TRES SANITARIOS DE LOS ESTADOS UNIDOS EN CUBA

Written by Libre Online

2 de junio de 2026

Jorge Quintana (1954)

Cuba tendrá que vivir siempre agradecida al cuerpo de sanidad del Ejército norteamericano y de manera muy principal, al general William C. Gorgas que vino a nuestra patria desempeñando el cargo de cirujano jefe del Ejército de los Estados Unidos para asumir la jefatura sanitaria de La Habana, desde la cual sentó las bases organizativas del Departamento de Sanidad de Cuba, núcleo matriz del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social. 

Una nación que se dice civilizada ha de prestar a los problemas sanitarios toda la atención que los mismos demandan. En ese orden, los Estados Unidos han vivido trazándole normas a las muy cultas naciones de Europa. Y es bien claro que mientras Europa concentraba el esfuerzo cultural, se adueñaba del movimiento de las ideas, la nación norteamericana, muy joven para poder competir con Europa en ese sentido, pero muy práctica se adueñó de la civilización, si es que seguimos entendiendo por civilización la mayor cantidad de confort de seguridades humanas que el hombre puede conquistar en un lugar dado. En ese orden, no hay dudas de que los Estados Unidos es la cabeza de la civilización actual, y dentro de estos problemas que la civilización resuelve, los sanitarios, repetimos, ocupan un lugar preponderante.

Por eso, cuando los norteamericanos vinieron a Cuba traían normas sanitarias muy superiores a las que poseíamos a pesar de la vecindad y a pesar de que disponíamos de una clase médica apta para comprender e interpretar esos adelantos sanitarios. Bien es cierto que el país acababa de salir de una lucha violenta que hace siempre descender el nivel sanitario. Por eso, los sanitarios norteamericanos encontraron mucho terreno donde trabajar intensamente sentando nuevas bases a la sanidad cubana. Fijándoles rumbos más precisos hoy hay que lamentar que muchas de aquellas rutas trazadas por ellos han sido abandonadas y que más de medio siglo después de la presencia de los sanitarios norteamericanos en Cuba, la salubridad nacional deja mucho que desear. 

Epidemias como el paludismo que podrían haber sido liquidadas, constituyen endemias en algunas localidades. El parasitismo por descenso en ese nivel civilizado sigue siendo un azote de nuestra niñez campesina, y si bien algunas de las epidemias que en el siglo pasado y en los propios años del actual constituían un flagelo en nuestra existencia, hoy han desaparecido, como la fiebre amarilla, la viruela o la peste bubónica, no es menos cierto que la falta de alcantarillado o de acueductos en nuestras ciudades del interior y aún en barrios muy inmediatos a la capital de la República constituyen un atraso sanitario que no tiene explicación, sobre todo si tenemos en cuenta que en estos últimos años Cuba ha disfrutado de varios períodos de bonanza en que los millones han corrido como si fueran raudales inextinguibles.

Estas tres fotos de sanitarios norteamericanos que actuaron en Cuba, es un homenaje a ellos. También un estímulo a las autoridades sanitarias cubanas en el presente, muchas de ellas convertidas en agentes políticos del régimen imperante antes que en médicos leales a las normas sanitarias y menos aún al progreso que los tiempos están marcando.

El general Gorgas cuenta en su haber el logro de la comprobación de la teoría de Finlay, lo que sirvió para la erradicación de la fiebre amarilla de nuestro país y facilitó el saneamiento de las zonas donde se trabajaba en la construcción del Canal de Panamá, facilitando así, las posibilidades de su realización definitiva.

El doctor C. J. Furbush fue un auxiliar eficaz del general Gorgas, se preocupó por impulsar los trabajos antiguos antituberculosos en nuestra patria, unos de los dispensarios antituberculosos lleva precisamente su nombre como un homenaje al hombre que sentó las bases para esta actividad médica de tanta utilidad.

El doctor J. R. Kean ostentaba el grado de coronel médico en el Ejército de los Estados Unidos cuando la segunda intervención norteamericana lo mandó a llamar a La Habana, fue el consultor sanitario de aquel gobierno y fue además el autor del decreto de nacionalización de los servicios de sanidad en nuestra patria. Importantísimo paso de avance en la organización sanitaria del país y base fundamental para el establecimiento de la Secretaría de sanidad y beneficencia, creada pocos años después.

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