboleros.
Cuando llegó el momento de cursar los estudios secundarios, el nativo de Perico optó por matricularse en Coral Park High School del vecindario de Westchester. Allí bajo el ojo directivo del legendario Steve Hertz su calidad de juego y talento lo convirtieron en una leyenda local.
Defensivamente jugaba el jardín central bien pegado al cuadro, hoy día comenta que lo hacía por no tener un brazo potente, con una noción de su territorio como ningún otro. Identificaba el batazo desde el momento de su partida.
Su ofensiva era bien agresiva y desde ese momento conocía sus fallos y sus virtudes a la hora de batear. Siempre se mantuvo entre la lista de los mejores bateadores de Miami. Sin embargo, el gran complemento era esa picardía natural y conocimiento del deporte que le ganó su apodo. Esa combinación de talento, malicia deportiva e inteligencia de juego fue lo que lo separó del resto de los demás.
El premio de esos logros es que en sus tres años de competencia de secundaria siempre fue seleccionado para el equipo “Todos Estrellas” de la ciudad. En sus últimas dos temporadas fue el capitán de la escuadra estudiantil.
Cuando se graduó de Coral Park recibió una beca para continuar su carrera en Miami Dade College. Allí, una vez más, tuvo la dicha de prestar sus servicios a otro gigante del béisbol, el miembro del Salón de la Fama, Charlie Green.
De nuevo durante sus dos años en el plantel universitario continuó custodiando el jardín central de manera espectacular. Más tarde transfirió a FIU y allí firmó un contrato profesional con los Orioles de Baltimore donde su carrera como pelotero no prosperó y tuvo que ingresar en la vida cotidiana.
Aquel fallo como pelotero fue el nacimiento de algo histórico en el béisbol juvenil de nuestra ciudad.
Todo comenzó cuando a mediados de los años 70 el icónico club de niños y adolescentes “Boys Club” de Miami -en la actualidad con la inclusión de niñas se llama Boys & Girls Club- le dio una oportunidad de trabajo.
Aquel bautizo que un día Emilio Cabrera le impusiera a Eddy nunca pudo ser más cierto. En la campiña el gallo es quien protege a sus crías a base de presencia y coraje. Nunca evita el obstáculo, lo confronta y lo supera. Así comenzó Eddy su jornada, con inmenso ímpetu y amor por la vida deportiva donde no existió barrera que lo detuviera.
También al igual que el gallo, lo más importante para él es el compromiso con esos niños que buscan su ayuda. Hombre exigente y fuerte que grita en su momento, al tiempo que educa y crea carácter.
Con el pasar del tiempo Eddy se convirtió en el director de los programas de béisbol del club y con su nombramiento comenzó la mejora de la pelota juvenil en Miami. En un tiempo donde las academias locales enseñaban el deporte, sus directores encontraron en Eddie su mejor aliado. Por ahí vimos pasar a la Academia de Tony y Jorge Taylor, La Academia Pascual, El Palmar del Junco, La Academia Latinoamericana, La Academia de Ángel Hernández, Armando Méndez y muchas otras más.
Bajo su liderazgo se construyeron y mejoraron los terrenos de juegos y se duplicaron las ligas. Fue un momento donde su aporte ayudó a moldear cientos de peloteros. Nunca antes tantas familias trabajadoras, con o sin recursos económicos, pudieron disfrutar tantas horas juntas.
La pelota fue el vehículo de atracción, pero lo importante fue la enseñanza. Sobre todo, la responsabilidad, la disciplina y el respeto tanto por sus compañeros de equipos como el del contrario.
En su momento Eddy fue importante en la carrera de luminarias como Alex Rodríguez, los gemelos José y Ozzie Canseco, Alex Fernández, Orestes Destrade, Rafael Palmeiro, Jon Jay, Raul Ibañez, Yonder Alonso por mencionar algunos ya que otros no llegan a mi mente en estos instantes.
El mejor ejemplo es su relación con el antiguo astro Alex Rodríguez que, aunque sus negocios lo mantienen bien ocupado siempre regresa al lugar de su formación. Todos los años su presencia en la tradicional recogida de juguetes para niños, donde es quien más aporta, es prueba de agradecimiento de lo que él recibió en su niñez.
Según palabras del propio Alex “Nadie ha tenido un mayor impacto en mi carrera que Eddie “El Gallo” Rodríguez, quien me enseñó más sobre el juego de béisbol que nadie. Fue mi primer entrenador cuando contaba con 9 años de edad y me acompañó a lo largo de mis 23 temporadas en las Grandes Ligas. Eddy ha servido con mucho orgullo al club durante 52 años y vio a 25 jugadores llegar a las Grandes Ligas. Estoy agradecido de haber sido guiado por esta leyenda viviente.” También nos recuerda que para él y muchos otros, sirvió de ejemplo y en momentos fue una figura paternal.
Por su parte El Gallo nos afirma que el apoyo financiero de Alex ha sido crucial en la apertura de un colegio en los predios del club más el mantenimiento del propio lugar.
La leyenda de El Gallo en lo que respecta a su labor en la institución localizada en la 32 avenida del southwest va más allá del béisbol. Su trabajo en los otros deportes como el Fútbol Americano y el Básquetbol elevó el reconocimiento nacional de sus programas deportivos.
Atletas de la talla de Frank Gore, uno de los mejores corredores de fútbol de la historia, Chris Corchiani y los gemelos Cameron y Cayden Boozer en básquetbol también recibieron los mismos beneficios del club bajo la tutela del Gallo.
Decir que Eddy dirigió programas de béisbol es no hacerle justicia a su labor. El Gallo creó una tradición de triunfadores basada en una cultura de trabajo, principios y amor propio. Donde el recoger una basura en el piso se hace con el mismo orgullo que dirigir un equipo de béisbol porque al final todos son parte de un éxito..
Hoy día, Eddy “El Gallo” Rodríguez es más que aquel empleado que hace más de 50 años llegó al Boys Club. Su nombre es sinónimo de lo que una persona de sumamente humildes principios puede llegar a hacer cuando su corazón y condición humana lo lleva a ayudar a otros a que puedan lograr lo que él no pudo obtener.
Su legado no son los jugadores que llegaron a Las Grandes Ligas y que un día necesitaron de su conocimiento; peloteros que todavía regresan para pedir consejos o solo para pasar un buen rato con él.
Su gran testimonio son los padres que le confían sus hijos, los niños que ayuda a soñar, y los cientos de muchachos que a pesar de que no triunfaron en el béisbol aprendieron a ser buenas personas y hacen de Miami una mejor ciudad.
Pensar que aquella persona imperfecta que todos conocen por un apodo es tan respetada en el mundo del béisbol local y que a través de organizaciones comunitarias lo consideren como uno de sus grandes embajadores.
El Gallo Rodríguez, hijo de Eduardo y Blanca, es un orgullo cubano y leyenda de nuestra ciudad.







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