Homenaje a los 250 años de la Independencia de los Estados Unidos, con la figura del navegante que ofrendó el hemisferio occidental a la Humanidad, en el 520 aniversario de su paso a la Casa del Creador.
Por Rafael Jesús de la Morena Santana
Mientras esperaba la decisión de los monarcas condicionada por el fin de la guerra contra los ocupantes islámicos, Colón realizó trabajos cartográficos para mantener a la familia que había creado con Beatriz Enríquez de Arana, con la que tuvo un hijo. También participó en hechos de armas como la toma de Málaga y el sitio de Granada, en esta última ciudad, durante una tregua aprovechó para entrevistarse con eruditos árabes que consideraron su propósito viable.
Caído el emirato Nazarí bajo el control de los caballeros ibéricos, los Reyes respaldan el fantástico plan. Isabel la Católica sueña con la conversión de millones de paganos a la Fe Cristiana. El 17 de abril de 1492 se firman las Capitulaciones de Santa Fe, que convierten a Colón en Gran Almirante, virrey y gobernador de lo que descubra para la Corona. Con este documento y dinero va a la Villa de Palos de Moguer a preparar la expedición.
Tres embarcaciones, la Pinta, la Niña, y la Santa María y 90 hombres, reclutados con la inestimable ayuda de los hermanos Pinzón, Martín y Vicente Yáñez, afamados marinos de Palos de Moguer, y el apoyo del clero local, forman la flota más trascendental de los anales náuticos. El 3 de agosto de 1492 ponía proa a cumplir con el destino.
La primera escala de las carabelas fue las Islas Canarias, para reparar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre, con el alisio a favor, Colón marcó rumbo al oeste, era el comienzo de la travesía a lo desconocido. Colón esperaba encontrar tierra al navegar 700 leguas, pero decidió llevar dos cuentas sobre las distancias, una secreta para él, y otra pública.
El 13 de septiembre descubrió la declinación magnética de la Tierra, las variaciones de la brújula alarmaron a la tripulación, pero el Almirante los tranquilizó. El 16 ven el Mar de los Sargazos. Luego sopla viento del oeste, los tripulantes se alegran al comprender que el regreso es posible. Según pasan los días se incrementan las señales de tierra: aves, peces de costa, maderos; el 5 de octubre han sobrepasado las 800 leguas en dos meses de expedición.
La noche del 6 de octubre, por la preocupación de la lejanía y no encontrar la meta perseguida, se produce un motín entre los impacientes de la Santa María. Los hermanos Pinzones los persuaden y se toma rumbo al sudoeste. Pero el ambiente de oposición sigue latente, el 9 se renuevan las reclamaciones y entonces Colón promete navegar tres días, hasta el 12 de octubre, Fiesta de Nuestra Señora del Pilar a la que tan devotos son los españoles, de no llegar al objetivo buscado, regresarían. Con la confianza en la protección de la Virgen María, pronto la esperanza renació, los indicios de una costa cercana son evidentes, en la noche del 11 al 12 de octubre, Rodrigo de Triana lanza el grito tan esperado: ¡Tierra!, y entonces se desbordó el entusiasmo.
Habían arribado a las Islas Bahamas. Desembarcaron, Colón el primero, se arrodilló emocionado, besó el suelo y entonó con sus compañeros un himno de acción de gracias, luego se levantó, desnudó la espada y con el pendón de Castilla en la otra mano, tomó posesión en nombre de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, de la isla bautizada con el nombre evocador de San Salvador. El Gran Almirante entraba en la inmortalidad.
La fecha del 12 de Octubre de 1492, podría ser para muchos una coincidencia con la celebración milenaria de la advocación de la Virgen del Pilar, para los creyentes es una manifestación de la Gracia Divina sobre el pueblo español y sus hijos, que andando el tiempo formaron un imperio cultural que sobrepasa las fronteras del Hemisferio americano, es el espíritu de la Hispanidad que nos une desde ambas orillas del Océano Atlántico, conexión por la que el Papa Pío XII llamó a Nuestra Señora del Pilar “Madre y Reina de los pueblos de habla española” y San Juan Pablo II nombró a Nuestra Señora del Pilar como Patrona de los Pueblos Hispanos, en su visita a la Basílica del Pilar en Zaragoza, la capital de Aragón en 1984.
Estos altísimos y justos reconocimientos se deben a Colón y sus denodados marinos, constituidos en los primeros europeos que rezaron agradecidos a la Virgen en una playa del Nuevo Mundo: la isla llamada Guanahaní por los nativos, luego Watling por los ingleses, quienes, en muestra de respeto al Descubridor, en 1925 hicieron oficial como nombre geográfico de la isla el de San Salvador. Desde esta primera posesión, impulsados con la Fe, que les había concedido el éxito del que habían dudado, emprendieron la exploración hacia orillas cercanas.
El recorrido los llevaría de incursión a Cuba el 27 de octubre, entrando por la rada de Bariay, al norte del Oriente, donde pronunció la conocida frase: “Esta es la Tierra más hermosa que ojos humanos han visto”. La bautizó Juana, por el hijo varón de los Reyes. Como la extensa costa cerraba el paso al sur, la exploró pensando en la posibilidad de ser una península del Asia e incluso envió mensajeros al interior para contactar el Gran Khan, que por supuesto no encontraron. En la Antilla mayor apreció las bahías de bolsa, los inmensos bosques, la fertilidad del suelo y la docilidad de los indígenas.







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