EL ‘THREE FRIENDS’

Written by Libre Online

26 de mayo de 2026

Por JORGE A. DE CASTROVERDE CABRERA (1952)

Fue en fecha memorable. El 19 de diciembre de 1950, y en la Fortaleza de los Tres Reyes del Morro de La Habana, en cuya explanada, a los acordes vibrantes de nuestro Himno de Bayamo, dos preclaros patriotas, supervivientes del emotivo y trascendente acto del 20 de mayo de 1902, el comandante Domingo Herrera (odontólogo) y el teniente Narciso López, como digno homenaje al centenario de nuestra bandera, elevaran de nuevo en el asta histórica, la enseña patria, a cuyo pie, en bronce imperecedero, quedó por siempre la inscripción: “En este lugar, el día 20 de mayo de 1902, el general del Ejército Libertador, doctor Emilio Núñez Rodríguez, prestigioso miembro de la clase odontológica, izó la primera bandera en Cuba republicana, homenaje a su memoria y a la de los que lo acompañaron en aquel acto, por acuerdo de la Sociedad de Estudios Odontolegales y Criminológicos, con la brillante cooperación de la Marina de Guerra nacional Diciembre 19 de 1950, Año del Centenario de la Bandera de Cuba”.

El hijo del patriota, y gloria de la Medicina cubana, doctor Ricardo Núñez Portuondo, el coronel Enrique Quiñones, presidente del Consejo Nacional de Veteranos de la Independencia, y el que estas líneas escribe, como presidente de la Sociedad de Estudios Odontolegales y Criminológicos, consideramos un alto honor el ayudar a tirar de la driza a las manos venerables que ya habían consagrado en un acto semejante, 48 años atrás.

Y fue en esa ocasión, que al contraer una deuda con nuestro pueblo, venimos hoy a rendir cuentas. Hagamos un poco de historia.

¿Por qué esa fecha del 19 de diciembre para el trascendental acto?

No fue elegida al azar. Esa fecha, en el año de 1896, marcó para los cubanos el primer cañonazo naval por Cuba libre, como dijo el coronel Morales Coello en brillante artículo, al referir la acción en que el barco expedicionario “Three Friends”, al mando del coronel Federico Pérez Carbó, trayendo un alijo de armas para el general Francisco Carrillo, bajo el cuidado del comandante Rafael Pérez Morales, disparara en gallarda acción, su única arma (un cañón del propio alijo) contra los cañoneros españoles “Contramaestre” y “Ardilla”, que en precipitada fuga se refugiaran en la bahía de Cienfuegos.

La expedición no pudo ser desembarcada, pero la carga fue trasbordada días más tarde para el “Dauntless”, quien, el 4 de enero del siguiente año, lograra colocarla a salvo, en María la Gorda, Pinar del Río, para ser entregada a las fuerzas del Titán de Bronce, general Antonio Maceo.

En nuestro discurso de entrega de la placa de bronce al pueblo de Cuba, señalamos nuestro deseo de completar ese emotivo acto. Y nada mejor para ello indicamos que “lograr traer a Cuba, para ejemplo de las generaciones presentes y futuras”, “de uno de aquellos barcos expedicionarios, mejor aún, el propio Three Friends”, de encontrarse todavía en servicio, para que nuestros hermanos, nuestros hijos y futuros descendientes, pudieran aquilatar la ingente labor de aquel puñado de patriotas que bajo las órdenes del general Núñez no temieran en lo absoluto confiarse a las olas en frágiles navecillas, remedos de aquellas “Santa María”. “La Pinta” y “La Niña”, donde el gran Colón realizara la proeza más brillante de los siglos”.

La historia del “Three Friends” nos la ofrece en páginas maravillosas Justo Carrillo en su libro Expediciones Cubanas.

De allí nos permitimos tomar estos datos.

Trae a Cuba su primera expedición al mando del general Enrique Collazo, desembarcando felizmente la misma, en la playa de Varadero, Cárdenas, el 19 de marzo de 1896.

La segunda viene al mando de Rafael Portuondo, quien realiza su cometido en la rada de Cargado, frente a Baconao, provincia de Oriente, el 30 de mayo del propio año, incorporándose los expedicionarios a las fuerzas del general José Maceo. En esta expedición desembarcó en tierra patria uno de los supervivientes del acto del Morro del 20 de mayo de 1902, el teniente Narciso López.

La tercera la comandan Francisco Leyte Vidal y Julián Segarra, y como jefe de mar, Joaquín Castillo Duany. El alijo se realiza en la ensenada de Juan Claro, provincia de Pinar del Río, el 23 de junio del mismo año, siendo recibido por fuerzas del general Antonio Maceo.

La cuarta expedición es traída por Juan Cowley, y como jefe de Mar, de nuevo, Castillo Duany, desembarcando en Boca Ciega, Bacuranao, provincia de La Habana, el 7 de julio del propio 1896, incorporándose a las fuerzas del mayor general José María Aguirre.

La quinta, bajo el mando de Juan Ríus Rivera, toma tierra en María la Gorda, Pinar del Río, en la Ensenada de Corrientes, el 8 de septiembre de 1896. ¡Quién iba a decir a Panchito Gómez Toro, que venía en ella, que tres meses más tarde caería para siempre en San Pedro, mezclando su sangre a la del general Maceo, el Titán de Bronce!

Fue la sexta el único fracaso, si fracaso puede llamarse al no desembarco en el lugar señalado de antemano. Al mando de Rafael Pérez Morales, y como jefe de mar, Federico Pérez Carbó, trata de tomar tierra cerca del río San Juan, provincia de Las Villas, para entregar el alijo al general Carrillo. Fue aquí donde, interceptados por los cañoneros “Ardilla” y “Contramaestre”, montaron sobre improvisada cureña, un cañón Hotchkiss de 12 libras, disparando contra el enemigo, que, temeroso de lo que consideraba fuerte armamento, se dio a la fuga hacia la bahía de Cienfuegos. Ya hablamos del trasbordo al “Dauntless” y su feliz arribo.

Esta hoja de servicios del “Three Friends” por Cuba libre, bien merece de nosotros el convertirla en reliquia histórica.

Su nombre se encuentra unido a los del “Dauntless”, “Laurada”, “Comodoro”, “Virginius”, “Somner N. Smith”, “Donna F. Briggs”, “Tillie”, “Ellen M. Adams”, “Florida”. “Wanderer”, “Honor”, “Fanita”, “Horsa”, “Bermuda”, “Monarca”, “Competidor”, “Lynden”, “Dellie”, “Hawkins” y “James Wooda”, esa flota maravillosa que hiciera posible el triunfo de una noble causa: la independencia de Cuba.

Nuestras gestiones al efecto tuvieron relativo éxito. Existía el “Three Friends”, pero uno de los últimos ciclones lo había hundido en la bahía de Jacksonville.

¿Por qué no tratar de extraer ese glorioso despojo? ¿Era posible? Hasta ahora nuestras gestiones han ido con cierta lentitud.

El primer paso fue el conseguir de sus propietarios la autorización pertinente, y la tasación. Aquí, una loable gestión del presidente de la Corporación Nacional del Turismo, doctor Vidaña, ante el alcalde de Jacksonville, logró que éste se interesara cerca de los armadores, que gentilmente rechazaron toda retribución, poniendo el barco a las órdenes de nuestro cónsul en dicha ciudad, señor Juan Embil.

La Sociedad de Estudios Odontolegales y Criminológicos ha hecho aquí el recuento de su tarea. Ya no somos nosotros los más indicados para continuar esa gloriosa labor patriótica.

Es el Gobierno de la República, es el Consejo Nacional de Veteranos de la Independencia, los que deben acometer la empresa de poner de nuevo a flote ese histórico barco, el cual, en fecha patria, debiera acoger en su seno una delegación de aquellos veteranos expedicionarios y desde el histórico Cayo Hueso marchar de nuevo a tierras de Cuba, “por última vez”, como el mayor y más emotivo homenaje a nuestro cincuentenario. 

El pueblo de La Habana contemplaría así un espectáculo digno de nuestras Bodas de Oro. Y ya en aguas de la bahía, después de ser visitado por todos los cubanos, sería llevado al sitio de honor, en un museo, como hoy se encuentran en el Museo Smithsonian de Washington la primera locomotora, el primer vagón cubierto, el aeroplano de los Wright, el de Lindbergh, etc., etc.

Los pueblos que honran a sus figuras patrias merecen destacado lugar en la Historia. Nuestra contribución siempre será efectiva a las manos de nuestros forjadores que, como el general Núñez, por ejemplo, tuviera la gloria de ser el primer cubano que izara nuestra enseña en Cuba republicana. ¡Y quién sabe si ese nombre simbólico de “Three Friends” (Tres Amigos) no cobijara los nombres imperecederos de Martí, Gómez y Maceo!

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