Trabajador incansable y amante de sus dos pasiones, la pintura y la fotografía, Emilio Héctor Rodríguez tiene una curiosa trayectoria, para llegar al arte.
En la niñez se sintió atraído por el dibujo y la pintura, sin embargo, sus primeras incursiones fueron en la música, estudiando guitarra clásica, más tarde Matemática Pura en la Universidad de La Habana, graduándose luego en Ciencias de la Computación y ejerciendo como especialista en software.
Mientras estudiaba asistió a talleres patrocinados por la Academia Nacional de Artes de San Alejandro, lo que le permitió trabajar bajo la dirección del pintor cubano Jesús Antonio Baldovino Díaz, en un centro de artes plásticas perteneciente al Consejo Nacional de Cultura situado en La Habana.
Tras salir de Cuba en 1981 reencamina su vida en su vocación más intensa, la plástica, perfilando su inclinación por el abstraccionismo. El tiempo, la dedicación y el tener como finalidad el arte, lo sitúa entre los pintores y fotógrafos más activos en Miami.
Además de su labor personal, Emilio Héctor Rodríguez creó 7 Plus One Art Project, una organización cultural encaminada a promover las artes plásticas.
Con el artista conversamos sobre su trayectoria.
—Cómo surge 7 Plus One Art Project. ¿Cuál es la misión de la institución?
El proyecto 7 PLUS ONE, del que soy fundador y director artístico, se crea en el año 2010 con la intención de conmemorar el centenario de la primera obra abstracta del pintor ruso Wassily Kandinsky. La primera exhibición se tituló Miami Abstractions 2010 y tuvo lugar en la Galería de los Viernes Culturales, en La Pequeña Habana. La segunda exhibición, bajo el título de Real Abstractions, se llevó a cabo en 2012, en el West Campus del MDC. Luego presentamos la que le dio nombre al proyecto, en una galería comercial. Éramos 7 pintores y un escultor, de ahí el nombre 7 Plus One. La siguiente aparición será en 2013 en la galería del Miami Hispanic Cultural Arts Center, En busca de Benimy, a modo de conmemoración de los 500 años del descubrimiento de la Florida por Juan Ponce de León. Al año siguiente se presenta en el Koubek Center bajo el nombre de Sincretismo de Formas, queriendo rescatar la palabra sincretismo de su acepción más usada actualmente, que es en el campo de la religión y aplicarla al arte, como resultado de la mezcla de las vivencias que cada participante traía de su país de origen. El año 2015 nos lleva a aceptar una invitación de Saint Thomas University presentando esta vez la exhibición Ars Longa, Vitas Brevis. Luego en el Museo de Coral Gables presentamos Pure And Beyond. Más tarde exhibimos el más ambicioso de todos los proyectos, Visiones Compartidas, que presentó el Sistema de Bibliotecas Públicas de Miami-Dade en los predios de Main Library. En el 2019 nos presentamos en Unilatina International College, en Broward. En 2015 el proyecto forma parte del Mural Por La Paz presentado en la Alianza Francesa en Dubái. En Panamá fuimos invitados por el Ministerio de Cultura en 2020. Así comenzamos nuestro reconocimiento internacional llegando a exhibir en el Museo de Cartago, en Costa Rica, en Santander y León, en España.
El principal propósito de nuestro proyecto artístico es rescatar el valor estético de la abstracción dentro del universo, cada día más extenso, que constituye el arte contemporáneo.
—Has afirmado que la pintura abstracta se ha convertido en tu interés principal. ¿Qué aporta a tu obra el abstraccionismo?
El abstraccionismo, sin duda, tiene su relación con el estudio de una ciencia tan abstracta como es la matemática superior. Hice alguna abstracción a los 18 años, pero es desde 2007 que se ha convertido en una verdadera pasión en mi hacer cotidiano. Actualmente utilizo el acrílico. Es el medio que me da más libertad a la hora de hacer una obra abstracta donde hago mucho uso de las transparencias.
—Comienzas tu carrera y formación en los difíciles años setenta en Cuba. Cómo fue esa etapa de definir tus intereses, más cuando estudias guitarra clásica, luego matemáticas y más tarde ciencias de la computación. ¿Cómo llegas a tu verdadera vocación?
Nací en la ciudad colonial de Sancti Spíritus, pero mi familia se muda a La Habana y allí cumplo los 3 años. En La Habana vivo hasta los 31 años, en Miami vivo desde los 32. De ahí que además de llamarme cubano-americano me haga llamar habanero-miamense.
A los 17 años decidí matricular en la Academia Nacional de Arte San Alejandro y después de pasar una semana de pruebas rigurosas, soy seleccionado. En el momento de matricularme, me preguntan sobre mi integración política, y como yo no pertenecía a nada soy rechazado con la respuesta de que en Cuba el arte es para los revolucionarios. Mientras estudio en el Instituto Preuniversitario de Marianao creo un círculo de interés de artes plásticas y una vez a la semana, profesores de San Alejandro, venían a impartirnos clases de arte. Al siguiente año logro ingresar a un taller dirigido por el Consejo Nacional de Cultura y estudio bajo la guía del pintor Jesús Antonio Baldovino Díaz. Al comenzar a estudiar en la Escuela de Matemáticas, en la Universidad de La Habana, dejo el taller de arte y me concentro en el estudio de las matemáticas.
Tanto la pintura como las matemáticas fueron talentos que tuve la oportunidad de cultivar desde muy pequeño. El arte me capturó a la edad de 10 años. Al mismo tiempo, mi padre, me hace descubrir las Matemáticas como una pasión. A los 12 años, pinto mi primera obra. Por otra parte, a los 13 años participo en un concurso de Matemáticas y obtengo el primer lugar en la provincia de La Habana y el cuarto lugar a nivel nacional. A partir de esos dos momentos empecé a cultivar ambas pasiones que he llevado como dos carreras paralelas. En 1971 comienzo a estudiar Matemática Pura, pero termino graduándome como licenciado en Ciencias de la Computación.
Estudié guitarra clásica por tres años, pero al ingresar a la universidad para estudiar matemáticas tuve que dejarla, debido a la intensidad y el rigor del estudio. Creo que esto fue una gran experiencia para mí como artista integral.
—Te has desempeñado también en la fotografía. ¿Encuentras alguna relación entre la imagen que pasa por el lente y la pintura?
La fotografía la cultivo desde los 16 años. La relación entre la abstracción y la fotografía es más bien, un complemento, aunque se unen cuando incluyo fotografía en mis pinturas y alrededor de ellas desarrollo la abstracción.
—Sales de Cuba en 1981, poco después del éxodo del Mariel. ¿Cómo viviste la experiencia colectiva del Mariel y si de alguna manera esos acontecimientos influyeron en tu decisión de salir de la Isla?
Mi salida de Cuba hacia París, fue un hecho no planificado. Al ser graduado universitario la dictadura castro-comunista me impedía la salida del país a través del éxodo del Mariel, El embajador de Francia en Cuba tramita directamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores mi salida hacia Francia. Aunque no salí a través del Mariel, siempre digo que soy Marielito Honoris Causa.
Mi carrera como pintor en Cuba fue opacada, por las políticas gubernamentales y no es hasta que salgo al exilio que logro desarrollarme completamente como artista.
—Participaste en los talleres que ofrecían en el Miami Dade College los pintores Baruj Salinas, un abstracto por excelencia y Yovani Bauta, poseedor de un mundo muy personal. ¿Qué te aportaron estos maestros?
Gracias a mi participación durante dos años en el taller del maestro Baruj Salinas, en el MDC, fue que pude desarrollar la técnica que actualmente utilizo. Por otra parte, en el taller de Yovani Bauta aprendí sus secretos en el uso de la espátula como herramienta pictórica.
—Con frecuencia promueves a través de 7 Plus One Art Project exhibiciones colectivas. ¿De qué manera contribuye las muestras grupales a una mejor visión de la creación artística de la comunidad?
Dentro del proyecto hemos presentado artistas de renombre, pero sobre todo excelentes artistas que no han tenido la oportunidad de hacerse reconocer con anterioridad. Esta es una de las mayores satisfacciones que aporta este proyecto.








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